martes, 14 de enero de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo. [ Capitulo 1]







                            Capitulo- 1






Así crece desde su raíz, una melena rojiza. Pecosa y muy pálida de su piel.  A algunas personas les cuesta creer que sea real tan esplendida y extravagante belleza, que ha heredado de su madre, recientemente fallecida.
Corre y corre entre los árboles que se extienden hacia el cielo. Así es como los ve la pequeña Charlotte con esos ojos inocentes, y llenos de vida a sus diez años.
Se ha escapado de su padre. Él la perdió de vista, y ahora a gritos la llama con la esperanza de encontrarla. Pero Charlotte emitiendo risitas traviesas sigue corriendo más y más lejos, haciendo caso omiso a su padre. Le parece divertido el jugar así. Sin saber los peligros que esconde el bosque.

Tenían poco tiempo viviendo en el campo, en una enorme casa vieja, que encontraron abandonada, su padre apenas la repara. Se había cansado que en Nueva York, la gente discriminara a su hija por el matiz nada común de su cabello. Es por eso que se fue a vivir lejos con su pequeña y única hija.


Los límites de las tierras del valle Mohawk no están muy retirados de su hogar, lo que su padre sabe muy bien, por eso le inquieta que pueda pasarle algo al único ser querido en su vida.

Se detiene en seco al captar movimiento en un arbusto cercano a él. Es un conejo.
Respira, y se queda estático viendo a su alrededor, con los rayos solares traspasando las ramas de los árboles que crujían con el viento. Silencio.
« “Vamos hija te enseñaré como encontrar frutillas…” Pésima idea». Piensa arrepentido. »Tan irresponsable de mi parte, aunque entiendo que se haya emocionado, nunca había salido de casa. Pero ahora… está en peligro ».
Atento a su contorno continúa su andar.


—¡Charlotte! ¡Por favor hija, ven aquí! «Tiene que estar cerca. No descansaré hasta encontrarla. »




La faldita del vestido blanco de Charlotte se engancha a unas espinas, sin lastimarse. Con sus pequeñas manos intenta separar su vestido pero es inútil. Hala con todas sus fuerzas en vano. Es su esfuerzo, el que la hace caer de nalgas en la tierra.

Y puede oír pasos apresurados junto con voces que no entiende, cada vez más cerca. Se asusta y no sabe qué hacer, así que mira abajo y cierra sus ojos queriendo desaparecer.
Siente una presencia ante ella. Abre sus ojos y lo puede ver. Es un niño al igual que ella, pero su piel es más oscura, aunque no tanto como los que vienen tras él. Su ropa es muy extraña y la observa detenidamente sin inmutarse.

—¡Ratonhnhaké: ton! —grita un niño de los cuatro que lo siguen.



Los demás niños que vienen detrás también se detienen a mirarla, pero sus ojos  no dicen lo mismo que los del niño frente a ella. Tienen grabado el miedo.

Charlotte no entiende lo que exclaman espantados. Es otra lengua. Pero el niño que la visualiza concentrado, seguro sí.

—¡¿Quién es ella?!

—¡Es muy extraña! ¡Me da miedo!
—¡Mira su piel pálida! ¡Y su cabello como el fuego! ¡Es un monstruo! ¡Una bestia!
—¡ Ratonhnhaké: ton! ¡Por eso nuestros padres nos pidieron no ir más lejos del valle!

Uno de los niños sujeta a Ratonhnhaké: ton de su brazo.


—¡Ratonhnhaké: ton vámonos, rápido!

—Mira sus ojos. —responde en seco.

Su amigo también la observa mientras los otros niños se marchan a toda prisa.

Son unos orbes brillantes, profundos, como un par de esmeraldas grandes. Guardan un temor, gritan “auxilio”. No hacen falta las palabras.

—Ratonhnhaké: ton … será mejor que nos vayamos. —con el rabillo del ojo lo mira.

—No. Ve tú, yo iré después.
—Ratonhnhaké: ton —insiste viéndolo.


Con una mirada basta para que su amigo también se fuera. El joven nativo se inclina y estira la tela rasgándola una pizca, pero dejándola libre. Amable pero inseguro, le tiende su mano y Charlotte la coge levantándose de la tierra. No deja de verlo, admirada.


—Gracias. —pronuncia en inglés esbozando una sonrisa.



Casi involuntariamente lo atrapa en un abrazo con una ancha sonrisa. Ratonhnhaké: ton queda pasmado e inmóvil, sin entender su gesto.


—¡Atrás! —grita en inglés sin darse cuenta y la aparta  con sus manos.

—¡Oh, también sabes hablar!  —sonando emocionada— ¡Hola! —cubre su boca con su mano para evitar reír— Estás sucio como un perro callejero, pero… ¡me has ayudado! ¿Cuál es tu nombre?.

—¡Charlotte!


Resuena el grito de su padre a lo lejos.


—¡Mi papi! —inquieta sujeta la mano del pequeño nativo y se echa a correr con él.


.


.


—No, no quiero ir con mi papi… es aburrido.

—Entonces… —extiende su dedo a lo alto de un árbol— subamos… así no te encontrará.
—Pero yo… no sé…

Agachado se encorva y la carga en su espalda.


—Sujétate bien.


Charlotte insegura e intranquila cierra sus parpados, y estrecha su cuerpo aferrándose. El jovencito demuestra su agilidad, su fuerza y resistencia, trepando por el tronco y ramas del árbol, hasta lo más arriba que puede.

En una gruesa rama la deja sentarse, y él se mantiene en pie apoyando su mano en la corteza del árbol. Admiran el horizonte en todo su esplendor, la naturaleza en toda su extensión, junto con el cielo donde flotan las nubes, que pasando cubren al radiante sol de mediodía.

—Qué bonito. —fascinada Charlotte. Queda hipnotizada ante la preciosa vista que jamás ha tenido antes.


Ratonhnhaké: ton no sabe por qué siente la necesidad de estar con ella, no comprende casi nada, solo sabe que se siente muy bien. Por más raro que parezca. Nunca se ha relacionado con alguien fuera de su tierra. ¿Pero por qué? ¿Por qué cree que necesita estar con ella? Cuidarla, protegerla.

Es como si estuviera perdido en un sueño desde que la vio.
El sonido del aleteo de un águila que vuela sobre la copa del árbol llama su atención, rompiendo el silencio. Luego la gran ave vuela por enfrente de sus ojos y se eleva, desprendiéndose de sus alas una pluma. La cual cae suavemente y Ratonhaketon apoyándose en otra rama estira su cuerpo para alcanzarla y atraparla con su mano.

—Estas son valiosas. Mira. —se acerca a ella sentándose a su lado y pasándole a su mano la pluma de águila.


Charlotte no entiende mucho, pero coge la pluma y la contempla sin encontrarle algo especial.


—¡Ratonhnhaké: ton!


Suena un grito de una mujer adulta. Lo que provoca un sobresalto a Charlotte y se echa hacia atrás involuntariamente sintiendo los brazos del chico sostener su espalda. Si no fuera por eso habría caído del árbol.

Esa voz el pequeño nativo ya la ha reconocido.

—Espérame. Volveré por ti.


Dicho esto el pequeño baja del árbol. Encontrándose con su madre visualmente indignada, furiosa, y con sus manos a la cadera.


—Ratonhnhaké: ton. ¿Por qué desobedeces? Sabes que es peligroso salir del límite del valle.


Sigue sermoneándolo y captura la atención de Charlotte. Con cuidado, se mueve para asomarse y ver abajo al niño siendo regañado por su madre. Lo que la hace pensar en su padre «Papi, debe estar muy preocupado ».

Aunque probablemente es tarde para pensarlo. Esa mujer ha tomado el brazo de su hijo y se lo llevará a la fuerza.
La pequeña Charlotte, no conoce el bosque y su estómago protesta su hambre. Se levanta manteniendo el equilibrio, e intentando bajar por su cuenta, pero sus pies se resbalan de la corteza y cae golpeándose en la cabeza. Tendida en el suelo y completamente desmayada.
La madre de Ratonhnhaké: ton, antes de irse se percata del ruido y se vuelve para ver a esa niña de cabello como el fuego, inconsciente en el suelo. Sabe que cayó del árbol, del mismo en donde estaba su hijo. Frunciendo el ceño lo mira con desaprobación.


—¿Estabas con esa…? Rápido, camina. —lo sujeta con más fuerza.

—Madre, ella está sola. Debemos ayudarla. —trata de soltarse de su agarre mientras ve a Charlotte por el pie del árbol— Mira… no se mueve.
—¡Ratonhnhaké: ton! No podemos relacionarnos con esa gente blanca. Esa gente es mala. No confíes en ellos. Vamos.

Su madre ignora todo lo que le dice con la intención de ayudar a Charlotte.


Tras varias horas. Cuando atardece, el padre de Charlotte la encuentra desmayada en el suelo. Sana y salva aunque inconsciente. Se siente aliviado, contento de haberla hallado antes de que anocheciera.


.


.


Es un secreto, su amistad es un secreto, nadie aparte de ellos lo sabe. Ellos vuelven a encontrarse y juegan juntos. Ratonhnhaké: ton le enseña a trepar en los árboles, a esconderse de los lobos y osos. Buscan más y más plumas de águila que Charlotte guarda en un cofre bajo su cama. No pasa mucho para que sus padres se enteren.

La madre de Ratonhnhaké: ton se enfurece, porque aunque lo castigue, el sigue viéndola con mucha frecuencia. Mientras el padre de Charlotte al darse cuenta que ese “salvaje” no resulta tan salvaje, la deja libre, sabe que la protege, aunque sea un niño de diez años conoce mejor el terreno que él.

Por ahí corre un río con abundante agua, y lo atraviesa un camino de rocas grandes, aunque separadas. Ratonhnhaké: ton pone un pie en una piedra y de un brinco cae en la otra y así llega al otro lado.


—Ahora hazlo tú. —con un rostro inexpresivo.

—¡Sí! ¡Si puedo! —sonriente salta en una roca, y pasa a la otra pero se resbala y cae al agua.


Siendo llevada por la corriente. No sabe nadar.


—¡Ratonhnhaké: ton!


Grita manoteando el agua, en su intento por mantener su cabeza afuera del agua, y es arrastrada por el río. El pequeño nativo no es lo suficiente grande para salvarla del rio nadando. Por lo que opta por buscar una rama larga y la pone a su alcance al correr por la orilla. Charlotte la sujeta y Ratonhaketon tira con toda su fuerza pero es inútil.


—Ratonhnhaké: ton.


Suena la voz de su mejor amigo. No sabe de dónde ha salido, pero no va a preocuparse por eso ahora.


—Rápido, ayúdame.

—Sí.

Ambos tiran y lentamente la aproximan al borde del río. La ayudan a salir y tose, empapada de su vestido, se recuesta agotada en la tierra con sus ojos cerrados, jadeando. En tanto su amiguito nativo la contempla en pie.


—No deberías estar con ella. —comenta Kanéntokon— Tú madre otra vez estaba llorando.

—Yo quiero estar con ella. También es mi amiga.
—Pero… es mala.
—No es mala. Kanéntokon mejor vete.
—Pe-pero…
—Vete. —le apunta con su dedo hacia la dirección que debe seguir.

Su amigo se retira justo como desea. Ratonhnhaké:ton se sienta cerca de ella, viéndola atentamente. Charlotte abre sus ojos y gira su cabeza observándolo con una sonrisa.


—¡Gracias!


Se endereza para envolverlo en sus pequeños brazos. Un abrazo húmedo, pero a su vez cálido.


—Gracias Ratonhnhaké: ton —en un tono dulce y suave.

—Deberías tener más cuidado.

Se ha acostumbrado a sus abrazos aunque todavía no sabe cómo responder ese gesto.


—¿Qué decía tu amigo? —lo suelta para ver sus ojos.

—Tú y yo, somos amigos. —hace caso omiso a su pregunta— Por eso, yo debo darte algo para sellar nuestra amistad.

Con sus manos se quita su collar de tres colmillos de lobo que le dio su Madre, y el mismo lo cuelga al cuello de Charlotte acomodando su cabello colorido como la sangre viva.


—Así, siempre seremos amigos y yo te protegeré. Conmigo no tienes que tener miedo. —sonríe por dentro.



Charlotte frunce sus labios y le truena un besito en su mejilla. Las mejillas de Ratonhaketon se encienden inevitablemente y abre mucho sus ojos tocando su mejilla.


—Charlotte…

—Así, sello nuestra amistad. Papi así me dice que me quiere. —sonrojada sonriendo.

Ese gesto permanece en Ratonhnhaké: ton por unos segundos.


.


.


Transcurren siete años.


Inquebrantable, es la unión de los dos.

Charlotte ha aprendido mucho de él. Compiten continuamente en carreras, y en subir y saltar de árbol en árbol. Es tan sólida su relación que Ratonhnhaké: ton ya casi no habla con su amigo y sigue sin obedecer a su madre, ganándose la indiferencia de su aldea. Pero no le importa, el sigue divirtiéndose con su mejor amiga Charlotte. Ni siquiera le importa si un día lo echan de su aldea. Él sabe de caza, y todo lo necesario para subsistir por sí mismo. Su madre vive muy aparte de él, en la aldea.

Es noche y sabe dónde no hay lobos, ni criaturas peligrosas. Ahí enciende una fogata y prepara todo para cocinar un par de conejos. La primera caza de Charlotte.

Ella arrastra un tronco que les servirá de asiento.

—Te has vuelto muy fuerte y ágil. —comenta Ratonhnhaké: ton tomando lugar a su costado en el tronco, viendo cómo se cocinan los conejos en la lumbre.

—Gracias a ti. —contempla una pluma entre sus dedos.
—No, tú te has esforzado mucho. Yo solo, te he acompañado. —mira el cielo tapizado de estrellas.

Con la pluma acaricia su mejilla para atraer su mirada.


—Eres muy lindo. —exhibe una sonrisa pícara.



Sus miradas se encuentran y así permanecen. Con el vibrar de sus corazones rebosantes. Van acortando la distancia que divide sus rostros, y es Charlotte quien oprime sus labios contra los de él, tocando sus hombros.  Se inclina, quedando casi encima de su cuerpo. Intenta inexpertamente prolongar el beso con sus labios rosados temblorosos y tibios, sedientos de sentirlo más cerca. El roce primero es raro, pero resulta placentero para los dos. Sus respiraciones se aceleran y respiran sus alientos. Embriagándose. Cuando él sin querer muerde su labio inferior suavemente, lo que hace que Charlotte se aparte, tocando con sus dedos sus labios y viéndolo espantada queda enmudecida.


—Perdón.


Brota de los labios de Ratonhnhaké: ton, quien baja su mirada avergonzado y con sus mejillas ardiendo. Charlotte no sabe si lo que hizo está bien o está mal. Solo se dejó llevar. Eso anhelaba con tantas ganas, desde hace días.

Sin poder soportar la duda, se incorpora y acto seguido se echa a correr para volver a su casa, sin mirar atrás. En tanto su amigo al percatarse de su huida se dispone a seguirla, pero alguien  de un tirón lo hace volver. Viendo detrás puede ver a Kanéntokon. Tan inesperado y repentino como siempre.


—Ratonhnhaké: ton tu Madre te está esperando. Dice que es urgente y que vengas ya.








jueves, 9 de enero de 2014

Hilo Rojo [Capitulo 2]






                              Capitulo- 2


Enfrente del espejo grande de su amplia habitación. Vicky contempla su apariencia, su delgado cuerpo sin curvas, aunque sano, un sostén pequeño, piel muy pálida, por no exponerse al sol. Y en sus brazos y piernas, resaltan los moretones que le marcó su esposo. Sin embargo, su rostro tan bello y con esa mirada melancólica, enmarcado en esas ondas de cabello cobrizo, luce intacto. Claro, su marido es capaz de golpear y estrujar violentamente su cuerpo, pero, jamás ha tocado su cara. No quiere que el mundo haya afuera descubra lo maldito que es.
«Cualquier cosa… es mejor que estar sola». Dijo en su mente, y esboza una sonrisa viendo su reflejo. Empieza a maquillar cuidadosamente con un algodón esas marcas para que no se vean.
Ese hombre que tiene como pareja, de cabello medio cano, barba apenas creciendo, aún descansa en la cama matrimonial. Irá a trabajar un poco más tarde, a su oficina. Pero Vicky, tiene que asistir a su empleo desde muy temprano. Y pronto llegará la sirvienta.

El reloj indica las seis con quince minutos de la mañana. Y una mañana fresca se hace presente. Así que Vicky sale de casa con una falda larga, negra y de vuelo, en conjunto con una blusa blanca con detalles de encaje.
Tiene que apurarse para tomar un taxi, o llegará tarde a su empleo. Antes de ir más lejos de su enorme casa, echa un vistazo a la cochera, ahí su esposo tenía una Foro de Honda último modelo en color azul, solo para uso exclusivo de él.
Sonriendo, disfruta el caminar por la calle, aunque son pasos lentos y será poco, su asma no le permite más, como por ejemplo; correr, o caminar largas distancias.


José y Ricardo, suben a una Ford Edre, de modelo reciente. Ricardo toma el volante, la maleta la han acomodado atrás. El cigarrillo de los dedos de José se une a sus labios muy constantemente, casi fumaba con ansiedad. El humo va invadiendo poco a poco el interior de la camioneta en el recorrido.

—José… ya güey. No deberías fumar tanto.

Ricardo voltea a verlo al conducir y aparta su mirada suspirando. Abre un poco la ventana para que se escape el humo del cigarro.
Se escucha la risa de José.

—¿Eres mi Doctor? ¿O qué güey?

Haciendo caso omiso, lleva a sus labios el cigarrillo y observa por su ventana ahumada con sus ojos medio cerrados, llenando sus pulmones de tabaco.


Finalmente llegan al aeropuerto, siendo la una con veinticinco de la tarde. Ricardo acompaña a José voluntariamente. Esta dispuesto a viajar a Los Ángeles, para distraerse y poder componer sus letras. Arrastra su maleta de ruedas preparándose para tomar su vuelo. Van platicando amenamente y la mirada de José detecta a un ser bastante familiar para sus ojos.
Es un joven moreno, aparentemente de su misma edad, físicamente es similar a un simio, pero muestra una carismática sonrisa en su rostro, cuando también se percata del encuentro inesperado con José.

—¡Pepe!

Exclama el joven y viene hacia él, contento y con sus brazos abiertos pretendiendo abrazarlo. José, sin inmutarse, exhibe una incontenible y casi imperceptible sonrisa, al verlo venir. Claro que lo ha reconocido.
Ricardo se detiene al percibir el alto de José, algo desubicado al no saber que sucede. José, es apretado por los brazos de ese joven, y con solo una mano, palmea la espalda gentilmente, de quien parece ser un amigo.

—¡Pepe! ¡Cuantos años! ¿No? —con esa sonrisa.
—Sí, exactamente cinco años.

Ricardo truena sus dedos.

—¡Ah! Eres Gabriel. ¿Verdad? —atina y lo señala con su dedo— El amigo de la infancia de José. Casi te había olvidado güey. —suelta una risa.
—Es bueno verte después de tanto. —añade José— Pero, supongo que es la despedida. Voy a salir de Monterrey por un tiempo, debo ir a Los Ángeles. —sonando serio.
—¿Qué? —extenuado— ¿Por qué? Si apenas regrese. Quédate… mira, mi novia Grey desde hace días está en mi casa y como no te conoce te la quería presentar. Le hable mucho de ti, aparte vine para poder verte y hacer fiestas como antes ¿No te gustaría?.
—¿Tienes novia? Felicidades. —le medio sonríe José.

Ricardo se limita a escuchar sin querer intervenir en el encuentro de amigos, aunque debería. José puede llegar tarde a su vuelo.

—¡Sí, tengo novia! —responde Gabo. Su rostro se ilumina— ¿Y tú güey? ¿Cómo vas en el amor?.

Hay silencio. Solo el ruido del aeropuerto, voces de la gente alrededor y pasos, se escuchan. José, gira su cabeza con una mirada perdida. Un tema que sin duda es “Tabú” con él.

El dolor, que ha enterrado muy dentro, quiere brotar, pero lo contiene con todas sus fuerzas, con todas sus ganas. Transformándolo en odio, en rencor, en lo más negativo. Así ha sido… desde hace tiempo. Así es mejor.

Ricardo mira a José, luego a Gabo, esperando que uno de los dos diga algo, o el silencio va a matarlo. ¿Qué puede hacer?. Es un tema delicado para José.

—¿Qué pasa güey? —cuestiona Gabo perdiendo su sonrisa. Busca su mirada, no le gusta como se ve— ¿Paso algo con Victoria?

La última… la más reciente, ahora, ex-novia de José. El simple hecho, de escuchar su nombre, le revuelve el estómago, le retuerce sus entrañas. No puede haber nombre más horrible, más repugnante y más odioso.
Todas sus novias, lo habían decepcionado, engañado, traicionado, tratado… como si no les importara el tanto amor que él les brindaba. De cada una, recibió una puñalada al corazón, un golpe a su orgullo. Pero Victoria, fue la más detestable, la que más jugó con sus sentimientos, la que por ningún motivo deben recordársela.

—No vuelvas a decir su nombre. —masculla viendo al suelo— Desde hace mucho se acabó. Ya no hay nada.

Ricardo, lo observa de reojo y Gabo traga saliva. El modo tan crudo con que lo dice, lo pone nervioso. ¿Lo habrá hecho enojar?

—De acuerdo. Perdón, no lo haré más. —promete Gabo, sintiéndose incómodo.

Aclarando su garganta a propósito. Ricardo interviene.

—Pepe, perderás el vuelo… se hace tarde. —intenta recordarle.

Su amigo, no deja de ver el piso. Tras unos segundos levanta su vista para ver los ojos de Gabo.

—Tienes razón güey —ignorando a Ricardo— Podemos hacer fiestas como antes ¿Lo recuerdas?
—¡Sí, claro que me acuerdo! ¡No te vayas! ¡¿Para qué te vas?!

José vuelve a bajar su mirada, pero frunce el ceño.

—Para estar solo, relajado, en paz. Silencio… para componer la lírica del nuevo álbum, pero… —mira a Gabo— Tú tienes novia y eso hay que festejarlo. Es un milagro. —alza su barbilla haciendo una mueca en lugar de soltar la risa.

Ricardo interrogante no deja de ver a José. Y Gabo festeja bailando de una manera improvisada, sin importarle el ridículo que esté haciendo, sacándoles risas a los dos integrantes de Panda.

.

.
Un restaurante grande, y llamativo, por su elegancia en matices dorados y rojos por fuera, y por dentro, mesas, y suelo de madera, aunque con asientos cómodos. Arriba, en el techo cuelgan linternas de papel rojo, junto con los adornos y detalles tradicionales en la fusión de tres culturas orientales, hacen que “Itadakimasu” sea el restaurante de comida extranjera más destacado de todo Monterrey y de todo San Pedro.
Algunos clientes se encuentran degustando sus platillos de comida coreana, japonesa o China. Con su uniforme de mesera en blanco y negro, Vicky, se dirige a servir a unos clientes, con una amplia sonrisa, tan natural y dulce.
El joven encargado y subjefe del restaurante, no le quita la vista de encima. Mientras finge revisar unos papeles “supuestamente importantes”. Es tan radiante su presencia que lo hace sonreír sin querer.
Sus ojos son rasgados pero no pequeños, su cabello oscuro y lacio, pero bien peinado. Siempre viste un traje con todo y corbata, o solo camisas abotonadas. Para ser japonés es bastante atractivo. Indudablemente fue la sonrisa de esa chica lo que lo cautivo demasiado, siempre sonríe, pase lo que pase, y nunca deja de trabajar, ante todo enfocada en lo suyo. Aunque es muy callada y algo torpe, para él es...

¡Crash!. Algunos platos con sobras que recoge de una mesa se le resbalan de las manos. Los pedazos de vidrio, yacen en el piso. Enseguida comienza a recogerlos avergonzada y el joven japonés aprovecha para acercarse a ella. Inclinándose para ayudarla.
Algunas personas se ofenden o les incomoda el ver tal escena y los miran con desaprobación antes de ignorar.

—Ten cuidado. Te puedes cortar. —con su mirada cuida las pequeñas y delicadas manos de Vicky.

Domina muy bien el español, después de vivir tantos años en San Pedro Monterrey. Ayudándole a su padre a administrar uno de sus negocios.

—No, no Akiva. Usted no debería hacer esto. Déjeme hacerlo yo por favor. Gracias. —un rubor brota de sus pálidas mejillas y se apresura a recoger los trozos, enderezándose y llevándolos a otro lado.

Al japonés se le escapa un suspiro y la sigue con su mirada admirado.

Un par de meseras que lo vieron todo asomando sus cabezas desde la puerta que lleva a la cocina, arrugan el ceño disgustadas.

—Es tan obvio. —dice una, que tiene el cabello teñido de rubio.
—Lo sé, y sé también que a ella tiene mejor sueldo. No es justo. —dice la otra, de piel canela.

Siempre se esfuerzan para agradarles a Akiva, incluso lo seducen, con el fin de ganar más dinero, pero él no cae en sus trucos baratos. Prefiere mirar de lejos a la dulce, inocente, torpe e ingenua Vicky.
Para sus compañeras es tan rara, infantil, e inmadura. Y bastante tonta, sin gracia. Pero para Akiva, es un tesoro, un diamante en bruto, ya que es diferente a todas las mujeres que ha conocido. Es de esas mujeres que parece que se habían acabado con el tiempo, lo que la destaca y la hace tan especial, tan única.



—El hilo rojo… es un lazo invisible, que une y conecta a las personas destinadas a estar juntas, sin importar tiempo o circunstancias…

Le cuenta Akiva a Vicky, en su hora de descanso. Están juntos en el comedor para empleados del restaurante, sentados en una mesa, él frente a ella.  Algunos otros empleados en su contorno con rostros cansados, comen sin muchas ganas.
Siempre le hace compañía, ya que ningún compañero le habla por ser “rara”. El tomando una de sus manos, mirando sus ojos fijamente y lo más cerca que puede de ella, dibuja un circulo con su dedo en la palma. Haciéndole sentir un cosquilleo que recorre su espalda y sus mejillas se colorean, mientras ve como acaricia su mano, de una forma tan peculiar.

—Ese hilo puede doblarse, estirarse, pero jamás podrá romperse. —mira su rostro y deja de tocar su mano, tomando su distancia.

Vicky ya no tocó sus tres tacos de bistec que llevó para el almuerzo.

—¿Esa es… la leyenda Japonesa que más le gusta? —con una expresión de asombro.
—Es mi favorita y creo en ella. —le sonríe.

Se traza una sonrisita en los labios rosados de Vicky.

—Pues… es muy bonita, pero. ¿No sería genial poder ver si tiene ese hilo rojo con alguien?

Permanece un momento viendo sus ojos avellana, y manteniendo esa sonrisa.

—No sabes… como quisiera.



Una mujer rubia con sombras negras y espesas en sus grandes ojos azules. Vestida de negro y al juzgar por la expresión de su rostro podrían jurar que está enojada. Es quien les abre la puerta.
—¡Grey, mi amor! —la saluda sonriente Gabo.
—Estaba escribiendo, pero llegaron ustedes. —en un tono seco y con voz grave.
—Ay, perdón. Llegamos en mal momento entonces. —agacha su cabeza intimidado.

José inevitablemente la examina de pies a cabeza. La chica tiene lo suyo, si no fuera la novia de su mejor amigo, la llevaría a la cama sin dudarlo. Lo que más le impresiona es ¿Cómo hizo su amigo para relacionarse con una mujer tan sensual?

—Bueno… —con un hilo de voz, Gabo, voltea su mirada a su amigo— Mira… él, es mi amigo Pepe. Casualmente nos encontramos en el aeropuerto. —Más relajado.

José no puede con la tentación de mirar las piernas de la chica. Usa un pantalón muy corto de mezclilla y unas medias negras, junto a unos botines “Martin´s” en rojo, hacen que luzca muy sexy.
—¡Eh! ¡Acá arriba! —Grey cruza sus brazos por su pecho y mira a José disgustada.
—Hola. —alza sus cejas y medio sonríe— Es un placer.

Grey solo lo contempla frunciendo el ceño.
.

.
—A Itadakimasu —pronuncia Grey viéndolos a los dos con un rostro inexpresivo— De hecho, desde que llegué a Monterrey el sábado, quería ir, pero no sola. Así que… ya que has venido Gabo y te reencontraste con tu amiguito, vamos. Sabes que amo esa comida.

En una sala color marrón, dentro de un espacio acogedor y elegante de la casa. Le han ofrecido Whisky a José por cortesía. Mientras disfruta sus tragos,  ve como discute la pareja. Grey, es muy hermosa, una rubia sensual, pero su actitud deja mucho que desear. No le gusta el modo en el que se expresa, ni siquiera lo conoce, y le llama “el amiguito” en su cara.

—¿Por qué quieres comer ahí?. ¡Qué asco! ¡¿Comida china?!
—No solo China, también hay Coreana y… ¡Japonesa!. Comeré todo lo que pueda. —se traza una sonrisa en sus labios— La mejor parte, es que tú lo pagarás todo.

Grey es una gran aficionada al Anime y Manga, por lo tanto también a esas culturas orientales, aunque no lo aparente.

—¡O vas conmigo… o! —lo apunta con su dedo dando así énfasis.
—Sí, sí, sí está bien —sonando resignado— Vamos a comer ahí. Y sí, yo lo pagaré todo —dice sin muchas ganas.

José con confianza agarra la botella de whisky y se sirve un poco más, desinteresado totalmente de su conversación.

—Pero, que Pepe también vaya. —añade Gabo.

El mencionado alcanza a escuchar y voltea a verlos interrogante.

—¿Yo?... —con un gesto de extrañeza. Ahoga una risa— Jamás, no me gusta esa comida. Y si yo digo no, es no. —sonríe una pizca al verlos.

.

.
Grey es maestra de Tae kwon do. Así que de un simple empujón los hizo entrar al restaurante sin importarle nada.
Le había gritado a ambos, casi los golpeaba y termino obligándolos a ir al restaurante con ella. No quiere ir sola, y aparte desea convencerlos de que la comida es deliciosa. El escucharlos decir “no me gusta” es inaceptable para ella, cuando ni la han probado.

—¿Qué le sucede a tu novia güey?. Ha de tener algún problema. —murmura viéndolo con el rabillo del ojo.

Grey camina tras ellos, fascinada viendo cada detalle del lugar. Un empleado, el mismo que les dio la bienvenida los conduce a su mesa.

—Déjala, ella es así. Y así la amo —responde Gabo haciendo una breve pausa— Es diferente ¿No crees? —le guiña un ojo al sonreír

Pepe con una mueca mira a otro lado.
Toman su asiento y una música tradicional japonesa se escucha levemente por todo el sitio. El joven les entrega el Menú.

—Enseguida los atienden.

Con una sonrisa tajante el joven se retira.

—No quiero comida china. —aclara Gabo evitando ver a su novia.
—Ni yo. —le sigue José viendo la carta del Menú.
—Pues, se las recomiendo. La japonesa y coreana les parecerá más extraña, créanme. —sugiere Grey levantando una ceja.
—Já, para mi es igual, toda es comida china. No hay diferencias. —se burla José.
—Eh… Pepe, mejor no digas nada güey. —algo nervioso Gabo puede notar como la mirada de Grey, cambió.
—¿Por qué? —inquiere José, fingiendo no entender que hay de malo— Es la verdad güey.

Con su puño Grey golpea la mesa y estando por ponerse de pie y decirle algo. Una voz interrumpe.

—Disculpen…

Una joven morena y de nariz ancha, alta y muy delgada. Con su mirada se dirige a Grey.

—¿Puedo tomar su orden señorita?
—Ah, sí, claro.

La novia rubia de Gabo empieza a pedir su platillo japonés. Luego Gabo opta por uno chino, en tanto José medio aburrido desvía su mirada y con ella viaja por el lugar. Viendo los comensales, mesas, adornos, cuadros en las paredes con pinturas interesantes, esculturas de dragones dorados, hasta hay una fuente llena de luz al centro del restaurante.
Y su mirada tiembla cuando siente que su corazón da un brinco. No puede ser posible. ¿Otra vez la está viendo?. La chica de cabello como el cobre, es el mismo rostro sonriente, está atendiendo otra mesa. ¿Estará alucinando?. No… se ve tan real, sin duda es ella de nueva cuenta ¿Pero, por qué? ¿Por qué siempre se la encuentra? Ni siquiera la conoce, y ya van tres veces que la ve. No es común.

Aunque este, obviamente es su trabajo, es demasiada casualidad. ¿Por qué se ha quedado congelado? No deja de verla. ¿Quién es ella?. Ladea su cabeza para no perderla de vista, ya que otro mesero le impide verla directamente. 

sábado, 4 de enero de 2014

Teengears [ Engranajes deben trabajar juntos ]







Capitulo-19—Engranajes deben trabajar juntos—








La voz de Gerard resuena adentro de las naves de Break, Greg, Steve y Derek.

—¿Break? Así que tú eres ese tal Break, y la panda de idiotas que viene del futuro pretendiendo acabar con el Haarp?

Estalla en carcajadas, y con unas señas de su mano, les indica a sus tres soldados que sujeten a Edric y lo traigan a él.
Uno de ellos, con una hoja de un filo fino, roza el cuello de Edric sin herirlo. Él no puede hacer ni el más mínimo movimiento, solo traga saliva, en tanto María impotente no puede hacer más que mirar, odiando que Gerard tenga el control.

Seungri y Lea se muestran inquietos ante la imagen de Edric siendo sometido. Break, con una mirada les pide calma.
Al principio Gerard deseaba ir al refugio del equipo Break, para terminar con ellos, pero al ver que solo cuenta con tres soldados, y que por la presión tan intensa del nivel en el océano donde están, será imposible que lleguen refuerzos. Piensa que será más beneficioso si los usa a su favor, ya que seguramente cuentan con tecnología más avanzada, por lo visto pueden trabajar para él.
Por otra parte Break se siente mal, nunca creyó que fueran descubiertos. Ahora no podrán volver al futuro este se verá alterado. Han quedado atrapados en el 2100, y ya no hay vuelta atrás. Ya no hay más viajes, ya no hay más esperanza para su época.

—Hagamos algo... Break —continúo Gerard—Aunque te parezca bastante trillado. —mira hacia la nave más grande que flota ante ellos— Tú y tu equipo vienen con nosotros a formar parte de la servidumbre o... Tu amiguito muere. Tú decides. —Levanta una comisura medio sonriendo.

Greg, Steve y Derek aguardan las indicaciones u órdenes de Break. Mientras el líder dirige su mirada a los "jóvenes engranajes". Manipulando un control de audio para que lo que diga no pueda ser oído por la nave de Edric.

—Ustedes han dicho que están listos. Entonces...

Desactiva los sensores que no eran más que lucecitas que caen al suelo, haciendo que los jóvenes se sientan de alguna manera "desarmados". ¿Cómo podrán hacerlo sin los sensores? Ellos les dan esa fuerza y resistencia, ese poder sobrehumano, al menos eso creen.

—Andando vayan por Edric ¿Qué esperan? —une ligeramente sus cejas al verlos.
—¡P-Pero Break! ¡¿Estás loco?! —Reclama Lea viendo temblorosa su cuerpo sin los sensores— ¿Cómo es que…?!
—¡Ustedes dijeron que están listos! ¡Crean en ustedes mismos, así como yo creo en ustedes!

Seungri ni puede hablar, no entiende nada, todo es tan repentino.

—Si no pueden con esto... ¡¿Cómo piensan enfrentarse lo demás?! —remata Break disgustado.

Lea agacha su cabeza y apretando sus puños intenta encontrar el valor en ella. Seungri tocando su brazo mira a Break, y pasa a mirar a Lea inseguro.
Esa molesta voz vuelve a oírse.

—¿Qué pasa?... ¿Acaso quieren que su amiguito muera? Ah, cierto…también tenemos a su otro amigo. Jake, creo que se llama. Él está siendo controlado por el Haarp pero si ustedes quieren también podemos terminar con su vida —risa.

Break no quiere más que probar de lo que son capaces los engranajes, puede usar a los Alienbots si quiere, pero necesita verlos actuar de una vez.
Llego la hora de que Seungri demuestre lo mucho que ha crecido, lo que ha madurado. Sin más, coge la muñeca de Lea y ella relaja su puño volteando a verlo a su costado. Se miran a los ojos.

—Vamos Lea, lo haremos juntos. Todo saldrá bien ¿De acuerdo? —ensancha una sonrisa cálida.

Los orbes azulados de Lea se abren tanto. Sus palabras tan serias, tan seguras, sin una señal de que bromea o miente. Una punzada extrañamente placentera en su pecho, causada por la sensación de recibir un tipo de flujo de energía a través de su tacto, logrando ver muy dentro de sus ojos rasgados encuentra que hay cierta conexión entre ellos, siente que juntos lo pueden hacer, que juntos lo lograran, son un equipo, son uno mismo.
Asintiendo como respuesta y tomándolo fuerte de la mano, se encaminan para salir de la nave sin pensar en mas que "cumplir el mandato de Break". El mencionado les informa a los demás para que estén atentos. Y el par de jóvenes sin soltarse de la mano, dejan la nave inmensa de Break para nadar juntos hacia la nave de Edric . Pasando desapercibidos.

Se percatan de que pueden respirar en el agua, sus pulmones se llenan de oxigeno lo que los llena de gozo y a la vez los deja perplejos. Los rizados y dorados cabellos de Lea, bailan en el agua, mientras avanzan hacia el objetivo.

—¿Cómo entraremos sin ser detectados? Hay que ser muy rápidos. Edric... no podemos permitir que le hagan daño.

Piensa Lea, que inesperadamente puede ser escuchada por Seungri.

—¿Lea? ¿Cómo puedo oírte? ¿Tú también puedes oírme? —voltea a verla.

Estando por llegar a la nave.

—S-Sí. Esto es demasiado raro, pero no es momento de averiguar el por qué Seungri. No hay tiempo. —le dirige una mirada fiera—
—Cierto, cierto... Y tienes razón debemos ser muy rápidos. —exhibe una sonrisita.

Ni siquiera se imaginan el "por qué". La razón que desconocían era por posesión del "Diju y Lubus" esos espíritus marinos que viven dentro de ellos.
Empiezan a abrir la puerta inferior de la nave de Edric, tal y como les enseñó Steve en el entrenamiento. Imagen que puede ser vista por Zafrina y el grupo de guerreros desde la masa de energía llamada "Migima".
Los vigilan a través de la distancia esperando el llamado de los espíritus, por lo pronto tienen que vigilarlos.


Break entretiene a  Gerard con algunas palabras, preguntas etc. Haciéndolo creer que probablemente acepten su condición.
Los jóvenes se infiltran a la nave saliendo del elevador interno, completamente secos. Ruido que captura las miradas de Gerard y los tres soldados, antes de que pudieran reaccionar, Lea y Seungri ya están tras los soldados y la mano de Lea le arrebata la hoja al soldado, clavándosela al cuello y brotando sangre, cae moribundo al piso. Seungri se defendía y golpeaba al otro par, pero no será suficiente, no tienen tan desarrollado el combate cuerpo a cuerpo. Break los mandó sin la más simple arma, sin embargo, el parece resistir más que los soldados,  y esquiva los rayos láser deteniendo el arma con su mano. Lea avanza hacia uno de ellos, y en un salto se echa sobre el enemigo como una fiera cortándole la garganta con la misma hoja manchada de rojo, una escena brutal que deja atónito a Gerard y boquiabierta a María y Edric. Seungri, por ser golpeado en un punto preciso, cae al suelo inconsciente, y el soldado se apresura a atar sus muñecas y tobillos con los aros de energía azul.
Lea percatándose de esto deja al soldado desangrándose sin parar en el suelo, y se dirige hacia el otro, levantando su hoja, la desciende directo al soldado quien en un segundo se mueve para coger a María y usarla de escudo, recibiendo el impacto en su lugar, viendo como esa hoja es clavada por su hombro y comienza a salir ese líquido rojizo.

—¡Ah! ¡Mierda! —chilla María viendo su hombro con la hoja enterrada y tiembla viendo los ojos de Lea.

Lea, siente que algo muy grande cae sobre ella ¿Cómo pudo fallar? Se queda inmóvil viendo directamente a María y distrayéndose totalmente.

Break alertado se dirige a sus compañeros.

—Prepárense. Tomen el control de sus Alienbots. Lea y Seungri necesitan ayuda.

Despierta al grupo de ocho Alienbots desde los controles de la nave. Son expulsados de la gigantesca nave de Break y nadan directo a la nave de Edric. Son conducidos por el equipo Break. Cada uno maneja a un par de Alienbots.

El único soldado que queda vivo, extrae un par de aros más y Edric lo capta.

—¡Lea! ¡Cuidado!

Pero es tarde Lea es atrapada por los aros de tensión y el soldado la tumba al suelo sobre el desmayado Seungri. Es imposible el librarse o moverse con los aros. El androide ahí derrumbado también los tiene atados, por eso no puede moverse desde hace rato.

—¡Esos son los Alienbots! —grita Gerard al vislumbrarlos—¡Vienen hacia acá! ¡Mueve la maldita nave! —gruñe—
—¡No Edric no lo hagas! —exclama Lea desde el suelo y una bofetada por parte del soldado la deja callada y cabizbaja.
—¡Hazlo o mueres! —Amenaza.

Le da un empujón el soldado, y Edric con sus manos temblorosas e inseguras toca el tablero de control de la nave. El sonido de golpes como si cayeran varios costales con peso sobre la nave, alarma a Edric y los demás. La nave vibra. Son los Alienbots que con sus brazos y piernas, se sujetan de la nave y uno de ellos, de su largo y delgado brazo, sale un tipo de cañón y emite una luz reluciente pretendiendo abrir la nave para entrar, pero Edric es obligado a dirigir la nave lejos, y es tan veloz su desplazamiento que parece desaparecer de la vista de Break.

—¡No se escaparan! ¡Rápido se dirigen a la superficie! —indica Break a los demás frunciendo el ceño.

Las naves del equipo Break se abren para dejar entrar a sus Alienbots y se desplazan a la misma velocidad siguiendo el rastro de la nave de Edric.


Gerard avisa al centro de control del Haarp, para que organicen la defensa y se prepare el ejército. María con su bufanda que enredo para apretar su hombro y que dejara de sangrar, emite gemidos con una mueca de dolor sentada cerca de los jóvenes inmovilizados y el androide.

—¿Quién eres tú? —le pregunta Lea viéndola por encima de su hombro.
—Después te digo... —brota de sus labios.

A causa del ardor de su herida es incapaz de pensar, y siquiera articular una palabra más.

—Perdón por eso. Descuida, saldremos de esta. —le sonríe.


María solo puede verla con ese gesto de sufrimiento queriendo creer en lo que dice.

Edric es obligado a ir más rápido, y evitar a toda costa que los alcancen. Así llegan al  centro de control del Haarp en  Alaska, cubiertos de blanco el laboratorio y la concentración, inclusive están cayendo esos copos de nieve, envolviéndolo en un ambiente eternamente invernal. La nave de Edric desciende y les permite salir, primero a Gerard apoyándose en su bastón de oro, siendo seguido por el soldado que arrastra con una soga a Lea y Seungri, desde sus pies. Otros soldados aparecen y se llevan a la fuerza a Edric y María, otro más se divierte dándole descargas eléctricas al androide el cual queda paralizado, no dudara en hacerlo pedazos en cualquier momento.
Algunos otros se encargan de sacar los cadáveres de los otros soldados de la nave lo más rápido posible. Lea puede ver cómo sale vapor de su boca y nariz al respirar, y voltea a ver a Seungri. Sigue inconsciente. Le es imposible mover su cuerpo, lo que la llena de rabia, que solo puede contener. ( Break, y los demás ya vienen...) No sabe a dónde van a ser llevados, o que harán con ellos, lo único de lo que puede estar segura es que Break los salvará.

—Seungri... Seungri abre esos ojos de rendija que tienes. ¡Tú dijiste que lo haríamos juntos! —Le echa un vistazo.

El soldado le da un tirón más fuerte. Puede ver como están entrando al laboratorio nuevamente, pero son conducidos a otro sitio más al fondo, más abajo, por la oscuridad.


Las naves de Break y los demás se posan en el cielo del laboratorio, desde arriba Break puede ver como ese imponente lugar muy cerca de la concentración del Haarp, es cubierto por todo un ejército, ya están preparados con su artillería, y naves redondeadas con cañones implantados, para defender el Haarp.
Necesita destruir al Haarp pero la prioridad se ha vuelto Lea, Seungri, Jake y Edric. ¿Qué clase de líder sería si deja morir a cuatro miembros de su equipo?...
Aunque por otro lado se enfada ¿Cómo es que Lea y Seungri no pueden hacer nada para defenderse? ¿De qué ha servido tanto entrenamiento? ¿Tanto tiempo invertido?. Tenía la decisión en sus manos y no contaba con mucho tiempo, aquella milicia está apunto de atacarlos. ¿Los debería abandonar? El Haarp está ahí, sabe que si desea salvar a Jake debe destruirlo, y no solo para salvar a Jake que en estos momentos debe estar como loco, queriendo asesinar como un monstruo descontrolado a quien se le ponga enfrente.

Una voz interrumpe su análisis mental.

—Break, enviemos a los Alienbots. —Sugiere Steve.
—Solo son ocho Alienbots. Contábamos con Lea y Seungri. —Agrega Greg— Nuestros enemigos nos superan en cantidad.
—Lea y Seungri ni siquiera tienen su armamento. ¿Break por qué los enviaste a ellos? —Cuestiona Derek.

.

.

—El que sean inmunes al Haarp sigue siendo un misterio. Sin embargo, no son inmunes a la muerte ¿Cierto?..

Habla Gerard viéndolos a traves de una pared de cristal. Del otro lado están siendo encerrados: María, quien no retira su mano de su hombro herido como si así mitigara el dolor. Lea, quien sostenía a Seungri quien  aún no reacciona, por lo menos ya podía moverse los aros de tensión les fueron liberados. Y Edric, quien gira su mirada hacia los gruñidos que provienen desde un rincón muy oscuro de la habitación, vacía  y llena de polvo, telarañas y un olor a sangre, muy ligero pero perceptible. Si... es exactamente la misma habitación en donde fue encerrado con Jake y María anteriormente. ¿Será que esos sonidos guturales son de Jake?

—Los dejo con un amigo suyo, para que se diviertan con él. —Tajante, brota una risa de sus labios y se marcha.



Lea con una rodilla en el suelo por sostener la espalda de Seungri en sus brazos, junto con Edric y María, dirigen su mirada a la figura masculina que se acerca lentamente hacia ellos.