sábado, 12 de abril de 2014

Teengears [ Dentro de las venas ]






Capitulo- 23    —Dentro de las venas—











Se ha alojado dentro de Lea, el espíritu que poseía Seungri. Aquel joven que yace sin aliento en el suelo, siendo pisoteado por la multitud alocada de manipulados. Estos dos espíritus: “Lubus y Diju” se unen y le brindan el suficiente poder como para destruir todo el inmenso laboratorio.
Entonces todo parece congelarse como si el tiempo se detuviera. Y con sus brazos extendidos a los lados, viendo que la rodean muchas personas como paralizadas. Solo su pecho se mueve al respirar. Lea puede sentir paz.
Observando como su alrededor se desvanece, y una luminosidad se traga toda imagen. Volviéndolo todo blanco.

Ahora se encuentra como en un nexo. Pueden verse cada vez más cerca dos siluetas humanas. Presentándose ante ella como dos fantasmas; una mujer de muy larga cabellera, vistiendo un sencillo vestido en blanco,  sin rostro. Y un hombre con una especie de alas de fuego, y de la misma forma un inexistente rostro. Son tres veces más, la altura de Lea. Estos son los supuestos “espíritus marinos”. Que de marinos no tienen una pizca, pero Lea no tiene idea de lo que está sucediendo, se muestra boquiabierta e incrédula. ¿Estará soñando? ¿Acaso ha  muerto?

—Sacrificio Lea…

Una potente voz femenina que retumba en sus tímpanos.

—¿Sacrificio?

Inquiere la joven uniendo sus cejas al verlos hacia arriba.

—Espera… —continúa— ¿Sabes mi nombre? ¿Quiénes son ustedes?.
—No hay tiempo para explicaciones. El mundo está en sus manos.

Objeta una profunda voz masculina.

—Bueno, eso es cierto. Pero… ¿A qué te refieres con “sacrificio”? —cuestiona interesada con su vista alta.
—Es verdad lo que dijo. No pueden matarlo…si lo hacen, estarían haciendo lo mismo con toda esa inocente gente del planeta. —afirma la voz varonil— Sin embargo, hay una solución. El sacrificio, traerá la liberación mental de la humanidad.
—Alguien que comparta la misma sangre que Gerard, pero que tenga un corazón más puro. —agrega la mujer— Y de buenas intenciones. Será quien podrá modificar dicho efecto del Haarp, a cambio de su propia vida.
—Entiendo… pero. ¿Por qué me dicen todo esto? ¿Qué son ustedes? —curiosa los observa detenidamente.
—Ahora que lo sabes, adelante… entrega el mensaje —indica la mujer haciendo caso omiso a sus preguntas— A Break.
—¿Break?
—Sí, él es un heredero.

Guarda silencio unos segundos tratando de asimilarlo. ¿Era un heredero? Eso quiere decir ¿Qué él sabía que estaba contra su familia todo este tiempo? No logra entender mucho sobre por qué Break tomó una decisión diferente a su familia, y no siguió el rumbo de ellos.

—En ese caso ¿por qué a mí me dan directamente el mensaje? ¿Por qué no al mismo Break?
—Los científicos se cierran a lo espiritual. Por eso los escogimos a ustedes. Ellos están bloqueados. —responde el hombre de alas en llamas— Pero, por esta vez… tendrá que…creer.


Se esfuman, como evaporándose, y Lea es capaz de visualizar su entorno, su realidad otra vez. Aunque se haya calmado, los manipulados no. Siguen queriéndola aruñar, empiezan a agarrarla con sus manos para estrujarla, le dan tirones, y Lea se resiste, sabe lo que debe hacer, sus ojos están completamente abiertos y como iluminados.
Jake está como mareado, aún perdido mentalmente. Y ni qué decir del cadáver de Seungri.
Algo la está impulsando, y ayudando a controlar ese poder, aún asi puede abrirse paso entre la muchedumbre alocada, salvaje. Y el resto de Alienbots hacen un esfuerzo por detener la gente. Lea dirige su mirada a Steve cuando llega frente al equipo.

—Con eso se comunican. —señalando la pequeña antena parpadeante de su oreja.
—Asi es. —responde irritado.

Lea se lo arrebata.

—Hey…
—¡Lo necesitaré! ¡Ustedes retengan lo más que puedan a esta gente! ¡Si no quieren morir!

Exclamando mientras avanza al elevador.  Dando sugerencias, que más bien sonaban a órdenes de líder.
Ha sido un cambio impresionante en menos de un segundo, parece otra persona, hace un momento estaba llena de rabia y se descontroló por causa de la muerte de Seungri, pero ahora se muestra…muy fuerte. Los espíritus siguen en su interior, dándole fortaleza para seguir con cordura y prudencia. 

El equipo Break contempla como se va en el elevador, tan determinada, sin un rastro de miedo, coraje o tristeza en su faz.

—¿Ella quien es para darnos ordenes? —pregunta enarcando una ceja Derek.

Varias personas logran penetrar la detención de los Alienbots, y se echan sobre Derek y Greg.
Steve, alcanza a reaccionar y evadirlos, manteniendo su compostura. El inalterable Steve , piensa que hacer en medio del lío.



Adentro del ascensor Lea se cruza de brazos y mira abajo.

—¿Break? ¿Estás ahí?
—… ¿Lea?
—¿En dónde te encuentras?
—Cómo es que… —suspira— ¿Cómo están los demás? ¿Sucede algo?
—No importa ahora. Dime en que piso estás ¡Maldita sea!
—…En el último.





—Desactiva el Haarp… Gerard. —ordena Break viéndolo fijamente.

En su brazo se engancha todavía María, pasando a ser una simple espectadora.

—Eso es imposible ¿Es que no lo entiendes? —tomando su distancia el señor— La única forma es asesinándome, pero de ser así, con mi muerte el Haarp se autodestruye, y junto con él, todas las mentes de la humanidad. Más claro no puede ser.

Gerard recuerda su “Haarp portátil”, que esta guardada muy cerca de la maquina ante sus ojos. Y se le ocurre una brillante idea.

—Pero… ya que no tengo opción, y es probable que intentes matarme, al no creerme. Está bien, intentemos algo. Síganme. —se traza una sonrisa en sus labios y se encamina a la máquina.

Alzando una ceja, Break, lo visualiza inseguro y desconfiado ¿A qué se debe ese cambio repentino de ideas? ¿Será que el efecto de ser la fuente del Haarp le está dañando el cerebro?
A pesar de no estar seguro, sus pasos se dejan guiar por su antepasado. Inyectándole confianza a la chica de su lado.

El señor de barba canosa y bastón dorado, se apoya para poder inclinarse y extraer un aparato pequeño que sostiene con ambas manos, es el “Haarp portátil” que anteriormente ha usado en Jake.

—Con esto posiblemente se pueda alterar el Haarp, pero deben probarlo en ustedes.

Carece de sentido lo que dice, y es evidente su posible malintención. Break con un gesto incrédulo, lo observa en tanto María abre sus parpados examinando con su mirada aquel aparato.

—Un momento…


Le trae unas memorias.

Con un movimiento de sus dedos les indica a sus agentes que traigan a Jake a sus pies. Teniéndolo arrodillado ante él. Gerard toca el suelo con una rodilla para alcanzarlo y esbozando una sonrisa, le enseña el dispositivo del tamaño de su mano.

—¿Me dirás? ¿O quieres que te sacrifique?.

Por unos segundos Jake mantiene fija su mirada tan cargada de odio que no hacían falta palabras para expresarlo.
Se atreve a escupir en la cara de su interlocutor sin importarle nada. Gerard con asco cierra sus ojos y con una mueca de indignación y claro disgusto, limpia su rostro con la manga de su traje blanco. Acto seguido sujeta a Jake de su cuello oprimiendo un poco

—¿Sabes que puedo matarte ahora si quiero verdad? —gruñe frunciendo el entrecejo.

Jake aprieta sus labios y desafiante lo observa a los ojos. Edric y María se alarman siendo simples espectadores.
Sin soltar su cuello, Gerard lleva la mano en la que tiene el dispositivo portátil, contra el pecho de Jake y al tocarlo con este mecanismo el aparato se abre y con unos tubos como si fueran las patas de una araña se aferra a su cuerpo. Jake queda como paralizado, con un rictus de dolor.





—¡Está mintiendo! ¡Esta cosa es…!
—¡Silencio! —grita el señor, furioso.

Break mira a María, y después a Gerard entre cerrando sus ojos.
Sin decir más Gerard se apresura y toca el pecho de María con ese aparato oprimiéndolo contra ella, abriéndose y expulsando unos tubos que se pescan a su cuerpo, que no le permiten el moverse.
Quedando estupefacto, Break sigue viendo como la chica vibra incontrolable, y se pueden ver claramente las venas de su cuello, rostro, brillando en azul eléctrico. Destacando más las del contorno de sus ojos, tan abiertos, redondos y sin color.
No puede permitirlo, no se saldrá con la suya. Break le tira un golpe a puño cerrado en la cara al viejo. Gerard pierde el equilibrio y se balancea dejando caer el aparato al suelo, al igual que cae María.
Con una sacudida a su mano, puesto que no había dado un golpe jamás, arruga el ceño afrontándolo.

—¿Qué crees que hacías? —masculla.

Una risa creciente brota de los labios del viejo.

—¡Olvídalo! ¡Es ridículo lo que haces! ¡Jamás podrás salvar a esa gente! ¡Ríndete! —limpiando la sangre de su nariz.



—¡No lo creo!

Una voz femenina y firme interviene. Una joven de una melena rubia y esponjada viene hacia ellos.

—Break puede hacerlo.

Detiene sus pasos cerca de ellos.

Las risas de Gerard se vuelven carcajadas hasta que se queda sin aire, y empieza a toser.

—¡Adelante Break! ¡Alimenta al Haarp con tu sangre! ¡¿Qué estas esperando?! ¡¿Lo sabes no?! ¡Este hombre es como tu abuelo! ¡Un antepasado! Entonces tú puedes controlar el Haarp. Hazlo…

La expresión el rostro de Gerard cambia al instante durante un momento.

—¡Eso es falso! —incapaz de creer el viejo. 
—¡Demuéstrale que es verdad Break! ¡Rápido!

Lea lo empuja con una mano.

—Sé que sabrás como hacerlo. Si fuiste capaz de crear una contra-maquina, y toda una cuidad en las profundidades del océano, junto con un hermoso jardín real. ¡Esa máquina no es nada para ti!
—Cuida de María.

Pide, y se posiciona al frente de la máquina. Lea le echa un último vistazo al viejo, antes de ir al suelo por María. Con sus manos intenta reanimarla.

—María…anda abre los ojos.


Break con sus manos explora la maquina, revisándola también con su mirada. Localiza las conexiones por donde entra el ADN. Mientras Gerard aprovecha la distracción de los dos para levantar su bastón de oro y apuntar hacia la espalda de Break. Cierra un ojo para fijar bien su puntería, en cuanto Lea percibe un peligro y voltea a verlo en el acto, poniéndose en pie y yendo hacia él. Los espíritus hacen que sea tan veloz como el rayo, y lo alcance adueñándose del bastón y tumbándolo al suelo. Acto seguido, le apunta estando por disparar.

—No Lea.

La voz de Break. Se ha detenido para verla.

—Todavía no puedes hacerlo.

En el rostro de Lea se refleja toda esa ira que guarda en sus entrañas. Recordando todo ese dolor y sufrimiento que ha causado la pérdida de su familia, amigos y ahora… Seungri. Todo es su culpa, por culpa de su ambición ¿Quién iba a devolverle sus seres queridos? Aún si el Haarp desaparece y todo vuelve a la normalidad. Ellos ya no estarán.
Sus ojos azules se humedecen y su mano tiembla pero apretando ese bastón que sostiene, y que se rehúsa a dejar de amenazarlo con él, con su pulgar en el botón plano para activar el disparo. Son demasiados sentimientos, tan profundos y fuertes, que ni siquiera los espíritus pueden comprender, mucho menos controlar. Se escapa de sus manos. 

María se mueve y lentamente deja el suelo. Abre sus orbes que se han tornado rojizos. Su programación cerebral es la misma que la del resto de personas en el laboratorio. “Acabar con los intrusos”





Se ha unido a la multitud de marionetas del Haarp, el manipulado de Jake. Aunque este golpeado y adolorido.
El equipo Break esta en aprietos. Greg y Derek han perdido sus controles, en cuanto a sus Alienbots han quedado inactivos, inservibles. Los dos Alienbots de Steve no son suficientes para detener esa gente. La habitación de las proyecciones y controles es invadida por la masa de personas que amenazantes, comienzaa a atacar con puños, aruñazos y mordidas a Greg y Derek. Steve se aleja lo más que puede y usando sus Alienbots, no le queda más que sacarlos del mar de gente y atraerlos a él, viendo como esas personas corren contra ellos.

—¡Al ascensor!

Indica Steve, y huyen al elevador de cristal  que usó Lea, cerrandose las puertas que al instante son empujadas y golpeadas por la gente. Solo dos Alienbots los acompañan. 

Salen a un piso central en la torre del laboratorio, y ahí pueden tomar un respiro.
Parece una sala de investigaciones. Greg descansa en un sillón quejándose del dolor de la mordida en su brazo. Derek se recarga en una pared agotado.

—Menuda paliza que nos han metido esas marionetas. Casi nos matan. —habla Derek con una mueca de disgusto.
—Sí, pero no podemos lastimarlos. —les recuerda Steve.
—¿Y qué hay de Jake? —Greg palpa su brazo que sangra— Él estaba ahí.
—No tiene caso, el está siendo manipulado. Hasta que el Haarp los libere mentalmente, lo tendremos de vuelta.

El par de Aliens robots, permanecen activados pero vigilando la entrada.
Se puede sentir una sensación como de múltiples pisadas en el piso.

—¡Vienen hacia acá! —grita Greg.
—¡Maldición han usado otro acceso! ¡Sí que se mueven rápido! —vocifera Steve— ¡Hay que regresar y salir del laboratorio! ¡Ir a las naves!
—¿Qué pasa con Break…Lea y…? —interroga Greg.
—Break se encargará de lo demás. Nuestro deber es distraerlos mientras todo acaba. Alejarlos de Break lo más posible. Retenerlos... ¿Recuerdan?

Esperan a que aquella gran cantidad de personas los puedan ver, para salir por otra dirección y correr por las escaleras y pisos descendientes, yendo a sus espaldas el par de Alienbots, seguidos por la muchedumbre alborotada. Deben conducir a la gente afuera del Laboratorio y muy lejos de su alcance.











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martes, 1 de abril de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 4]








                         Capitulo- 4










Charlotte puede sentir como la adrenalina sube en su interior. Una tropa de casacas rojas se han lanzado a cazarla. Sus pies se desplazan lo más rápido, y lo más lejos que puede. El pequeño saco de monedas, que lleva en su mano, parece tan pesado como piedras. Lo ha robado…
Algunas personas estorban en su camino, pero no se detendrá por ningún motivo.

—¡Deja de huir!
—Muy lenta. Mejor ríndete.

Escupen las palabras que llegan a los oídos de la joven. Un breve vistazo, vienen detrás suyo, y empieza a agotarse lentamente.
Hace un alto frente a un edificio, tomando aire y revisando que los guardias están cada vez más cerca. Acto seguido, trepa por los bordes de la pared y ventanas con facilidad, subiendo al tejado. ¿Cómo lo ha hecho?
No lo recuerda, no recuerda quien ha sido su maestro. Por lo visto, su mente está recuperando su memoria ¿O solo ha perdido parte de ella? No se detiene a analizar. Tres guardias también saben subir, mas aparte, se ha encontrado con otro par que vigilaban desde arriba. Se echa a correr, evadiéndolos, y entre jadeos avanza saltando de un tejado a otro. Pero no consigue perderlos, vienen tras ella.
Si continúa así, solo logrará cansarse hasta caer al suelo, y eso será malo, la castigarán por ladrona. Tiene que buscar un escondite.

Baja del tejado por unas escaleras, y hace un esfuerzo por encaminarse a un callejón, dónde no llega la luz del sol. Sus piernas las siente pesadas y entumidas. Está agitada.
Con su espalda contra la pared, asoma su cabeza, y descubre un montón de guardias, ahora son más, que con armas alzadas, amenazan cortando distancia. Indudablemente le dispararán. Va hacía el otro extremo del callejón y con su mirada localiza una carreta estacionada en la calle. A grandes zancadas que le cuestan un tremendo esfuerzo, alcanza el carro y se introduce en la parte trasera, en la carga. Enseguida,  los casacas rojas se preparan para disparar buscando con su mirada alrededor, dejando de correr, la han perdido de vista.

—Olvídenla… se ha salido con la suya. —gruñe un guardia.
—Bah...tengo mejores cosas que hacer…

Se ordenan en grupo y otros se separan, para volver a invadir las calles.
Todavía alterada con el corazón queriendo salir de su pecho, Charlotte descansa dentro del carro. En un suspiro, con su mano al pecho, abre sus ojos y puede sentir y ver que está sentada sobre cajas y cajas de objetos varios, y aunque es algo incómodo, sabe le ha salvado la vida, siendo el mejor escondite que halló.

—Sí, esta es la última.

Una masculina y grabe voz afuera del carro, seguida de unos pasos que son más y más cercanos. Alguien se aproxima.
Un manojo de nervios la ataca ¿Qué va a hacer si la ven?. Solo puede removerse hacia atrás, con una expresión atónita. Se abraza a sus piernas dobladas ocultando su rostro, pidiendo muy dentro de ella desaparecer. Aferra sus dedos en la bolsa de dinero que sostiene.
Debajo de ella vibra, por el peso de otra caja de madera que han depositado. Las cortinas se cierran, ella levanta su rostro, ya no puede ver, más que las cajas y esas cortinas. Las ruedas del carro comienzan a rodar. Ahora debe salir, no puede seguir ahí dentro, no sabe a dónde la lleve y aún no conoce muy bien la ciudad. Pero se arriesgaría a hacerse daño, sería muy alocado saltar de un carro en movimiento. No le queda más que esperar.

La carreta deja de andar. Quienes tomaban las riendas han bajado. Es el momento, tiene que salir antes de que vengan a descargar su mercancía.

—¡Vamos sobrino! ¡Trae las cajas!
—Sí, ya voy… —desganado.

Apenas va a atravesar las cortinas y lo puede ver venir. Es un joven de facciones duras, tez clara y una capucha color marrón como el resto de su traje.
En breve, retrocede regresando a su rincón. Es muy tarde…

—¿Por qué siempre tengo que hacer todo yo? —se queja entre dientes.


Abre las cortinas enganchándolas arriba para mantenerlas abiertas y carga en sus brazos una caja, llevándola a otro lado. Cuando se va de la vista de Charlotte, aprovecha que no ha sido descubierta para irse.
Sus pies tocan el suelo y se dispone a marcharse.

—Ladrona ¿A dónde vas?


Esa voz la hace frenar sus pasos, y se gira a ver ese mismo joven que sostiene una caja.




Sí…en efecto, la ha perdido, sigue tratando de convencerse, con todas sus fuerzas.
Ratonhaketon permanece sentado en silencio, con su mirada perdida, siendo participe de un ritual como toda su aldea. Adentro de una choza, la más grande, se han reunido cada habitante, en torno a una fogata.
Le abren el paso a la madre del clan quien elevando en sus manos un tipo de esfera dorada, tan deslumbrante como el sol, se adentra parándose al centro. Al centro de observación.
Kaniehtío está disgustada, al ver como su hijo es el único que no muestra respeto y parece que está en otro mundo. Está así de decaído desde hace unos días. Y es que realmente ha estado aguantando mucho, pero ya no puede fingir más.
Kanentokon está a su lado, a un costado de su amigo, preocupándose discretamente por él.
La anciana desciende aquel objeto brillante y lo contempla, teniéndolo en sus manos.


—Nuestro mayor tesoro, desde hace algunos años, nos ha estado ayudando a escuchar a los grandes espíritus. Nos dicen que debemos protegerlo —cierra sus ojos — Si lo hacemos, nos recompensará en abundancia.




«¿Y que nos protege a nosotros de los invasores? Que no tardan en volver » Se lo guarda para sí mismo.

Sigue el discurso de la madre del clan.




¿Ladrona? ¿La ha llamado ladrona?

—Hemos visto como escapabas de los guardias y subías al carro. —clava sus ojos azules en esa bolsita llena de monedas — Descuida, no te delataremos, no si gastas esas monedas con nosotros. —fija su mirada en ella— ¿Qué dices?


Dentro de una pequeña casa, le ofrecen asiento. El joven encapuchado se recarga en una pared cómodamente con sus brazos cruzados, viéndola desde ahí, en tanto su tío…un hombre barbón y con sobre peso, abre con un gancho, una caja de alimentos.

—…es la necesidad más grande, importante y básica de la vida, es verdad. —dice el señor.

Extrae una porción de pan y se lo entrega en la mano.

—Toma, eso calmará rápido el hambre.

Charlotte deposita la bolsa completa en la mano del señor, sin importarle. Comiendo el pan con hambre y ansiedad.

—Esto es mucho por un poco de pan. ¿No necesitas nada más?
—Tal vez ropa decente. —responde en su lugar el joven, disimulando su sonrisa.
—Es verdad…

El hombre barbudo la examina detenidamente de pies a cabeza. Viste un pantalón, hecho con cuero al igual que toda su vestimenta.

—Por tu apariencia…no pareces una mujer de las colonias.
—En efecto, no lo soy—termina su bocado y baja su mirada para no verlos. Está algo avergonzada—Pero quiero vivir aquí.
—Si quieres vivir aquí, necesitas vestir como una. —sugiere el señor.
—Pero eres una ladrona ¿o no? —agrega el chico.
—No soy una ladrona.


Brota una carcajada de la boca del joven encapuchado.

—No, no lo eres. Solo robaste dinero.
—Garrett… —lo llama su tío. Dirigiéndole una mirada que le indica que guarde silencio— Nosotros le venderemos lo que necesite, sin importar si es o no una ladrona. Somos comerciantes después de todo. Tú danos dinero, y no habrá problema. —viéndola.


No sabe si llamarle “ayuda” a lo que ofrecen. Más bien es parte de su negocio, pero necesita dinero, necesita… ¿seguir robando?

Para sobrevivir oculta su identidad tras una máscara que cubre nariz y boca, su cabello lo recoge y esconde con una capucha en tono marrón, y así se forma su nueva vestimenta, con telas del mismo matiz. Cada noche que es perseguida por robar a las personas, sube por las bardas, los muros. Y con grandes saltos precisos, se traslada de un techo a otro. Descubre esa habilidad, pero desconoce su procedencia. No se quiere preocupar por eso, solo desea sobrevivir, y ha encontrado la forma. Es capaz de seguir adelante, aunque tenga que ir contra la ley. Esta es la ley de la vida, y nadie le va a ayudar, tiene que hacerlo por ella misma. Por lo tanto, lo más importante se vuelve su propia persona, no hay algo o alguien más relevante que ella.
Esa sonrisa que se dibuja en sus labios, al huir por los tejados, como si dentro de ella quisiera salir un bello recuerdo, que la hace sentir muy bien, es divertido, lo más divertido que puede hacer. Esquivar a los guardias, salir de su campo de visión. Enfrentar la vida sola…

Así transcurren semanas. El joven Garrett y el señor August, se vuelven sus únicos contactos. No obstante es imposible, para ella, verlos como “amigos” ¿Ellos la han orillado a esto? ¿Acaso la ayudan? No…solo son vendedores, quienes saben que ella es la ladrona que amenaza a Nueva york, pero no la llevarán a los guardias, además Charlotte les da monedas extra.
Ayudándose con un gancho Charlotte vestida de ladrona abre la ventana en casa de Garrett y August. Con la luna en lo alto, ya todos duermen.
Con sigilo, y cuidando cada paso se desliza hasta la habitación de Garrett. Él duerme sin camisa, dejando ver su cabello corto y negro.
Con su mano, la joven retira esa delgada tela que cubría sus labios y baja su capucha dejando a la vista su bien trenzado y recogido cabello rojo. Lo remueve un poco con la intención de despertarlo.

—Garrett…Garret.

Sin ganas abre sus ojos azules para verla.

—Ah, eres tú…déjame dormir. —se vuelve a acomodar para recuperar el sueño.
—Necesito material para elaborar un…arco y unas flechas, creo que sé cómo hacerlo. —esboza una sonrisa, viendo arriba— Eso me facilitaría el saquear algunos cofres custodiados por casacas rojas. Aunque no deseo matarlos, la flecha será inofensiva, me gustaría envenenarlos. Por eso, también necesito que me traigan algún veneno que no sea mortal. —en su voz se distingue la emoción.
—¿Podrías callarte, y esperar a mañana? —con un hilo de voz— Quiero dormir… —gruñe.


Charlotte observa el bolso de piel que cuelga de su hombro, el cual está bien cargado del botín de esta noche.

—Estoy segura que usando un arco y veneno, los cofres serán pan comido, y las ganancias crecerán tanto para mí…como para ustedes.


Los ojos de Garrett se abren de par en par.

—¿Ganancias?...¿Más ganancias?
—Así es… —sonriente.



En el nublado día. La joven de cabello carmesí, viste como cualquier mujer de las colonias. Así es por el día, ya que así puede ser ella misma, sin mascaras. Con un vestido sencillo de un matiz discreto, y su cabello bien peinado sin uno solo suelto.
Escoge algunas manzanas rojas por los mercaderes de la ciudad, con una canasta a su brazo. Voltea a sonreírle al señor August y el joven Garrett que exponen su mercancía en el mercado. Nadie sospecha que es ella la mujer encapuchada de la cual solo pueden ver sus ojos, y exhiben en carteles por toda la ciudad. En meses se ha convertido en la ladrona más buscada, y hasta ofrecen recompensa por ella ya sea viva o muerta, una enorme recompensa, que pone en dudas a sus aliados comerciantes.
Espera a que la gente se aparte del puesto de sus conocidos para acercarse.

—¿Lo ven? ¡Les dije que las flechas con veneno funcionarían! —intenta no elevar mucho la voz pero no puede contener su exaltación.
—Sí, pero… —habla el joven cruzándose de brazos y tomando asiento en un banco— Es pesado tener que fingir que no te conocemos y venir a vender… seguir trabajando sin necesidad, solo por no levantar sospechas y seguir ayudándote.
—No seas flojo Garrett. Bah que digo siempre lo has sido —August lo visualiza con desaprobación— Charlotte no escuches a Garrett, tú sigue así, por nosotros no hay problema. Deberías preocuparte en disminuir tu nivel de búsqueda. Ya sabes…arranca carteles, ve a sobornar heraldos, haz lo posible por tener menos seguidores encima.


Con su canasta cargada de fruta camina por la calle, por donde la gente va y viene, encontrando un cartel de la ladrona, vigilando que nadie la vea, lo desprende, haciéndolo bola con sus manos, y se marcha pasando por enfrente de un grupo de habitantes que ponen sus ojos en un heraldo.

—…es rápida, escurridiza, ya la han visto muchas veces por las noches, pero jamás, han sido capaces de alcanzarla! ¡Esta mujer envenena temporalmente a quien le impida lograr su objetivo! ¡Es peligrosa y viste de un café oscuro, ocultando su identidad y vaciando los bolsillos de sus víctimas! ¡Tienen que tener cuidado!

Se eleva la voz del hombre y es cada vez más alta, conforme Charlotte se aproxima, mezclándose con la multitud.

—¡A cambio de su entrega! ¡Se dará una recompensa! ¡Una recompensa tan grande como sus crímenes! ¡Si alguien es capaz de capturarla, llame enseguida a la guardia!

Termina de informar y la gente se dispersa yendo por su camino. La chica camina hacia el heraldo, al momento de verlo bajar del pódium.
Sin más le pasa a su mano con disimulo, una bolsa repleta de monedas.

—Pagar por el silencio ¿Es justo?

El hombre entre risas la acepta y la mira a los ojos.

—Buena pregunta señorita. Dejémoslo así…gracias.

Por el momento ya no hablará de ella. Pero ni deshaciéndose de todos los carteles, ni sobornando a Heraldos, y a la imprenta, es suficiente. No tiene caso…no tiene solución.
No solo es perseguida por los guardias, sino también por los cazarrecompensas. No consigue paz total, pero se divierte.


Después de dos años, Charlotte sigue igual.
Mirándose al espejo, toca con sus dedos ese collar de tres colmillos de lobo, que no sabe por qué no quiere quitárselo, como si fuera parte de ella.
Siendo casi las dos de la mañana, terminada su labor. Entra a su casa, esa misma que le dejó Myriam hace tiempo, y a quien ya echa de menos. Se dispone a ir a su cama, y antes de echarse en el colchón, vienen a su cabeza unas imágenes continuas —como fotografías—.

Es noche…y lo que parece una aldea nativa, está siendo envuelta en llamas ardientes. Una mujer, que no logra distinguir y se muestra como una silueta, una sombra oscura. Asesina a otra mujer… que descansando en el suelo es abrazada por las llamas, consumiéndola, quemándola.

Abre sus parpados, y toca su frente, viendo al techo.

«¿Qué fue eso?...¿Un incendio? ¿Un asesinato? » Dice en su mente. »¿Es un recuerdo o una visión?... ».


No es en ese mismo instante, pero…llega la noche, pasado un corto tiempo.
Ratonhaketon no le teme a la oscuridad ni a las bestias del bosque, que pudieran aparecer, por eso cada noche cuando sabe que todos duermen, él se escapa para ir a visitar la tumba del padre de Charlotte, como hacía desde aquella vez. Esa sepultura que se encuentra muy cerca de la antigua casa de su amiga. Ese lugar se ha vuelto, el más pacífico y el único en el que se siente bien, y puede relajarse.
Ahí se sienta en la tierra como suele hacerlo, para sumirse en sus pensamientos, y revivir los recuerdos que ha guardado de Charlotte… los abrazos, los besos. Son su consuelo.

Alza su mirada hacia el horizonte, desde la colina en la que reposa, puede divisar una nube de humo, y algo que brilla como el fuego, va ascendiendo al cielo, sobresaliendo de los árboles. Se abren mucho sus ojos, al coincidir esa zona, justamente en donde habita su tribu. ¿Qué está pasando?. 






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