martes, 1 de abril de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 4]








                         Capitulo- 4










Charlotte puede sentir como la adrenalina sube en su interior. Una tropa de casacas rojas se han lanzado a cazarla. Sus pies se desplazan lo más rápido, y lo más lejos que puede. El pequeño saco de monedas, que lleva en su mano, parece tan pesado como piedras. Lo ha robado…
Algunas personas estorban en su camino, pero no se detendrá por ningún motivo.

—¡Deja de huir!
—Muy lenta. Mejor ríndete.

Escupen las palabras que llegan a los oídos de la joven. Un breve vistazo, vienen detrás suyo, y empieza a agotarse lentamente.
Hace un alto frente a un edificio, tomando aire y revisando que los guardias están cada vez más cerca. Acto seguido, trepa por los bordes de la pared y ventanas con facilidad, subiendo al tejado. ¿Cómo lo ha hecho?
No lo recuerda, no recuerda quien ha sido su maestro. Por lo visto, su mente está recuperando su memoria ¿O solo ha perdido parte de ella? No se detiene a analizar. Tres guardias también saben subir, mas aparte, se ha encontrado con otro par que vigilaban desde arriba. Se echa a correr, evadiéndolos, y entre jadeos avanza saltando de un tejado a otro. Pero no consigue perderlos, vienen tras ella.
Si continúa así, solo logrará cansarse hasta caer al suelo, y eso será malo, la castigarán por ladrona. Tiene que buscar un escondite.

Baja del tejado por unas escaleras, y hace un esfuerzo por encaminarse a un callejón, dónde no llega la luz del sol. Sus piernas las siente pesadas y entumidas. Está agitada.
Con su espalda contra la pared, asoma su cabeza, y descubre un montón de guardias, ahora son más, que con armas alzadas, amenazan cortando distancia. Indudablemente le dispararán. Va hacía el otro extremo del callejón y con su mirada localiza una carreta estacionada en la calle. A grandes zancadas que le cuestan un tremendo esfuerzo, alcanza el carro y se introduce en la parte trasera, en la carga. Enseguida,  los casacas rojas se preparan para disparar buscando con su mirada alrededor, dejando de correr, la han perdido de vista.

—Olvídenla… se ha salido con la suya. —gruñe un guardia.
—Bah...tengo mejores cosas que hacer…

Se ordenan en grupo y otros se separan, para volver a invadir las calles.
Todavía alterada con el corazón queriendo salir de su pecho, Charlotte descansa dentro del carro. En un suspiro, con su mano al pecho, abre sus ojos y puede sentir y ver que está sentada sobre cajas y cajas de objetos varios, y aunque es algo incómodo, sabe le ha salvado la vida, siendo el mejor escondite que halló.

—Sí, esta es la última.

Una masculina y grabe voz afuera del carro, seguida de unos pasos que son más y más cercanos. Alguien se aproxima.
Un manojo de nervios la ataca ¿Qué va a hacer si la ven?. Solo puede removerse hacia atrás, con una expresión atónita. Se abraza a sus piernas dobladas ocultando su rostro, pidiendo muy dentro de ella desaparecer. Aferra sus dedos en la bolsa de dinero que sostiene.
Debajo de ella vibra, por el peso de otra caja de madera que han depositado. Las cortinas se cierran, ella levanta su rostro, ya no puede ver, más que las cajas y esas cortinas. Las ruedas del carro comienzan a rodar. Ahora debe salir, no puede seguir ahí dentro, no sabe a dónde la lleve y aún no conoce muy bien la ciudad. Pero se arriesgaría a hacerse daño, sería muy alocado saltar de un carro en movimiento. No le queda más que esperar.

La carreta deja de andar. Quienes tomaban las riendas han bajado. Es el momento, tiene que salir antes de que vengan a descargar su mercancía.

—¡Vamos sobrino! ¡Trae las cajas!
—Sí, ya voy… —desganado.

Apenas va a atravesar las cortinas y lo puede ver venir. Es un joven de facciones duras, tez clara y una capucha color marrón como el resto de su traje.
En breve, retrocede regresando a su rincón. Es muy tarde…

—¿Por qué siempre tengo que hacer todo yo? —se queja entre dientes.


Abre las cortinas enganchándolas arriba para mantenerlas abiertas y carga en sus brazos una caja, llevándola a otro lado. Cuando se va de la vista de Charlotte, aprovecha que no ha sido descubierta para irse.
Sus pies tocan el suelo y se dispone a marcharse.

—Ladrona ¿A dónde vas?


Esa voz la hace frenar sus pasos, y se gira a ver ese mismo joven que sostiene una caja.




Sí…en efecto, la ha perdido, sigue tratando de convencerse, con todas sus fuerzas.
Ratonhaketon permanece sentado en silencio, con su mirada perdida, siendo participe de un ritual como toda su aldea. Adentro de una choza, la más grande, se han reunido cada habitante, en torno a una fogata.
Le abren el paso a la madre del clan quien elevando en sus manos un tipo de esfera dorada, tan deslumbrante como el sol, se adentra parándose al centro. Al centro de observación.
Kaniehtío está disgustada, al ver como su hijo es el único que no muestra respeto y parece que está en otro mundo. Está así de decaído desde hace unos días. Y es que realmente ha estado aguantando mucho, pero ya no puede fingir más.
Kanentokon está a su lado, a un costado de su amigo, preocupándose discretamente por él.
La anciana desciende aquel objeto brillante y lo contempla, teniéndolo en sus manos.


—Nuestro mayor tesoro, desde hace algunos años, nos ha estado ayudando a escuchar a los grandes espíritus. Nos dicen que debemos protegerlo —cierra sus ojos — Si lo hacemos, nos recompensará en abundancia.




«¿Y que nos protege a nosotros de los invasores? Que no tardan en volver » Se lo guarda para sí mismo.

Sigue el discurso de la madre del clan.




¿Ladrona? ¿La ha llamado ladrona?

—Hemos visto como escapabas de los guardias y subías al carro. —clava sus ojos azules en esa bolsita llena de monedas — Descuida, no te delataremos, no si gastas esas monedas con nosotros. —fija su mirada en ella— ¿Qué dices?


Dentro de una pequeña casa, le ofrecen asiento. El joven encapuchado se recarga en una pared cómodamente con sus brazos cruzados, viéndola desde ahí, en tanto su tío…un hombre barbón y con sobre peso, abre con un gancho, una caja de alimentos.

—…es la necesidad más grande, importante y básica de la vida, es verdad. —dice el señor.

Extrae una porción de pan y se lo entrega en la mano.

—Toma, eso calmará rápido el hambre.

Charlotte deposita la bolsa completa en la mano del señor, sin importarle. Comiendo el pan con hambre y ansiedad.

—Esto es mucho por un poco de pan. ¿No necesitas nada más?
—Tal vez ropa decente. —responde en su lugar el joven, disimulando su sonrisa.
—Es verdad…

El hombre barbudo la examina detenidamente de pies a cabeza. Viste un pantalón, hecho con cuero al igual que toda su vestimenta.

—Por tu apariencia…no pareces una mujer de las colonias.
—En efecto, no lo soy—termina su bocado y baja su mirada para no verlos. Está algo avergonzada—Pero quiero vivir aquí.
—Si quieres vivir aquí, necesitas vestir como una. —sugiere el señor.
—Pero eres una ladrona ¿o no? —agrega el chico.
—No soy una ladrona.


Brota una carcajada de la boca del joven encapuchado.

—No, no lo eres. Solo robaste dinero.
—Garrett… —lo llama su tío. Dirigiéndole una mirada que le indica que guarde silencio— Nosotros le venderemos lo que necesite, sin importar si es o no una ladrona. Somos comerciantes después de todo. Tú danos dinero, y no habrá problema. —viéndola.


No sabe si llamarle “ayuda” a lo que ofrecen. Más bien es parte de su negocio, pero necesita dinero, necesita… ¿seguir robando?

Para sobrevivir oculta su identidad tras una máscara que cubre nariz y boca, su cabello lo recoge y esconde con una capucha en tono marrón, y así se forma su nueva vestimenta, con telas del mismo matiz. Cada noche que es perseguida por robar a las personas, sube por las bardas, los muros. Y con grandes saltos precisos, se traslada de un techo a otro. Descubre esa habilidad, pero desconoce su procedencia. No se quiere preocupar por eso, solo desea sobrevivir, y ha encontrado la forma. Es capaz de seguir adelante, aunque tenga que ir contra la ley. Esta es la ley de la vida, y nadie le va a ayudar, tiene que hacerlo por ella misma. Por lo tanto, lo más importante se vuelve su propia persona, no hay algo o alguien más relevante que ella.
Esa sonrisa que se dibuja en sus labios, al huir por los tejados, como si dentro de ella quisiera salir un bello recuerdo, que la hace sentir muy bien, es divertido, lo más divertido que puede hacer. Esquivar a los guardias, salir de su campo de visión. Enfrentar la vida sola…

Así transcurren semanas. El joven Garrett y el señor August, se vuelven sus únicos contactos. No obstante es imposible, para ella, verlos como “amigos” ¿Ellos la han orillado a esto? ¿Acaso la ayudan? No…solo son vendedores, quienes saben que ella es la ladrona que amenaza a Nueva york, pero no la llevarán a los guardias, además Charlotte les da monedas extra.
Ayudándose con un gancho Charlotte vestida de ladrona abre la ventana en casa de Garrett y August. Con la luna en lo alto, ya todos duermen.
Con sigilo, y cuidando cada paso se desliza hasta la habitación de Garrett. Él duerme sin camisa, dejando ver su cabello corto y negro.
Con su mano, la joven retira esa delgada tela que cubría sus labios y baja su capucha dejando a la vista su bien trenzado y recogido cabello rojo. Lo remueve un poco con la intención de despertarlo.

—Garrett…Garret.

Sin ganas abre sus ojos azules para verla.

—Ah, eres tú…déjame dormir. —se vuelve a acomodar para recuperar el sueño.
—Necesito material para elaborar un…arco y unas flechas, creo que sé cómo hacerlo. —esboza una sonrisa, viendo arriba— Eso me facilitaría el saquear algunos cofres custodiados por casacas rojas. Aunque no deseo matarlos, la flecha será inofensiva, me gustaría envenenarlos. Por eso, también necesito que me traigan algún veneno que no sea mortal. —en su voz se distingue la emoción.
—¿Podrías callarte, y esperar a mañana? —con un hilo de voz— Quiero dormir… —gruñe.


Charlotte observa el bolso de piel que cuelga de su hombro, el cual está bien cargado del botín de esta noche.

—Estoy segura que usando un arco y veneno, los cofres serán pan comido, y las ganancias crecerán tanto para mí…como para ustedes.


Los ojos de Garrett se abren de par en par.

—¿Ganancias?...¿Más ganancias?
—Así es… —sonriente.



En el nublado día. La joven de cabello carmesí, viste como cualquier mujer de las colonias. Así es por el día, ya que así puede ser ella misma, sin mascaras. Con un vestido sencillo de un matiz discreto, y su cabello bien peinado sin uno solo suelto.
Escoge algunas manzanas rojas por los mercaderes de la ciudad, con una canasta a su brazo. Voltea a sonreírle al señor August y el joven Garrett que exponen su mercancía en el mercado. Nadie sospecha que es ella la mujer encapuchada de la cual solo pueden ver sus ojos, y exhiben en carteles por toda la ciudad. En meses se ha convertido en la ladrona más buscada, y hasta ofrecen recompensa por ella ya sea viva o muerta, una enorme recompensa, que pone en dudas a sus aliados comerciantes.
Espera a que la gente se aparte del puesto de sus conocidos para acercarse.

—¿Lo ven? ¡Les dije que las flechas con veneno funcionarían! —intenta no elevar mucho la voz pero no puede contener su exaltación.
—Sí, pero… —habla el joven cruzándose de brazos y tomando asiento en un banco— Es pesado tener que fingir que no te conocemos y venir a vender… seguir trabajando sin necesidad, solo por no levantar sospechas y seguir ayudándote.
—No seas flojo Garrett. Bah que digo siempre lo has sido —August lo visualiza con desaprobación— Charlotte no escuches a Garrett, tú sigue así, por nosotros no hay problema. Deberías preocuparte en disminuir tu nivel de búsqueda. Ya sabes…arranca carteles, ve a sobornar heraldos, haz lo posible por tener menos seguidores encima.


Con su canasta cargada de fruta camina por la calle, por donde la gente va y viene, encontrando un cartel de la ladrona, vigilando que nadie la vea, lo desprende, haciéndolo bola con sus manos, y se marcha pasando por enfrente de un grupo de habitantes que ponen sus ojos en un heraldo.

—…es rápida, escurridiza, ya la han visto muchas veces por las noches, pero jamás, han sido capaces de alcanzarla! ¡Esta mujer envenena temporalmente a quien le impida lograr su objetivo! ¡Es peligrosa y viste de un café oscuro, ocultando su identidad y vaciando los bolsillos de sus víctimas! ¡Tienen que tener cuidado!

Se eleva la voz del hombre y es cada vez más alta, conforme Charlotte se aproxima, mezclándose con la multitud.

—¡A cambio de su entrega! ¡Se dará una recompensa! ¡Una recompensa tan grande como sus crímenes! ¡Si alguien es capaz de capturarla, llame enseguida a la guardia!

Termina de informar y la gente se dispersa yendo por su camino. La chica camina hacia el heraldo, al momento de verlo bajar del pódium.
Sin más le pasa a su mano con disimulo, una bolsa repleta de monedas.

—Pagar por el silencio ¿Es justo?

El hombre entre risas la acepta y la mira a los ojos.

—Buena pregunta señorita. Dejémoslo así…gracias.

Por el momento ya no hablará de ella. Pero ni deshaciéndose de todos los carteles, ni sobornando a Heraldos, y a la imprenta, es suficiente. No tiene caso…no tiene solución.
No solo es perseguida por los guardias, sino también por los cazarrecompensas. No consigue paz total, pero se divierte.


Después de dos años, Charlotte sigue igual.
Mirándose al espejo, toca con sus dedos ese collar de tres colmillos de lobo, que no sabe por qué no quiere quitárselo, como si fuera parte de ella.
Siendo casi las dos de la mañana, terminada su labor. Entra a su casa, esa misma que le dejó Myriam hace tiempo, y a quien ya echa de menos. Se dispone a ir a su cama, y antes de echarse en el colchón, vienen a su cabeza unas imágenes continuas —como fotografías—.

Es noche…y lo que parece una aldea nativa, está siendo envuelta en llamas ardientes. Una mujer, que no logra distinguir y se muestra como una silueta, una sombra oscura. Asesina a otra mujer… que descansando en el suelo es abrazada por las llamas, consumiéndola, quemándola.

Abre sus parpados, y toca su frente, viendo al techo.

«¿Qué fue eso?...¿Un incendio? ¿Un asesinato? » Dice en su mente. »¿Es un recuerdo o una visión?... ».


No es en ese mismo instante, pero…llega la noche, pasado un corto tiempo.
Ratonhaketon no le teme a la oscuridad ni a las bestias del bosque, que pudieran aparecer, por eso cada noche cuando sabe que todos duermen, él se escapa para ir a visitar la tumba del padre de Charlotte, como hacía desde aquella vez. Esa sepultura que se encuentra muy cerca de la antigua casa de su amiga. Ese lugar se ha vuelto, el más pacífico y el único en el que se siente bien, y puede relajarse.
Ahí se sienta en la tierra como suele hacerlo, para sumirse en sus pensamientos, y revivir los recuerdos que ha guardado de Charlotte… los abrazos, los besos. Son su consuelo.

Alza su mirada hacia el horizonte, desde la colina en la que reposa, puede divisar una nube de humo, y algo que brilla como el fuego, va ascendiendo al cielo, sobresaliendo de los árboles. Se abren mucho sus ojos, al coincidir esa zona, justamente en donde habita su tribu. ¿Qué está pasando?. 






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lunes, 24 de marzo de 2014

Hilo Rojo [Capitulo-5]









                        Capitulo- 5 









Es una tensión creciente la que hace respirar entrecortadamente a Vicky. Sus pulmones y garganta se contraen.
Enseguida busca dentro del bolsillo de su mandil, su “Inhalador”, y llevándolo a su boca puede entrar el aire, pero un ataque de tos incontrolable, se hace sentir. Cubriendo su boca con su mano, se avergüenza y retrocede. Consiguiendo las miradas curiosas de algunos comensales, entre ellos…Gabo.

—Oye…

El joven no puede evitar ponerse en pie para verla de cerca.

—¿Estás bien?

Vicky hace un esfuerzo por dejar de toser y tocando su pecho, logra respirar profundamente, viendo al joven ante ella.

—Sí. Me pasa a menudo. Nada de qué preocuparse. —le muestra una sonrisita.
—Bueno…

Con una amplia sonrisa, regresa a su lugar frente a la comilona de Grey. Quien no muestra ni el más menor interés.
Gabo ha roto la tensión y le ha inspirado confianza. Así que Vicky se posiciona cerca de su mesa guardando su inhalador en el mandil.

—Disculpa… tú, ¿conoces a…?

Baja su mirada. Ni siquiera sabe su nombre. Que torpe.
Siendo gentil, Gabo le presta atención, como si se tratara de una amiga. Algo normal en él.

—¿Ajá? —espera que termine de formular su pregunta.

—¡Habla ya! —pierde la paciencia Grey, exaltando sus ojos.

Después de todo también está presente.

—Disculpen… —cabizbaja— La verdad, no conozco a ese hombre, pero sé que es su amigo, y bueno…

«¿Qué estoy haciendo? Debo parecer una idiota. »

—¡Ah! ¡Ya se! —chasquea sus dedos el joven— ¿Quieres decir Pepe no? —atina.
—¿Co-Cómo lo sabes?
—Bueno, siempre las chicas me preguntan por él. Y sí, es mi amigo. Mi mejor amigo de hecho. —con orgullo.

Los parpados de Vicky se abren de más, y boquiabierta lo observa. Sin poder dejar de verlo.

—¿Quieres su número cierto? Siempre es así… a ver. —voltea a ver a su novia, quien lo ignora con su boca llena de comida— Grey, préstame tu bolígrafo.

Como respuesta solo clava su mirada en él, diciendo así “no”.

—Por favor. Anda… sé que lo llevas a todos lados junto con tu pequeña libreta en tu bolso.

Sin pronunciar una palabra le pasa su bolígrafo junto con su libreta de apuntes. Y la abre justo en una hoja en blanco. Gabo escribe el número del celular de José, y como un extra, su dirección. Al notar esto, Grey hace una pausa al comer para murmurarle de cerca.

—¿Qué crees que estás haciendo? ¿Estás loco? ¿Cómo puedes confiar tan rápido en una desconocida?
—No creo que sea una completa desconocida. —susurra sin quitar su vista del papel— El otro día… —baja más el volumen de voz, aproximando más su cara a la de Grey— Vi como Pepe no dejaba de verla. —le guiña un ojo sonriente.

No muy convencida, y negando con su cabeza, Grey vuelve, y termina su platillo. Restándole importancia al asunto.
Vicky, pudo escucharlos mas no entender lo que decían entre ellos. Recibe en su mano un papel bien doblado.

—Ahí tienes amiga. El número de celular y su dirección.

Regresa al pasillo que conduce a la cocina, deteniéndose para recargar su espalda en la pared, desdoblando poco a poco ese papel, con sus manos temblorosas, y observa detenidamente el número y dirección. Sintiendo la tentación de marcarle de una vez, pero al mismo tiempo, los nervios se desenvuelven en su interior.

—Por primera vez, veo que ha violado nuestra ética. Eso da mala reputación e imagen a nuestro restaurante… señorita Victoria.

La varonil y suave voz de Akiva.
Sufriendo un sobresalto, la joven lo mira y con ansiedad intenta guardar rápido el papel.

No está en posición de decir algo, solo de bajar su cabeza.

—Estaba relacionándose con un cliente, más allá de lo que requiere un buen servicio. ¿No es así?

Da un paso hacia ella, quedando cara a cara. Tan cercano que Victoria puede percibir su respiración.
Akiva coloca su mano derecha contra el muro y mira sus ojos, pero Vicky los cierra intranquila y tratando de controlar su respiración… ¿O sus emociones?

—Que no se vuelva a repetir. —va disminuyendo su volumen y sonríe— Me extraña viniendo de usted.
—Sí, discúlpeme. —se aparta yéndose de vuelta al trabajo.

Akiva guarda una vez más, sus ganas de besarla, por respeto.





En medio de la soledad y el silencio de la noche. José transcribe otra de sus composiciones. La oscuridad no es problema, una lámpara de luz blanca, lo acompaña en su trabajo.
De cuando en cuando, revisa su escrito, y vuelve a su guitarra acústica, probando algunas notas que le puedan servir, siguiendo la secuencia y resonancia. Tan concentrado, tan ocupado y dedicado.

El sonido del tono de su celular taladra sus oídos. Sacándolo violentamente de su entorno musical.
Pobre desafortunado, el que está llamando. José se ha dignado a contestar, pero viendo un número que no viene en su directorio, se detiene, y lo deja pasar.
Tras unos instantes el silencio y paz vuelven a él, retomando el viaje. Su composición va muy bien.

Otra vez su celular ruidoso, escandaloso. Perdiendo su concentración y también su tolerancia. Preguntándose ¿Quién es? Esta vez lleva a su oreja el móvil. Sentado y aun sosteniendo su guitarra.


—¿Quién mierda eres? ¿Y cómo es que tienes mi número? —en su voz se distingue su disgusto.
—Eh… lo siento.

Una voz de mujer, que no logra reconocer. Lo que despierta su curiosidad, sin dejar de buscar el rostro relacionado con esa voz, en su mente.

—Tampoco te conozco. Aunque… ahora sé que te llamas José.

No es una admiradora, puesto que apenas sabe su nombre, y esa voz… esa voz…
Claro… “Son galletas de la suerte. Dentro de ellas encontrarán un mensaje”. Es esa chica del restaurante, la que se ha estado encontrando varias veces, a la que defendió. No… imposible ¿Cómo va a ser ella? No se conocen, por lo tanto es ilógico que tenga su número de celular.

Al no estar seguro, prefiere sellar sus labios. Esto es como para volverse loco.
Sin atreverse a colgarle, algo dentro de él, le exige que siga escuchando.


—Solamente te hablaba para…
—No sé quién seas, y no me interesa. Tampoco sé cómo conseguiste mi teléfono. Ahora mismo estoy muy ocupado, como para perder mi tiempo contigo, ya no quiero que se te ocurra volver a hablarme ¿De acuerdo?.
—Pero…
—¿Acaso es una “bromita”? No quiero que me molestes. Te lo advierto, no sabes con quien te estás metiendo.

Cuelga.

Arroja su celular sobre su escritorio y con el entrecejo arrugado, empieza a rascar con suavidad las cuerdas de su guitarra. Sabe que así se relajará.




¿Lo mejor es dejarlo en paz? Tan solo desea agradecerle. Quizá deba  verla en persona. El tono en el que José se dirigió a ella no se compara al tono y trato que recibe de su esposo. Por eso, seguirá insistiendo, algo le dice que siga insistiendo que no se dé por vencida.

Su día libre lo toma para ir a buscar a José hasta su casa, a pesar de no estar segura si esté en casa o no. Es un riesgo que tiene que tomar.
Llega en taxi. Encontrándose con Gabo, lo puede ver  más delante de su camino, como si tuvieran el mismo destino. Quiere gritarle, correr para alcanzarlo, pero son acciones, que no puede hacer, por su padecimiento.
Lo alcanza cuando Gabo está ante la puerta de barandal mecánico de seguridad. El joven, parece estar hablando a través de una bocina expuesta, a un costado del portón de rejas que se abren deslizándose automáticamente, y Vicky toca con las puntas de sus dedos su hombro.

—¡Hey! ¡¿Qué onda?!


Saluda con júbilo, el moreno. Girándose para verla de frente.

José ya espera a su amigo en la sala, preparando dos vasos de cristal y abriendo con tranquilidad, una botella  nueva de Whisky. Unos pasos aproximándose lo hacen levantar su vista. Y la expresión en su rostro cambia rotundamente. Ahí está, su gran amigo.

—Tú… y…





También es día libre para Akiva. Estando en su casa aguardando como de costumbre, la visita de Vicky. Revisa el reloj, y una preocupación se apodera de él. No es nada normal, que Victoria no haya venido a la hora de siempre. Es inevitable para él, coger su celular para llamarle a su empleada. Sin importarle, que le había dicho que solo le marcaría en una emergencia.


José no les ha quitado la mirada de encima a Gabo y Vicky.

—¿Se conocen?
—Eh… algo así. —responde su amigo, inseguro.
—¿En serio? ¿Cómo se llama? —arruga su frente.
—Eh…

Gabriel gira su cabeza hacia su nueva amiga, como buscando una escapatoria, una “ayuda” de su parte.
El móvil de Vicky sonar. Los salva.

—¿Hola? —contesta la chica de inmediato— ¿Akiva? ¡¿Pasa algo?! ¡¿Está todo bien?!

Vibra en su oído una risa suave y profunda.

—No…no pasa nada, en lo absoluto. Solo… creí que vendrías a mi casa ¿Te encuentras bien? Pensé que, quizá te había sucedido algo…
—Estoy en perfectas condiciones.

José ignora lo que habla la chica, y se sirve un trago de Whisky. Enseguida lo siente correr por su garganta, soportando sus ganas de echarla de su casa ¿Por qué se aparece aquí? Y no es la primera vez que la ve. ¿Quién es ella?.
Gabo incomodo permanece inmóvil ahí parado a un lado de la joven.

—Lo lamento de verdad. Pensaba ir más tarde a su casa…
—No hay problema, yo comprendo. Como te decía… creía que te había pasado algo, pero veo que estás bien. Eso me deja tranquilo… pero, cuídate.
—Sí.

Con su cabeza gacha, guarda su celular, y se percata que entre Gabo y José existe una tensión, una tensión que dispara la mirada de Pepe directamente a los ojos de su amigo.
Sabe que probablemente él tuvo que ver, para que esa mujer este aquí.

—Quiero que se vaya.

Siendo preciso José.

—Pero, ella…
—No me interesa. Es una descarada ¿Y la traes a mi casa? ¿Qué sucede contigo güey?
—Vamos güey, no seas así. Es una buena chica.
—No la conozco. —posa con fuerza el vaso de vidrio vacío en un mueble cercano.

El sonido de unos delicados pasos, son cada vez más cercanos para José.

—Lo lamento. No fue mi intención, molestarte, ni causar esto.

Suena la fina y profunda voz de Vicky.
José succiona un poco sus mejillas hacía adentro, con altanería, alzando su barbilla al mirarla.

—Yo solo quería decirte…gracias. —mirándolo tímida—Gracias, por defenderme. Me gustaría saber cómo podría agradecerte ¿Qué hacer para..?
—Dejándome en paz.
—En…Entiendo. —cabizbaja.

¿Por qué le parece “insuficiente”? Quiere darle más.

—Ahora vete. —pone sus manos contra los hombros de la chica, y le da vuelta, empujándola suavemente obligándola así, a caminar.

Gabriel viendo esto, se entromete sin  poder evitarlo.

—Güey no te pases. No está haciendo nada malo. ¿Qué te hace?

Yendo tras él. Sin obtener respuesta.
Llegando a la puerta, José la abre con una mano y con la otra le da un empujón a la frágil Victoria, expulsándola de su casa.

—Pepe, te estás pasando ¿Qué no lo ves? Es una mujer.
—Una que no conozco, y es molesta.

La chica avergonzada se marcha viendo abajo.

—Güey…

Se miran fijamente un momento.

—¿Qué te pasa? Andas muy raro, tú nunca…
—Largo.
—¿Qué? ¿Yo? —se apunta a sí mismo.
—¡Sí, largo!

Lo avienta afuera de un impulso con sus manos y resuena un portazo.

Acabaron con la única pizca de humor que le quedaba.



Encontrándose con la soledad y el silencio de su habitación. José, se dispone a terminarse esa botella de Whisky.
¿Qué era lo que había sentido? Su corazón, se sacudía violentamente, tan violentamente que hasta dolía. Como si una capa de hierro que lo había estado protegiendo desde su último romance, se estuviera quebrando. ¿A causa de que, y por qué?

¿Quién es esa mujer? Que como fantasma se le ha estado apareciendo en todas partes, y sigue dando vueltas en su mente.
Su fiel amigo…el alcohol, le ayudará a olvidar, y vaciar su mente, por el momento.

No quiere caer, no puede caer, no debe caer…una vez más.



Al salir del portón de seguridad. Gabriel llega a Vicky.

—¡Oye!

Su grito la hace parar y darle la cara.

—Disculpa a mi amigo, el así es. Malhumorado, mal genio… tú sabes.
—Lo entiendo. No tienes que preocuparte. —su expresión dice otra cosa.
—Ha pasado por tantos problemas. Por tantas decepciones, traiciones, que… le es muy difícil, confiar en alguien. Por eso no tiene novia —se le resbala de la lengua.

Eso atrapa el interés de Vicky. Quedando enmudecida.

—Bueno, no te quito más tiempo —suelta una risita— ¡Oh cierto! —toca sus labios— ¡Grey! Debe estar enojada, le prometí… —voltea a verla, resaltando su sonrisa— ¡Adiós, te veo luego!

Se va dando grandes zancadas, hacia dónde había dejado estacionado su coche.

«Le es difícil…confiar en alguien. Eso debe ser tan…amargo »

Existe una conexión entre los dos. Ya que Vicky logró sentir, y comprender como si hubiera vivido todas esas traiciones, decepciones, todo ese dolor. ¿Debería ayudarlo? Pero si ni siquiera lo conoce. Algo la quiere halar hacia él, algo…la quiere obligar a hacerlo. La ata, la atrae… con más fuerza, aunque no quiera, tiene que intentarlo.

Su siguiente día libre, lo aprovecha para ir a buscar a José. Al estar componiendo, tuvo suerte porque ahí se encontraba, pero ignora el llamado del portón de seguridad. Y teme que sea quien está pensando y lo atormenta.


—…Por favor, soy yo. La chica del otro día, la que vino con tu amigo. Solo quiero…darte algo.

Continúa hablando por la bocina del portón de seguridad sin respuesta alguna.

—Por favor…

Lo esperaba…que no la dejara entrar. Por lo que, opta en infiltrarse de todos modos. Hay una fuerza que la sigue atrayendo, y es irresistible, incontenible, imparable.
Hace el intento por trepar la barda que protege el frente de la casa, al usar esa falda a sus rodillas y zapatillas, le es difícil el ser flexible. Resbalándose y cayendo al suelo, sin éxito alguno. Vuelve a intentarlo, y consigue pasar del muro, pero se da un doloroso golpe adentro del territorio de la casa. Sin importarle que se ensucie su elegante ropa, se pone en pie con esfuerzo.

« ¡Lo logré! » Festeja dentro de ella, esbozando inconscientemente una sonrisa.

Ahora trata de abrir una ventana pero es inútil, no cuenta con la suficiente fuerza o habilidad. Además será imposible usando solo sus manos.

El entrar sin permiso, ha hecho que la alarma de seguridad suene dentro de la gran casa de José, en cada rincón. Volviendo a desconcentrarlo.
Se supone que debería llamar a la policía, pero sabe de quién se trata, ha escuchado su voz, a través de la bocina.
Incorporándose con un gesto que refleja su rabia, camina a pasos pesados, hacia la escalera.
Bajando los escalones de prisa, a sus oídos llega el sonido de unos golpeteos insistentes de una de las ventanas amplias de la planta baja. Sin dudarlo va a afrontar a esa mujer, de la cual ya se está cansando.

Sale de su casa y la encara, clavando su mirada en sus ojos.


—¿Qué crees que estás haciendo aquí? ¿Quieres problemas? —exaltando sus ojos— Ah, cierto… eres también tú, la que me llamo al celular ¿verdad?.

Vicky le mira viéndose dispuesta, determinada, y se le nota en su mirada. No logrará intimidarla, ahora sabe el porqué es así.
Sin contestar, enlaza sus brazos a su cuerpo, uniendo su mejilla con la contraría, sonriendo de placer. Sintiéndolo tan cerca…tan cerca, que por esos segundos, José calla, y ambos experimentan una sensación plena, como si un lazo los estuviera rodeando y rodeando hasta ajustarse en ellos, aferrándolos, aprisionándolos, sin dejarlos moverse.
Hasta que eso se rompe, mas no la unión.

—Vine… a verte José.

—¿Pero qué…? ¿Estás loca? ¡Aléjate! —la separa con su mano y mira sus ojos directamente— Escucha…vete, o llamaré a la policía. 





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viernes, 21 de marzo de 2014

Sobre mi...pasión. (Escritora Despistada)

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Es la primera vez que hago esto, en estos casi 4 años que cumplirá mi Blog. Creo que hace falta un apartado, para todo aquel, lector o interesado en mí. Sinceramente no me gusta mucho hacer esto, este Blog lo cree para mis Novelas y Fanfics, no es para mí, pero estoy inspirada o algo así.
Empezaré contando mi historia, de cómo inició todo esto, que realmente he llegado a amar, a tal grado que se ha transformado en mi pasión.

Tenía tan solo 14 años, cuando sin saber lo que hacía o porque lo hacía, y también sin preguntármelo… escribía, en cuadernos, libretas, como lo quieran llamar.
Cuentos, o eso creo que parecía. En ese entonces yo no sabía si de verdad era un cuento o no, yo solo, tenía las ganas de escribir, de contar. A pesar de mi edad era alguien muy infantil jaja, por eso no lo tome en serio. Y mis padres no son para nada lectores, asi que no me enseñaron ni me acostumbraron a leer libros. Extrañamente yo quería escribir, a pesar de no haber crecido conociendo lo que es la lectura. Iba a la escuela y en mi ignorancia creía que los únicos libros que existían eran los del colegio.
No me interesaba que alguien leyera lo que escribía, y escondía mis escritos debajo de mi cama, eran INTOCABLES, como cuando una niña oculta y cuida su diario. Era tan ingenua, que creía que era lo mismo, y que todos los adolescentes lo hacían, que era algo normal (Y escribir cuentos lo es, solo que no todos lo hacen) Escribía todo el tiempo, sin parar, cada que podía, porque sentía que me daba vida, y que era algo que debía hacer. En la escuela era muy callada, muy sería, pero tenía una mente muy activa, una imaginación incontrolable, no tenía muchas amigas, ni tampoco les daba importancia. Podían estar haciendo escándalo y mucho ruido a mí alrededor entre clases, y yo viajaba en mi mente a otro mundo, sin darme cuenta lo hacía. Por lo mismo era muy distraída, pero esa es otra historia….

Así pasaron los años, y los cuadernos se fueron acumulando, unos ya eran viejos y aun así, me rehusaba a desecharlos, no quería tirarlos a la basura (De hecho todavía los conservo, hasta hoy en día). Llegué a los 19, y comencé a preguntarme ¿Por qué sigo haciendo esto? La adolescencia ya pasó. Investigue… ¡Pero que estúpida fui! No es algo que hagan todos los adolescentes, normalmente piensan en novios y novias, en diversión, o pasan por una crisis existencial. ¿Pero yo? Yo solo quería escribir… Y lo seguía haciendo, seguía sintiendo lo mismo.

Ahí fue cuando lo tome “en serio” y con esto quiero decir que, ahora sí, me puse a escribir “decentemente” corrigiendo mis errores y fallos, informándome, escuchando, leyendo consejos, leyendo y leyendo. Ahora si sabía que existían libros (Novelas) Lo que me interesó más. Y así he ido creciendo poco a poco hasta ahora.

¿Metas? ¿Aspiraciones? ¿Qué si me gustaría publicar algún día mis Novelas en libros? La verdad no me interesa…
Los concursos, evaluaciones y todo eso carecen de relevancia para mí, nunca me han gustado, a mí me gusta hacer lo que yo quiera, y no competir. Esto no es una competencia…
Además, siento que a nadie le gustará lo que escribo, no tengo muchos lectores y claro ya saben, tampoco me importa. Yo lo hago porque es una necesidad, si no lo hago ¿Entonces a que rayos vine a la vida? ¿Qué será de mi vida? Ya no sería vida, asi de sencillo. Por eso no me interesa si mis Novelas llegan a publicarse, si a alguna editorial pone sus ojos en ellas, o me dan oportunidad. ¿Oportunidad para qué? Hay mil cosas más que hacer para ganar dinero. No necesito más que ESCRIBIR para seguir alimentando esta gran pasión. Amo esto…
Y sé, que todavía me falta BASTANTE para hacerlo bien, sé que no soy buena, de hecho creo que soy mala, si mis novelas son malas ¿Y qué? Escribo principalmente para mí.
Publicarlas en un Blog, créanme que para mí ya es demasiado jajaja. Si de adolescente no me importaba que alguien me leyera. Ahora menos. Pero claro, están al alcance de cualquiera aquí en internet.

Ahora es 2014, tengo 24 años, en este septiembre tendré 25. ¿A dónde quiero llegar? A seguir mejorando, y hacerlo bien, y ya… seguir escribiendo. Disfruto todo lo que hago para cada entrega, cada capítulo. Escribir el borrador en la libreta, pasarlo a la LapTop, para corregir, y corregir, releer y releer. Es un proceso hermoso, que me agrada y amo tanto, que por eso me cuesta, de verdad me cuesta verlo y llamarlo TRABAJO. No… para mí no es trabajo, para mi es una pasión, un amor, es vida….


Y como todo… no espero que compartas la misma opinión o visión que yo tengo sobre esto. Hay Escritores que buscan el reconocimiento, la aceptación, la fama el dinero, y está bien, cada ser es diferente, pero… lo siento, no es mi caso. GRACIAS por leer.