viernes, 20 de mayo de 2016

Hilo Rojo [Capitulo 11]















                        Capitulo-11 











Sentía un dolor en la cabeza y su cuerpo algo adolorido, cuando al fin abrió sus ojos viéndose frente aquel embalse de agua llamado popularmente como “Presa de la Boca”
No sabía cómo había llegado ahí, y estaba dentro de su auto. Daniel se tocó la frente y trato de recordar…, claro había ido por Victoria al restaurante, y llegó la entrometida rubia y le dio un mal trato. Esto no se iba a quedar así. Seguramente fue ella también quien lo dejó aquí.
Al fijarse bien, nota que casi no hay gente cerca, por la hora y el día, menos mal no es un Domingo. Y colorado del coraje, se mueve al volante y mete llave para arrancar y salir de la Presa, directo al restaurante. Quería que Victoria dejara de trabajar para que así esté siempre en casa cuando llegue, y alejarla de ese oriental que no le da confianza, por supuesto también regresará para exigir informes de la rubia, probablemente la demande por el trato que le dio. Pero gracias al tráfico, y la hora tan tarde que era, no llega a tiempo y el restaurante se encuentra cerrado. Pasadas las nueve de la noche, resopla y lo deja pendiente, toma su celular y le intenta llamar a su esposa, pero parece que la línea está ocupada.
«¿Con quién estará hablando? » Se cuestionó.
El tan solo quería tener consigo a su esposa, y mantenerla al margen, así como el cree debe ser.



Era estéril.
Finalmente una persona cercana a Vicky, aparte de su esposo lo sabe. Para Akiba, ese no era un grave problema, al menos no lo podía ver así, pero si se ponía en su lugar, siendo mujer, y una tan delicada y sensible como Victoria, entonces si era muy pero muy problemático, y sobre todo triste. No poder concebir hijos era algo que seguro ha marcado a Victoria como mujer, y le debe doler mucho. Le resulta muy fácil comprenderla. Se tomó un momento para pensar muy bien las siguientes palabras que debía decirle, por supuesto no quería lastimarla, sí que era un tema delicado, y se imagina lo que ha sufrido por saberlo.
Al otro lado del teléfono Victoria contiene las lágrimas, y aguanta un nudo en la garganta apretando sus labios cerrados, espera que Akiba tal y como su esposo, reaccione de mala manera, y la menosprecie como mujer, ya que ha sido la única imagen varonil que ha tenido de ejemplo. Y aunque sabe que Akiba es diferente, muy diferente, no deja de ser un hombre y probablemente no la entienda en lo absoluto. Fueron segundos de silencio, pero sin dudas los segundos más largos de la vida de Victoria, empezó a temblar su delgado, frágil, pero femenino cuerpo. Y su corazón daba golpes a su pecho, golpes que le dolían por dentro. Se estaba imaginando la respuesta.


—…Victoria —suavizó su tono de voz— Me gustaría verte a los ojos, para que veas que lo que diré, viene de mi corazón. Pero, mira…
—Ya lo sé…
—Espera —hace una breve pausa— No tienes que temer quedarte sola, no lo estarás. El tener hijos, eso no es tan importante como parece, al menos para mí sería más importante mi mujer y con ella me bastaría. El que seas estéril, no le da derecho ni razón alguna a nadie, para tratarte mal. Tú no mereces esa vida ¿entiendes? Tú mereces ser feliz. Déjame decirte que, eres la mujer más maravillosa que he conocido, una mujer dulce, delicada, de esas que en estos tiempos están desapareciendo. Me atrae mucho una mujer así.
—¿Te atraigo Akiba?
—Sí. Y al menos, a mí no me importaría tu condición, al contrario siento que así tendríamos más tiempo para nosotros, y te disfrutaría más. No vales ni más, ni menos que una mujer que si puede tener hijos. Lo que eres es lo que importa, y no te falta nada ¿de acuerdo?
—Akiba… —le brota una pequeña lágrima de su ojo, que no puede ver Akiba— Gracias.
—No me agradezcas. Y ya no te lamentes, amate tal y como estás hecha, eres perfecta.
—Aun así no puedo dejar a mi marido, me casé con él, y el no querrá darme divorcio. Pero, no quiero volver a casa.
—No importa. Ven a vivir conmigo, te abro las puertas de mi casa. No malpienses, si quieres, solo velo como un amigo que quiere ayudarte.
—Pero, él me irá a buscar al restaurante, esto te traerá problemas.
—Yo me encargo, tú no te preocupes.


¿Es en serio? Tanta bondad. Tanto amor.
Victoria se percata de que Akiba siempre ha sido un buen hombre, y siempre quiere ayudarla, apoyarla. Su esposo no es ni la mitad de lo que es Akiba, por eso empieza a sentir algo en su corazón hacía él. Termina aceptando su ayuda, después de todo, puede confiar en él, puede creer en él.


Esa pizca de sonrisa que no se borraba de la cara de Arturo, por primera vez estaba poniendo nervioso a Pepe. Sensación tan nueva como extraña para él, que optó por perder su mirada hacia otro lado y guardarse todo otra vez. ¿Para que le dice? No entendería, porque ni siquiera él lo entiende, aparte no aguantaría las burlas que Arturo le haría después, por lo tanto pensó que decir.
En la cara de Arturo se veía que él, ya lo daba por hecho, el que estuviera por segunda vez enamorado, aunque sería raro que él se enamorara tan rápido ya no es un jovencito, por eso espera le confirme.

—No güey, nada que ver. Sí es por mis canciones. Antes me llevaba componer una canción un día, ahora desde que empecé se me complica, y eso me estresa. No sé qué me pasa.
—Pues, debe estar pasando algo definitivamente ¿no? —enarca su ceja al verlo.
—No lo sé. Quizá es porque tengo encima a Gabo, hace tiempo no me ve y anda emocionado buscándome y buscándome…me asfixia.
—Pues ya sabes güey —le pone la mano sobre su hombro— Cuando quieras, tengo unas amigas que…
—Sí, buena idea Arturo, tienes razón, necesito despejarme. —le sonríe.

Sin embargo algo muy adentro de José Madero no estaba conforme, no estaba tranquilo, ahora que Arturo se acercó de ese modo, mostrando interés por lo que le pasaba, sentía que necesitaba desahogarse, sacarlo todo, soltar la lengua pero con otra persona. Pensó en Gabriel, pero seguro no lo entendería, hace tiempo que no se comunicaban tan personalmente así que no sabe, que ya no es el Pepe de antes, aunque el crea que sí.

Dejó pasar un par de días, se ha hecho “amigo” de las chicas que le presentó Arturo, tanto que se han conocido hasta en la intimidad, pero ni eso lo dejó tranquilo, Vicky se aparece en su mente y en la cara de cada una de ellas, es como estar viéndola en ellas, y en cada mujer que se le cruza, como si se estuviera volviendo loco. Apenas puede terminar una canción más, pero esas ganas de confesarle cómo se siente a alguien no se van por más que lo desee. Por eso, estando en un antro sentado en alguna zona vip en donde no hay mucho ruido y tomando algo de whisky, espera solo la llegada de Ricardo, le había citado ahí, porque quería hablar precisamente con él. Llegando con unos minutos de retraso aparece Ricardo y toma asiento a su lado en ese sofá largo con un centro de mesa, detrás de ellos estaba una pared corta de vidrio que se extendía a lo largo de la planta alta. Abajo se veía el ambiente del antro y mucha gente. Ricardo lo saludó como de costumbre y José se preparó sacando un cigarrillo y poniéndolo en su boca; lo encendió.
Empezaron hablando de nimiedades, hasta que José quiso dar con el clavo, la razón del porque quería hablar con él, le contó sobre Victoria, todo, cada detalle, desde que comenzó todo; El casi accidente, como se la encontraba a dónde sea que fuera, como empezó a sentir algo por ella sin siquiera saber la razón. Y también la última estupidez que hizo de subirla  a la fuerza a su camioneta y llevarla a su casa, para robarle un beso y luego dejarla ir, con la suerte de que no le ha demandado ni nada. Pero tampoco se ha aparecido ya en su vida, y curiosamente eso lo extraña, muy adentro quiere verla de nuevo, que se le atraviese otra vez, pero ya no es así y no entiende que es lo que pasa con él. Pepe no dejaba de tocar el reloj dorado que tenía en su muñeca, ese mismo reloj que le había regalado Victoria como agradecimiento, y tampoco se da cuenta de lo que hace. Ricardo lo escuchó atentamente, tomo un gran sorbo del whisky y respiro. Jamás había visto a José así, tan expresivo, tan abierto, tan enamorado más aparte todo era tan raro, como se había desarrollado todo. Era una chica que ni siquiera conocía ¿Cómo era eso posible?
Cuando terminó, llenó su vaso con más whisky y lo tomo de golpe, viendo a Ricardo, esperando lo que sea que le fuera a decir, apretó sus labios, por primera vez se sentía expuesto, vulnerable a que se burlaran en serio en su cara, pero por algo había escogido a Ricardo; sabía que él no lo haría.

—Pues…, —buscó las palabras y miró la mesa.

Los ojos de pepe eran diferentes, y eso más que extrañarle le daba cierta inquietud.

—Güey, sinceramente te estás comportando de un modo muy infantil. —se le escapó y lo miró preocupado, esperando un directo rechazo, un insulto, lo que fuera.

No pasó nada. Solo lo seguía mirando esperando que continuara. Más serio que nunca.

—Es como si tu corazón sabe, pero tu mente no. Estás confundido, debes acercarte, tratar de conocerla ¿por qué evitarla? Solo es una chica, no pasa nada. Por favor…, mírate ¿tú? ¿escondiéndote? ¿escapando? No lo creo. Cázala güey, pregúntale bien quien es, habla bien con ella, deja claras las cosas en tu mente.
—Está casada.
—¿Y eso que tiene que ver?
—Ella me odia. —baja su mirada— me odia y eso que no me conoce bien.
—¿Cómo sabes que te odia?
—Lo sé porque no la he golpeado pero, seguro cree que soy como su esposo. Te dije vi como la maltrataba, y a como he sido yo con ella, de forzarla a subir a mi camioneta. Ella…, ella me admiraba, incluso hasta estaba agradecida por aquella vez que la defendí, y yo quise verla como cualquier otra chica, pero no es así. Ha de pensar que soy un desgraciado como su esposo…
—Pues entonces demuéstrale que tú no eres así y ya.
—No es tan fácil —suspira y suelta el humo del cigarro— Ella es diferente a todas.
—Acércate a ella güey.

José no dijo más, tan solo lo miró y decidió cambiar de tema, hasta que se despidieron.
Estaba en la habitación de su casa, entre los papeles con composiciones fallidas ¿Por qué no le gustaba nada de lo que escribía? Como si alguna vez eso le haya importado. Todo siempre tan solo salía, y como salía estaba bien. Ahora ya no es así. Pensó por un momento el consejo que le dio Ricardo, consejo que por supuesto no tomaría, no era lo suyo. Mejor se bloqueó, mejor siguió bloqueando todo, si es que podía. Porque hacer eso que le dijo, sería ser alguien que no es él ¿pero quién está siendo él ahora?


En estos días el esposo de Victoria intentó demandar al restaurante varias veces, pero Akiba lo había protegido, tenía más seguridad, y lo había tachado como un cliente problemático, indeseable, hasta tenía testigos. Daniel tampoco dio con el paradero de la rubia. Se estaba volviendo loco, porque tampoco sabía dónde estaba Victoria, y no le permitían pararse en Itadakimasu.
Por otra parte han sido días de profunda paz para Vicky, ha estado mucho más tranquila lejos de su esposo. Tal parece que ya no le preocupa más. Está viviendo en casa de Akiba, y se siente muy bien, muy a gusto, como jamás pensó sentirse. Aunque para mucha gente pudiera ser raro que vivan juntos cuando se supone no son novios, quizá si amigos, pero su relación siempre ha sido de Jefe y empleada. Ahora no figura ser así.
Se acerca el fin de semana y Akiba pide a Victoria que lo acompañe a hacer unas compras al súper, le explica que no le gusta enviar a su criada por las compras porque él es muy especial al elegir sus alimentos, y productos para su consumo personal. Victoria gustosa lo acompañó.
Y ahí estaban en la tienda, Akiba empujaba el carrito y Victoria iba a su lado ni tan apartada ni tan cerca, tan solo lo suficiente como para que parecieran una pareja de recién casados. La gente los miraba y Victoria jamás se sintió más tranquila. Las compras con su esposo eran tormentosas, la apuraba, la presionaba, y le daba muchas órdenes. Junto a Akiba todo era paz, él la dejaba ayudarle a elegir los productos y ella sonriente los metía al carrito y seguía a su paso. No sabía por qué no podía dejar de ver su perfil, y esos rasgados ojos, que debes en cuando la miraban con una pizca de sonrisa que le ponía su piel erizada.

—¡Ah! ¡Y galletas también! —Victoria se apresuró a escoger unas galletas de chocolate y las echó dentro del carrito casi lleno. Volteó a verlo con una sonrisa amplia— ¿Qué más?
—No lo sé Victoria, la mayor parte de productos que llevamos son chucherías y helado. Eres como una niña

Con un gesto amable, le toca con su índice la punta de su nariz y Victoria se sonroja.
«Al fin la veo feliz como antes, cuando la conocí… es como si finalmente su esposo haya desaparecido de su vida, ya lo ha olvidado. Pero sé que él no la ha olvidado a ella, y sigue algo pendiente… »
—Yo quiero ayudarte a hacer los rollos de sushi esta noche —comenta Vicky con una sonrisita y un leve rubor en sus mejillas.
—Claro que sí, será un honor…

Suena el celular de Akiba.
No reconoce el número, duda un momento y luego contesta.

—Hola ¿Quién habla?
—Akiba, soy tu madre.

Sus ojos se exaltaron al reconocer esa voz, además le estaba hablando en japonés, sí, sin duda era su madre ¿Quién le habrá dado su número de celular? Eso no importaba ahora, más importante ¿por qué está aquí?

—Madre ¿cómo está usted? Ha sido un largo tiempo… —hablo en japonés.

Victoria se quedó ahí sin decir nada, más aparte no entendía el lenguaje.

—¿Haz olvidado tus responsabilidades con la familia?
—No sé a qué se refiere.
—No te hagas el tonto. Sabes a que me refiero
—Bueno, este… —cerró sus ojos pidiendo por dentro que no fuera lo que está pensando que es.
—¿Por eso viniste a México? ¿Para escapar de tus deberes? Sé que tu padre esta de tu lado, pero yo no y lo sabes. Ya no puedo permitir que las cosas sigan así. Ahora mismo estoy en la capital de este país, en dos semanas iré a Monterrey —le costó pronunciar el nombre—
—Pero, pero…
—¡Pero nada! ¡Estas deshonrando a tu familia y lo sabes!
—Madre… —miró un momento a Victoria luego desvió su mirada. Suspiró aliviado, sabe que Victoria no entiende nada— Madre yo no la quiero a ella.
—¡No me importa! ¡Te veré en dos semanas! ¡Adiós! —colgó.


Bajó el celular de su oreja y respiró profundamente viendo el suelo sin decir nada, sin mirar a Victoria.

—¿Pasa algo? —preguntó Victoria con su frente arrugada.
—No, todo está bien. —volvió a hablar español.
—¿Era tu padre?
—No, ojalá hubiera sido él.
—Akiba… —se acercó y sus miradas se encontraron.
—No pasa nada, era… un socio que no entiende —ríe y empuja el carrito.




Victoria se ha seguido comunicando con Gabo y Grey, pero más que nada con Grey, ya que a Gabriel no le tiene aún tanta confianza, sabe que conoce a ese hombre tan problemático. Y aunque Grey también estaba con ellos, sabe que solo es novia de Gabriel, no amiga de José, de hecho hasta Grey misma le ha confesado que no le cae bien el amigo de su novio, que incluso han llegado a tener grandes diferencias, y discusiones. Ahora que está viviendo separada de su esposo, se siente libre, feliz, y por fin siente que puede relacionarse más con la gente, hasta puede tener una amiga con la que se lleva muy bien. Hacen competencias de “haber quien come más” “quién corre más lejos” o “quién golpea más fuerte” incluso las llamadas “vencidas” en estas últimas siempre gana Grey, bueno, de hecho en todo siempre gana Grey, pero lo importante era divertirse. Se pasaban horas hablando por teléfono, aunque la que más hablaba era Victoria, Grey era excelente escuchando.
Esto formaba parte del plan de Gabriel para juntar a Victoria con su amigo, al cual se le nota está enamorado de ella, es su amigo, él lo sabe. Y aunque se trataba de un simple plan, para Grey no lo era así, en serio la consideraba una amiga.

Un día soleado, con el cielo totalmente despejado, un calor que elevaba la temperatura hasta cuarenta grados. En la escuela de Tae Kwon Do de Grey, Vicky es derrumbada al suelo y es vencida por un niño practicante, alumno de su amiga. El niño medía la mitad de su cuerpo, tampoco es que Victoria fuera alta.  Grey al ver esto aguanta una risa y se acerca para darle la mano. Ambas llevaban puesto el traje blanco de la disciplina; Grey cinta negra, Vicky cinta blanca.  También habían recogido su cabello en una coleta para que no les estorbara.


—Está bien, está bien. Estás empezando… —dijo Grey al ayudarle a levantarse del suelo.
—Sí pero a diferencia de su edad. Esto es vergonzoso —se rasca con el dedo índice la punta de su nariz viendo hacía donde estaba el grupo de niños principiantes.
—Ey, nadie nace sabiendo. —palmea su espalda.
—Tienes razón —sonríe.
—¡Vaya! —cruza sus brazos— Estas semanas, has estado más sonriente ¿lo ves? Debías alejarte de aquel imbécil. —frunce el ceño.
—Sí pero, de todos modos lo tendré que volver a ver, si quiero pedirle el divorcio. He estado pensando…, hablar seriamente con él. No en casa, en algún café.
—Buena idea… —abre mucho sus ojos— ¡Pero por si las dudas! ¡Yo te acompaño! O sea, estaré cerca, ya que no permitiré te vuelva a poner un dedo encima. —hace una posición de combate.
—Sería perfecto, gracias Grey. —extiende más su sonrisa mostrando sus dientes.
—Bueno hora de comer…

Se encaminan a la oficina de Grey ahí cerca de su escritorio tiene un microondas, en el que introduce dos botes de ramen instantáneo Ottogi. Se sienta a un lado de Victoria.

—Aún no me acostumbro a tus comidas —ríe entre dientes Victoria.
—Y lo que te falta ¿vienes conmigo a la convención de comics de este fin de semana?
—¿Es ese evento del que me hablabas el otro día?
—Sí, claro. Quizá vaya disfrazada…
—Pues, claro… ¿Por qué no? Será divertido. —sonríe una pizca.

Entra una llamada al celular de Grey. Contesta.

—Qué onda. —se pone en pie.
—Grey mi amor ¿sigue Victoria contigo?
—Sí.
—¡Genial! Necesito que la invites al restaurante bar El Patrón, al que invite a Pepe, para que se encuentren ya sabes. Ya te tiene confianza, entonces ya podemos dar el siguiente paso.

Suena el pitido que hace el Microondas al avisar que ha terminado. Victoria saca con cuidado los dos botes con ramen y los pone sobre el escritorio viendo la expresión del rostro de Grey. Su entrecejo arrugado, y sus ojos muy abiertos.

—Está listo Grey… —dice Vicky— ¿Pasa algo?




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miércoles, 13 de abril de 2016

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 28]




















                          Capitulo- 28














Natalia no podía ver su cara, pero sabía que estaba algo inflamada y seguramente tenía un ojo morado. Ya había dejado de sangrar por la nariz y boca y Charlotte seguía siendo la mejor compañía que ha tenido desde que llegó a la prisión, no puede evitar seguir hablando con ella.

—Charlotte ¿sigues ahí? ¿no te has dormido?
—Aquí estoy —respondió.
—Veo que eres fuerte, yo ya no aguanto la cara. —se echa a reír a duras penas ya que le dolía gesticular.

Charlotte solo sonríe una pizca.

—Tuve que hacerme fuerte. Natalia, me gustaría saber más sobre ti.
—¿Más sobre mí?
—Sí.
—Bueno, mi vida ha sido patética ¿Qué te puedo decir?
—Lo que quieras.

Natalia suspiró, y cerró sus ojos un momento. Le costó unos minutos empezar a hablar.

—Antes, vivía en Florencia Italia, pero mi padrastro —siente un nudo en la garganta— era un idiota abusaba de mi constantemente no tenía una vida digna, así que un día me subí a un barco de polizón. Tenía que escapar de ahí. Ese barco me trajo a América y estando aquí tuve que ganarme la vida por mí misma, sabía que sería difícil y muy duro pero prefería eso a vivir con mi padrastro.

Charlotte escuchaba atentamente tocando con su mano su abdomen.

—Me uní a un grupo de ladrones en Boston que conocí de casualidad. Ellos me encontraron, ellos me enseñaron a pelear, a robar, todo lo que necesitaba, incluso a engañar. Pero por supuesto no me dieron todo esto gratis, aparte de tener que trabajar con y para ellos, dándoles una parte de mis botines, debía darles libertad de que pudieran hacer conmigo lo que sus sucias manos quisieran y sabes a lo que me refiero. —sus ojos se llenan de agua por las lágrimas que no saldrán.
—No… ¿a qué?
—¡No puede ser! ¿En serio no sabes?
—No. Lo siento.
—Mi cuerpo Charlotte mi cuerpo ¿cómo eres tan inocente?

Charlotte no dijo nada.

—Bueno…, entonces yo no soporté mucho siendo usada así —su voz tembló— si bien me ayudaron a sobrevivir y valerme por mi cuenta en estas nuevas tierras también sufría. No podía ser feliz no importaba lo que hiciera o dónde estuviera. Una noche, los maté mientras dormían uno a uno. Solo así me independicé y pude valerme sola, luego me di cuenta que no los necesitaba. Al menos estuvo bien por un tiempo.
—¿Por qué?
—Descubrí que ellos también me protegían de la guardia, yo no tuve cuidado en eso y… es por eso que terminé aquí. Pero no me arrepiento de nada, si este es el final que merezco tras abandonar mi casa sin aviso y asesinar a unos hombres, está bien.
—Natalia tu no mereces esto, todo lo hiciste por tu bien y es válido.
—Gracias por entenderme, amiga.


Había caído la noche en Nueva York. El joven nativo dentro de la fosa sin darse cuenta se quedó dormido sentado en el suelo. Y tampoco se percató que el vigilante de la Fosa se ha recargado en la puerta para descansar cruzando sus brazos y sus pies.
El agotamiento era enorme, tanto que hasta era pesado, había llegado a su límite cuando luchó contra esos hombres encima ni siquiera estaba en condiciones físicas, su cuerpo seguía en recuperación.
Algo lo hizo abrir sus ojos lentamente, el recuerdo de la chica de hermoso cabello rojo. Quiso levantarse para fijarse por la ventanilla de la puerta pero no era capaz de mover ni un músculo. Apretó sus dientes, arrugó el entrecejo, intentó no hacer ruido, estaba haciendo un gran esfuerzo para levantarse. Puede que, siendo así sea mejor, tal vez al estar cansado se le facilite mejor el sigilo y delicadeza ¿Será una ventaja? También le puede complicar las cosas. Habría que averiguarlo.
Logró ponerse en pie, pero sin dejar de apoyarse en la pared. Respiró profundamente y miró hacia la ventanilla; ahí estaba la cabeza del guardia, y esa ventanilla abierta. Arrastró sus pies hasta la puerta y con una mueca de dolor miró el cuello del hombre, parecía llevar algo colgando, eso debería ser la llave, tenía que poner manos a la obra de una vez. Estiró su mano, pasándola a través de la apertura y hasta ahora iba bien, alcanzó con sus dedos el cordón de dónde colgaban las llaves, y sin hacer ruido inhalo lo más hondo que pudo para concentrarse. Silencio.
Un desliz lento hacía arriba, debía descolgarle la llave para poder usarla. Sonó un gruñido, el guardia ha despertado. Connor abre mucho sus ojos, no lo esperaba. Aparte ¿Cómo es que ha fallado? ¿Ahora qué hará?  Y Charlotte, Charlotte cada vez se iba más lejos, la estaba perdiendo.

—¡Eh por aquí! —escuchó el grito de ¿Ezio?


El guardia quiso moverse para apartarse de la puerta e ir a cazar a Ezio que estaba asomándose por una pared pero el hombre en la fosa no soltaba el cordón de las llaves lo estaba ahorcando con fuerza. El Cordón no era delgado ni muy grueso, tan solo lo suficiente para poder hacerle daño sin que se rompiera. Connor aprovechó la distracción que causó Ezio y apretó con fuerza. El hombre se estaba ahogando ni siquiera podía gritar. El joven caza recompensas observaba de lejos a cierta distancia, sin hacer ruido, mientras con sus ojos se cercioraba de que no viniera ningún guardia. Los ojos del guardia que asfixiaba Connor se tornaron de blanco, se cerraron lentamente y su cuerpo se desvaneció, el último aliento se fue. Ezio apresuró sus pasos para acercarse a ayudar. Dejaron caer al guardia, tomaron las llaves, y Connor tuvo que ingeniársela en abrir la puerta por fuera, su viejo amigo le ayudó.
Abrió la pesada puerta de metal y lo miró con una amplia sonrisa.

—¡Adelante, es libre Señor Kenway!
—¿Qué haces aquí?

El mestizo, encorvado por la pesadez del dolor y cansancio de su cuerpo lo observa ceñudo como siempre.

—Me aburrí, además tuve que tomar unos riesgos quería probar si podíamos lograrlo juntos.
—Yo iba a hacerlo.
—Lo dudo.
—¿Por qué no lo hiciste antes con los otros prisioneros?
—Porque siento que, te debo una disculpa. —lo mira fijamente.

Connor no dice nada solo lo observa y respira profundamente.

—Tú eras mi amigo ¿recuerdas? ¿Podemos volver a serlo?  —le tiende su mano.
—No.

Con las llaves en su mano pasa por un lado de él, y sale de la fosa caminando algo encorvado y con su brazo sobre su abdomen.

—¡Pero mírate! —lo sigue— Necesitas de mi ayuda quieras o no, y si actuamos rápido es mejor.

Se escuchan muchas botas acercarse rápidamente por un corredor.

—Oh no, ahí vienen. —dice Ezio alarmado.
—¿Quiénes?
—Los guardias que me estaban siguiendo, escape de mi celda y no fue fácil.
—Tengo que ir por mis armas —se adelanta.


Después de escuchar la historia de vida de su ya amiga Natalia; Charlotte se relajó un momento y cerro sus ojos. Pensaba en Ratonhaketon, revivía los recuerdos que guardaba en su corazón. Ahora no había mayor deseo que estar con él, sin importar nada. Y se preguntaba si Connor podría sentir lo mismo. Se preguntaba dónde podría estar justo ahora. Solo esperaba que estuviera vivo, de hecho, solo de eso puede estar segura. Él era un hombre que no podía imaginar muerto.
Respiraba profundamente, la voz de Natalia ya no se escuchó desde hace rato. Se le vinieron imágenes a la mente ¿Otra visión?
Eran tres hermanos Asesinos, uno de ellos cargaba una caja, ahí dentro estaba el fruto del Eden radiante, lo ocultaron tras una pared en la cámara subterránea de una gran Iglesia. Escuchó la voz de uno de los Asesinos “Aquí no lo encontrarán”
Abre sus ojos.
Respira agitadamente.

—¿Qué fue eso? —dijo respirando por su boca.
—¿Qué pasa Charlotte? —la voz de su amiga en la otra celda.
—He tenido otra visión, tal como había visto que yo y Connor estaríamos muy heridos y muriendo, justo como estoy ahora. Pero ahora, era…era.
—¿Qué era? ¿Visión? ¿Tienes visiones? ¿Qué eres una bruja o algo así?
—Calla Natalia, no soy una bruja.
—¿Puedes ver el futuro?
—Algo así.
—¿Y que viste? Dime…
—Era el Fruto del Eden.
—¿El qué?


Charlotte se vio en la necesidad de explicarle a Natalia a detalle, lo que era el Fruto del Eden, lo que son los Templarios, y los Asesinos. Toda esta información a Natalia le costó asimilarla, pero finalmente la aceptó y quiso dar su opinión.

—En ese caso, debes protegerlo, tú y Connor. Imagina lo que nos pasaría a todos si eso se llega descubrir, si cae en sus manos.
—No me importa nada. Yo me iré con Connor muy lejos de aquí. Nada malo podrá alcanzarnos.
—¡¿Estás loca?! Si te dan esas visiones es por algo
—Tú no entiendes Natalia…
—¡No! Tú no entiendes. —hace una breve pausa, respira—Bien como quieras. Entonces también seré egoísta, saldré de aquí y me largaré, veré la forma de volver a Italia.
—Haz lo que quieras.



Gracias a su sigilo, Connor pudo escabullirse hacía otro pasillo, desviándose de los guardias que los buscaban “Por aquí tiene que estar, adelante” Decían mientras pasaban de ellos. Los dos estaban encubierto, y ya que Ezio era quien conocía mejor la prisión, Connor esperaba sus indicaciones. Debían llegar cuanto antes al almacén, que quedaba cerca del despacho de Guardias.
La noche transcurría, ya casi estaba amaneciendo. Pero el sueño no existía para ellos. Avanzaron cuidando el ruido de sus pasos. Encontraron un guardia frente a ellos, Connor le cubrió la boca mientras le rompía la garganta con la presión de su firme brazo. Ezio se encargaba más que nada en vigilar y daba la señal de “seguir”
Cuando llegaron al despacho de guardias, todo estaba en orden, y solo un guardia dormía sentado con sus brazos cruzados en un sofá individual muy cerca de la puerta, Connor alzó su puño queriendo golpearlo pero Ezio lo detuvo con su mano y puso su dedo índice sobre sus labios pidiéndole que guardara silencio y calma, le señaló la puerta del almacén. Y Connor se dirigió hacia allí. Introdujo la llave, pero no entraba. La llave no era la indicada.
Volteo a ver a Ezio con el ceño fruncido.
—Dijiste que tendría la llave del Almacén.
—¡Eso creía también! —dijo en su defensa.


Al escuchar los gritos el guardia se despertó y se puso alerta.

—¡Ey ustedes!
—Mierda. —mascullo Ezio viendo que el guardia se dirigía a hacer sonar la campana de alarma para atraer a más guardias— Connor tenemos que…

No pudo terminar su oración puesto que cayó en la cuenta de que con su grande y fuerte cuerpo, Connor había empujado la puerta de madera con un golpe tan fuerte que la derrumbó. Pero ya que no estaba en buenas condiciones físicas, se quedó ahí tendido en el suelo casi con sus ojos cerrados, ese golpe le ha dañado sus entrañas y los golpes en su cara le ardían. Ezio tuvo que moverse; tomó sus armas y se enfrentó el solo a los siete guardias que se habían reunido. Sin saber si será capaz de vencerlos a todos, sin saber si saldrá victorioso, tan solo luchaba, disparaba, y usaba su espada, hacía de todo para defenderse, pero eran tantos, que dos de los siete fueron directo a Connor.

—¡Levántate sabandija! —le gritó el guardia— ¡Arriba!

Lo alzaron entre los dos del suelo, y Connor se sentía mareado, su visión se hizo más clara y vio sus armas muy cerca ahí en el almacén, que no era pequeño ni tan grande, parecía del tamaño de una de las celdas comunes. Se le vino a su mente Charlotte, y sacó fuerza quien sabe de dónde, para librarse de los guardias en un movimiento, ir por su arco, mosquete, y Tomahawk. Ceñudo y casi gruñendo, se volvió a transformar en una bestia, y luchó contra los guardias, mató uno, mató otro. Y miró como Ezio estaba sangrando, acto seguido acudió a ayudarle enterrándole en su hombro su hacha a uno de los guardias, y empujándolo con su pie lo tumbó al suelo, posicionándose sobre el y presionando el pecho del hombre de casaca azul con su rodilla, le pone fin a su vida partiéndole la cabeza con su Tomahawk.  
Los siete guardias terminan en el suelo, Connor sabía que ninguno de ellos respira. Ezio también estaba descansando apoyado en la pared, tiene dos heridas de espada y se desangra, de sus labios también sangra, le han hecho un corte pequeño que atraviesa sus labios, necesita ser vendado, pero nadie puede ayudarle. Connor también necesita ayuda, sin energía para mover un dedo, sentía que ha dado de más, ya no puede seguir, y se muere por dentro, Charlotte lo necesita ahora más que nunca.  

—Pueden venir más… —dice y escupe sangre Ezio— Hay que irnos.

Connor no responde. Tan solo se concentra en seguir respirando, tiene que vivir por Charlotte. Siente algo en su pecho, una sensación de presión, y sube a su cabeza, brota en dos lagrimas que no pudo contener.

—Char…lotte. —quiere mover su cuerpo, ponerse en pie pero solo consigue temblar.
—Amigo… —respira jadeante— Es nuestra oportunidad.

Ezio sí consigue levantarse y camina hacia Connor.

—Eh, Connor…

Sigue sin contestar. Ezio se acerca más, mientras se toca su brazo sangrante, su espalda también le ardía. Ve que Connor tiene los ojos cerrados, y no se mueve ¿Ha muerto? Eso parece, está pálido. Revisa que este respirando, y su respiración no la capta, o es muy débil. El latido de su corazón tampoco lo escucha. De todos modos, con las pocas fuerzas que le quedaron lo arrastra. Están dentro del despacho de guardias, quedarse ahí no es opción, en cualquier momento llegarán guardias.

La primera luz de la mañana se empieza a ver, está amaneciendo. Charlotte casi no durmió y tampoco es capaz de ver la luz del día, tan solo ve esas antorchas colocadas en la prisión subterránea. Ya no ha escuchado a Natalia, y ni ella le habla, hay silencio, un silencio que hace sentir la soledad más profunda. Parece que su lesión no profunda en su abdomen, está empezando a sanar lentamente, se siente un poco mejor, aunque sigue siendo doloroso. Se escuchó un ruido, como si alguien estuviera bajando por las escaleras arrastrando algo por los escalones. Cierra sus ojos y desea muy en el fondo, que no sean los guardias que quieren hacerle daño, ya que prometieron venir hoy a lastimarla, permanece con sus ojos cerrados, no quiere ver.
Eran Ezio y Connor, aunque sigue como inconsciente o eso parecía, el italiano lo arrastraba. La travesía del despacho de guardias a las celdas subterráneas fue algo complicada, Ezio debía ocultar a Connor de la vista de uno que otro Guardia que rondaba la zona, y él debía encargarse de matarlos en silencio con su espada. Algunas mujeres de las celdas, despertaron y les empezaron a gritar y a Ezio le lanzaron halagos y propuestas indecorosas. Eso solo lo enalteció, incluso hasta les respondió aun estando herido, sonrió y guiñó su ojo, pero Ezio tenía un objetivo, el rostro de una chica pelirroja que recordaba, la chica de Connor, y la estaba buscando, pero no la veía ¿Se habrá equivocado? ¿Y aquí no está?

—¿Charlotte? Dime si estás aquí.

Esa voz era diferente y la conocía, la chica abrió sus ojos y se acercó a las rejas viendo una imagen que no le hubiera gustado ver, Connor en el suelo, dormido o inconsciente por que la idea de que muriera no la podía concebir.

—¡Ah, ahí estás!
—¡Connor! —exclamó Charlotte casi desgarradoramente— ¡¿Qué le paso?! —su rostro se hizo lacrimoso y su frente se arrugó.
—Ah…, eh, está bien no te preocupes.
—Quiero verlo, acércalo más por favor.
—No será necesario, conseguí la llave de las celdas subterráneas. —las muestra— mientras tu novio dormía.

Esto enloqueció a todas las mujeres de las celdas, empezaron a pedir, otras a exigir y reclamar que las liberara. Haciendo mucho ruido.

—¡Tranquilas! ¡Guarden silencio! ¡Las liberaré a todas pero si no cooperan no! Los guardias, aún hay guardias y pueden escucharnos.

Todas callaron al instante. Ezio dejando ahí a Connor, caminó para abrirle la reja a Charlotte, le tomo unos minutos atinarle a la llave. La chica pelirroja se echó a correr a dónde estaba Connor y lo abrazó de rodillas en el suelo, viendo su rostro molido por unos golpes, le acarició con su pequeña mano blanca, le besó la frente y se quedó así un momento.
Natalia miraba de lejos sin decir nada, todas las chicas empezaban a hablarle a Ezio pidiéndole que las dejara libres, ya se la arreglarían para salir de la prisión o al menos querían intentarlo.  Natalia notó como hablaba Ezio, como sonreía y no pudo evitar sonrojarse, pero no dijo nada, ni hizo nada, permaneció a la distancia de su celda retirada de los barrotes.
Ezio estaba a punto de tratar de atinarle a la celda de otra mujer que estaba ansiosa cuando por los escalones bajaron varios pasos firmes. Ezio se detuvo y miró hacia allá, y Charlotte también aferrándose más al cuerpo de Connor, que aunque ella le hubiera hablado no le respondía.
Eran cuatro guardias de casacas rojas, detrás de ellos estaba Haytham Kenway y Charles lee. Inicialmente venían a las celdas subterráneas a buscar a la chica de Connor, ya que era parte del plan de Haytham, les habían informado que el mestizo y su amigo habían escapado de las celdas, y el maestro Templario con mucha seguridad sabía que no pudieron llegar tan lejos, y seguramente estaban en las celdas subterráneas. Su rostro esbozó una sonrisa cuando vio que tuvo razón. Ahí estaba la chica pelirroja, con un cabello rojo sangre, muy cerca de su hijo, y el otro joven tenía unas llaves y lo veía con cara de asustado. Todo esto le dio risa pero no lo expresó, se rio por dentro.
Haytham caminó y los guardias le abrieron paso.
Charlotte pudo ver que colgaba una espada muy brillante, dorada y extraña del Templario.

—¿Está muerto?

Cuestiono Haytham al bajar su mirada a dónde estaba su hijo.
Nadie respondió.

—Qué pena que lo esté, yo necesitaba que me dijera de una vez, dónde esconde el fruto del Eden.

Esto último llamó la atención de Natalia. Charlotte frunció el ceño y con sus ojos como a punto de echarse a llorar.

—¡No está muerto!

Charles lee se rio entre dientes al ver a la chica, y Haytham le dirigió su mirada directa.

—¿Qué dices? ¿Qué no lo ves? Es más que evidente que lo está. —se acerca y con su pie lo mueve. No hay ninguna reacción— ¿Lo ves?
—¡No lo toques! —lo abraza más fuerte y mira el rostro de Connor tronándole un besito en su mejilla.

Ezio se aproxima y desliza su espada sacándola de su funda.
Haytham lo ignora y sigue viendo a Connor.

—Por favor confirmen su muerte, si lo está tendré que buscar otra manera.

Los guardias asienten y se acercan a dónde Charlotte sigue aferrada y no se quiere separar, aunque un guardia la esté sujetando ella no quiere apartarse.

—¡No! ¡No! ¡Ratonhnaketon! —sin aguantar más sus lágrimas salen una tras otra y empieza a llorar a llanto abierto.

Natalia se levanta y se acerca a los barrotes viendo a Haytham.

—No es necesario yo sé dónde está el fruto del Eden. —alzó su voz lo más que pudo.

Haytham la escuchó y quiso reír, le pareció interesante la valentía de la chica y camino hacia ella con sus manos unidas a su espalda. La encaró y sonrió.

—¿Qué has dicho?
—Yo sé dónde está el fruto del Eden. Charlotte me lo ha dicho, ella sabe dónde está por que…tuvo una visión.
—No digas disparates, si es así, tendrás que morir, y tú amiga también.
—No lo son ¡Charlotte diles que tú sabes así dejarán a Connor en paz!
—Ah es verdad ella puede saberlo. —vuelve a dónde Charlotte, mientras los guardias siguen revisando a Connor.

Ezio se queja de dolor por sus lesiones y no sabe si es buena idea enfrentarlos así que guarda su espada.
El maestro templario sujeta a la chica de su brazo y la mira a los ojos. Sabe que es la chica de su hijo.

—¿Tú lo sabes? ¿Dónde está?
—Yo, yo no lo sé.
—¡Dile Charlotte, dile que tuviste una visión!


Aguardando un momento Haytham tan solo la mira a los ojos, y en ellos ve mucha tristeza ¿será cierto que esta chica tiene visiones? ¿O solo están mintiendo y realmente tanto ella como Connor saben la ubicación del fragmento del Eden?
Un paso, otro paso, y está muy cerca de la chica, con su mano agarra su cabello completo como haciendo una coleta y Charlotte siente como vibra su cuerpo y con sus ojos mira como uno de los guardias detrás de Haytham le dicen al oído algo, quizá el estado de Connor y Haytham queda inexpresivo. Apretó su cabello, y le dio un tirón para acercar su oreja a sus labios.

—Seré directo ¿lo sabes o no? Si lo sabes dímelo o terminaré con tu vida, no tendrás que esperar a tu ejecución programada.
—¿Cómo está Connor? —con voz quebrantada sin atreverse a verlo a los ojos, arriesgándose a lo que sea.
—¿Eso importa? Además, yo he hecho la pregunta. Responde. —eleva su voz y la aprieta más.


Natalia esta aferrada a los barrotes, desde ahí está sintiendo la tentación de  decir lo que le dijo Charlotte, por lo tanto Ezio, se mantiene a raya, su plan se ha arruinado y Connor sigue sin reaccionar en el suelo. Sin embargo Charlotte puede ver como se ha movido un dedo de la mano de Connor, lo que hace que la expresión de su cara se ilumine un poco. Pero ¿será real ese movimiento? Tal vez solo esté alucinando. No, Connor, no puede morir, no así.