miércoles, 14 de mayo de 2014

Hilo Rojo [Capitulo-7]














                           Capitulo-7










Podría ignorar la ruidosa llamada, pero no tiene las agallas. Hay algo que le pide que conteste.

—¿José? —dándole la espalda al japonés, y encogiéndose de hombros.
—Ese mismo. ¡Eh!, te tengo un trato.
—¿Trato?
—Este reloj que me diste…es de muy mala calidad. No me gustó. —dice mientras revisa con su mirada el objeto cubierto de oro— Asi que, no creo que pueda aceptar tus “gracias” así.
—No entiendo ¿Cuál es el trato?
—Bien, la cosa esta así. Para aceptar tus agradecimientos tendrás que ser como mi esclava durante tres meses. Solo así, aceptaré tu gratitud, y estaremos a mano.

Aunque suene absurdo, solo busca divertirse. Está seguro que al ser tan tonta estará de acuerdo.

—No.

Ante la inesperada contestación, José abre mucho sus ojos, sintiéndose casi ofendido.
Y es que Victoria se ha prometido a ya no volver a permitirse más locuras que involucren a este desconocido hombre, del que apenas sabe su nombre. Pero ¿Por qué? ¿Por qué sigue enredándose con ella? ¿Con que propósito?
¿Después del trato que le brindó, espera que haga lo que le plazca con ella? De ninguna manera. Ya está lo suficientemente madura como para caer.

—¿Entonces no?.
—No José. Perdóname, no entiendo porque quieres hacer esto. —traga saliva. Está agarrando coraje para hablar— Creí que solo te molestaba. ¿Acaso estás…loco? Ta-Tampoco es que hayas hecho la gran cosa...Adiós.

Cuelga.
Se desconoce asi misma. En ninguna otra ocasión le había hablado así a un hombre. Pero tiene que hacer un alto, justo ahora.  No quiere tener problemas con su marido, si se llegará a enterar…

Cuando baja el móvil de su oreja, pierde el equilibrio, y se balancea, como si las únicas fuerzas que le restaban, se hayan ido con las palabras que le ha dicho. Akiva le deja recargar su espalda en su pecho, y así la sostiene. Mareada, medio cierra sus ojos, y siente que su garganta se contrae, y sus pulmones se ponen tensos. Respira de su inhalador que tiene a la mano.

—Victoria…¿Quién…?
—No importa. —se sostiene en pie y guarda el celular en su bolso volteando a verlo— Gracias por todo, pero debo irme…mi esposo…
—Precisamente de él quiero hablar. No me digas que él es quien te hizo eso. —observando sus brazos con manchas cafés y medio violetas.
—¿De qué hablas? Esto es… —mirando a otro lado— Perdóname. Pero no tengo tiempo para explicaciones. —avanza como puede, ya que sigue con su debilidad.

Akiva le bloquea el paso con su cuerpo.

—Tú perdóname a mí, pero no te dejaré ir hasta que me lo expliques. —arrugando el entrecejo la mira fijamente.

Un temblor inevitable se adueña de Victoria. Su rostro y labios, pierden su color.





—¡Mierda!

Refunfuña José apartado en aquel pasillo bien decorado con dos cuadros.

«¡Maldita perra! ¡¿Cómo se atreve a decirme eso?! ¡Esto no se puede quedar así! Vas a ver cabrona…»

La piel de su cara, tan enrojecida, y esas facciones endurecidas, delatan su sentir.

»Quieras o no serás mi maldito juguete. ¡Porque yo lo digo! ».

No está acostumbrado a ser rechazado, ni ignorado. Por lo tanto resulta más que humillante, se siente ridiculizado. Sensación que no soporta en lo absoluto.
Toma un respiro y acto seguido escoge el número de su amigo “Gabriel Montiel” del directorio. Sin importarle la hora que sea. Sabe que atenderá su llamada.

—¿Hola? ¿Pepe? ¿Qué pasó güey? —con voz ronca.
—Güey, nunca creí que dijera esto pero…necesito tu ayuda.

Gabo todavía no recupera sus sentidos del todo. Ya estaba durmiendo a lado de su novia Grey, quien sigue dormida. Desprende un poco su espalda del colchón, y se apoya en su codo, frotándose sus ojos para despabilarse.

—Estaba dormido…
—¿Tan temprano? Apenas son las diez de la noche.
—¡Ah! Teníamos sueño… —enjuaga su rostro con su mano.

José se pone cómodo, recargando un costado de su brazo en la pared del pasillo.

—Verás, necesito una maldita distracción es todo. Y creo que la mujer rara esa que tú conoces. Podría servirme.
—¿Cuál mujer?
—La tipa esa que trajiste a mi casa esa vez.
—¡Ah! ¡La chica del restaurante! —como resorte se levanta sentándose al borde de su cama, ya bien despierto— ¡Eh! ¡Lo sabía! ¡Sabía que te gustaba ella amigo!


«No puedo creer que recurra a Gabo. Pero es preferible a poner en riesgo mi reputación y orgullo».
José trata de explicarle el favor que quiere que le haga, y su propósito.

—Ah ya…Pepe, eso suena muy cruel. No seas así con ella.
—Tú solo cállate y ayúdame. ¿O qué? ¿No eres mi mejor amigo? Además, solo tú puedes hacerlo, ya que la conoces.
—Bueno…conocerla, conocerla, mucho, pues…
—¿Sí o no?
—Mira…lo difícil para mí será ocultar lo que debo hacer de Grey. Si se entera de lo que voy a hacer, o de nuestras intenciones. ¡Nos va a matar!
—Sé que lo harás bien. —sonríe una pizca.

¿Será que solo es por “diversión”? ¿O solo es un pretexto que sin darse cuenta, José busca para acercarse a ella?




Victoria sigue intentando irse. Pero ya sea que trate de ir por la derecha de Akiva, o su izquierda, él se mueve de modo que le impide el paso. Los nervios en la chica son crecientes, y muy alterantes. Con su vista abajo se rinde, pero no del todo.

—Akiva te lo pido por favor. Déjame ir…si llego tarde —se le resbala de la lengua, y corta su oración, esperando que no haya puesto atención.
—¿Si llegas tarde a casa? ¿Qué sucede Victoria? Dime…

Da un paso hacia ella, teniéndola muy cerca de él. Pone sus manos sobre sus hombros.

—Quiero que te calmes ¿Está bien? No te presionaré más. Lo entiendo todo.

Su voz es tan profunda, que parece acariciarla con esas palabras.

—Solo que...no permitiré que te ponga una mano encima otra vez. No sé mucho de ti, y tampoco te conozco lo suficiente. Pero…

Victoria alza su mirada. Y sus ojos se enlazan con los de Akiva.

—En tus ojos veo tristeza —continúa— Y eso no me gusta. Esta noche vendrás conmigo a mi casa.


La joven de un sobresalto esta por gritar…
Akiva la rodea con sus brazos en un abrazo firme, cálido. Que la deja como aturdida.

—Él te hace daño ¿Cierto? Y si llegas tarde, lo volverá a hacer. Yo no podría dormir, ni quedarme tan tranquilo, sabiéndolo. No es bueno ni para ti, ni para mí.
—Akiva… —es incapaz de corresponder su abrazo— ¿Por qué lo haces?

Es difícil asimilarlo para Victoria. Más difícil comprender por qué su propio corazón está respondiendo tan inquietante. ¿Será por el miedo? ¿O por otro sentimiento?

Termina en la cama de la habitación de huéspedes en casa de Akiva. No logra conciliar el suelo hasta que casi amanece. ¿Qué pensara su esposo sobre esto? Tendrá que regresar mañana a su casa para explicarle —para enfrentarlo— aunque sabe lo que sucederá…ya está acostumbrada.




Un día soleado, caluroso y rutinario.
En el restaurante no hay muchos comensales. Victoria regresaba de su descanso, y en el corredor de casilleros se pone de vuelta su mandil largo, y en el espejo de la puerta de su casillero se revisa sus dientes, haciendo su mejor sonrisa.

—Si conseguimos más pruebas podríamos denunciarlo.

La súbita voz de Akiva la hace brincar del susto, y algo tímida, da media vuelta para verlo ahí ante ella, firme, y con sus manos a la cadera, viéndola directamente con esos ojos rasgados.

—Mientras tanto podrías volver a casa solo por una muda de ropa y lo que necesites —eleva sus cejas— Lo traes todo a mi casa, te daré llave. Para que estés más segura, en tanto yo me encargo del resto.
—No es tan fácil como parece. No conoces a mi marido. —desvía su mirada—
—Tú no te preocupes por eso. Ahora…
—Akiva —lo mira a los ojos— Agradezco tú preocupación, en serio, muchas gracias. Pero… te voy a pedir que por favor no te metas en mi vida. Estoy bien. —fuerza una sonrisa.
—Victoria… —arruga el ceño.
—Tampoco me conoces a mí. —dice en voz baja antes de dar la vuelta y encaminarse directo al trabajo.

“Ningún otro hombre se fijara en ti. Cuando se entere que no puedes ser madre” “Una mujer tan inservible e inútil como tú ¿Quién la va a querer? Ni siquiera puedes dar una familia” “Yo a pesar de saber que eres estéril y asmática te quiero, de verdad Victoria. Perdón por lastimarte…”

Todas esas palabras que le ha dicho su esposo, viajan por su cabeza dando vueltas y vueltas. Mientras camina hacia las mesas del restaurante, con una libreta de notas, y bolígrafo para tomar su orden. Por más que quisiera vaciar su mente, no puede.




Una camioneta negra, corre por la vía pública no muy transitada de San Pedro. Siendo conducida por José, que usa unas gafas de sol, y luce su cabello peinado todo hacía atrás.

—¿Entonces qué? ¿Ya pensaste cómo ayudarme?

Gabo algo tenso, se ha distraído viendo por la ventada del copiloto.

—Güey… —José voltea a verlo de reojo por un segundo.
—¿Qué? Ah…bueno. —inseguro baja su vista— Verás, estaba pensando ¿Y si retomas el viaje que pensabas hacer? Tú sabes. Yo cuando volví a la ciudad, te detuve para que no te fueras y pudiéramos pasar tiempo juntos, pero si el viajar te ayuda a relajarte y eso, pues… —hace un gesto de complicidad— ¿no? —viéndolo de perfil, casi estremeciéndose.


José pisa más el acelerador y arranca rebasando al resto de autos. Gabriel se aferra a su asiento y cierra sus ojos muy espantado. Maniobra para dar una vuelta en una esquina, y resuena un sonido rechinante.  Entrando a otra calle, frena de golpe.
El cantante se quita sus gafas para clavar su furiosa mirada en su amigo.

—Güey…ya te dije lo que quiero hacer. No salgas con idioteces ¡¿Me vas a ayudar sí o no?!
—¡Sí! ¡Cla-Claro que sí! —alarmado, se remueve de su asiento.
—Entonces deja las tonterías, y piensa en cómo ayudarme. —se pone sus lentes oscuros y las llantas de su camioneta vuelven a rodar.





Se dedica a limpiar una mesa pasando un trapo húmedo. Sumida en sus pensamientos. Y ocupada en su trabajo. Algunos de sus compañeros y compañeras se reúnen cerca del mostrador aprovechando que solo hay unos cuantos comensales, y sin clientes a la vista, para hablarse entre ellos, casi al oído. Teniendo a Victoria en la mira.

—Anda muy rara…

Comenta una mujer con kilos de más y piel morena. Que atendía la caja.

—De hecho. Es raro verla tan triste y desanimada. Ella que siempre está tan alegre y le echa muchas ganas, aunque sea la más torpe de todos.

Dice un joven alto y delgado con nariz aguileña.

—Sí, comete muchos errores en los pedidos, se le cae casi todo lo que lleva. Aun no entiendo como el jefe la prefiere y le paga más.

Agrega una rubia artificial con anteojos y buenas curvas corporales.

—Es muy obvio que está enamorado de ella.

Pronuncia en voz baja una joven morena y muy delgada.

—Al menos ella está ocupada en su trabajo.

Una voz extra, y muy conocida para ellos, los hace ponerse tiesos, y dispersarse volviendo cada quien a lo suyo.
Akiva con una mirada de desaprobación los revisa estrictamente. Respetando el lugar de trabajo, por la “imagen” Ya les llamará la atención personalmente.
Le es imposible no echarle un vistazo a Victoria, que se endereza terminando de limpiar y recoge un mechón de su pelo cobrizo detrás de su oreja.
El japonés no quiere que vuelva a su casa, pero tampoco quiere molestarla. Tendrá que dejarla hacer lo que mejor le parezca.

Tras unas horas, ya faltaba poco para que llegue la hora de irse a casa. Y de la puerta, entra un sujeto que le es familiar mas no muy conocido. Gabriel.
El joven de tez morena, no muy agraciado pero simpático, toma lugar en una de las mesas, y Victoria lo contempla desde lejos. Se ve tan misterioso. Ya que esta vez viene solo, completamente solo, y parece algo nervioso. Lo cual no le da buena espina.
El roce de una tibia y suave mano tocar la piel de su brazo, captura su atención. Akiva está a su lado y le sonríe, sus achinados ojos parecen sonreír también.

—Ve a atender esa mesa. —ordena con delicadeza.
—S-Sí. —sus mejillas se enrojecen.

Esa mano se desliza por su piel lentamente y se separa de ella, dejándola con el extraño sentir y deseo de “Más”.


—Bienvenido al restaurante Itadakimasu. ¿Puedo tomar su orden? —se inclina muy leve hacia él, sonriéndole.

«Órale, si es bonita. Hey tranquilo Gabriel, es la futura mujer de tu amigo. Además Grey…»
El solo pensar en su novia le produce cierto escalofrío.

—Eh, no sé ni pronunciar lo que viene aquí —pone la carta del menú a su vista— Así que trae lo que quieras, pero ¿Podría hablar un rato contigo?
—Lo siento. Eso va contra nuestra ética. No puedo hacerlo. —se endereza un tanto avergonzada.
—Solo será un minuto. Por favor —eleva el volumen de voz.
—Sshh, baja la voz. —mira a sus lados.
—¡Te lo juro me siento muy mal! Mi amigo Pepe quiere que le ayude contigo. Veras…él no es bueno para expresarse y…aparte si mi novia se entera de lo que estoy haciendo, me matará. —arruga su frente.
—Lo lamento.

Se gira para alejarse de la mesa yendo de vuelta a la recepción.

—¡Espera! ¡Por favor no me hagas esto! —se levanta para seguirla.

Grita atrayendo las miradas de casi todos los ahí presentes.

—¡Solo necesito un minuto de tu tiempo! ¡Oye!

Akiva se entera del escandaloso cliente y enseguida manda a los guardias del restaurante por él.
Los dos hombres sujetan a Gabo de sus brazos.

—¡Oigan que hacen! ¡Eh, chica escúchame! —forcejea con la intención de librarse.
—Por favor cálmese joven —le dice uno de los guardias que con esfuerzo casi lo llevan a rastras.
—¡Mi amigo José te ama! ¡Eso era lo que me mandó decirte! ¡¿Me escuchas?!

Exclamó lo más fuerte que pudo, hasta resuena en las paredes del interior del restaurante.
Victoria se esconde tras un muro, cerca del pasillo que conduce a la cocina, y toca su pecho respirando rápidamente ante las palabras del joven ¿Serán ciertas? ¿Por eso le llamó? Pero…es tan extraño.

«¿Me ama? ¿Por qué me siento así? »

—¿Lo conoces? ¿Quién es José?



Cuestiona Akiva frente a ella. Victoria levanta su vista a él. 











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lunes, 5 de mayo de 2014

Teengears [Latidos del corazón]









Capitulo-24       —Latidos del corazón—

















—¡Rápido! ¡Hay que salir de aquí! —Steve corriendo a la cabeza de un lesionado Greg , y Derek.

A su vez controla al par de Alienbots, que acelerados les siguen el paso. El montón de gente los  persigue sin rendirse. El trío de científicos bajan por unos amplios escalones a un piso más bajo. Sin quitar su vista de enfrente.

—¡¿Por qué no usamos los ascensores?! —sugiere entre jadeos Greg, forzando su cuerpo a seguir corriendo.
—¡No podemos! ¡Nuestro deber es distraerlos! —la voz grave de Steve-  ¡Tampoco podemos lastimarlos, mucho menos matarlos!
—¡Ay por favor!—interviene Derek—¡Es una minoría de personas a comparación del mundo! Si tuviéramos a Seungri con nosotros,  acabaría con todos. Es más, estos dos Alienbots podrían ser suficientes. —sonando agitado por acelerar sus pasos—No sé, así podríamos ir a ayudar a Break ¿Qué tal si nos necesita?

Steve no lo había pensado. Pero su comunicador se lo ha llevado Lea, no hay forma de enterarse del estatus de su líder, hasta que lleguen a las naves.

—¡Break nos ha dado una orden! ¡Y debemos cumplirla!

Las puertas se abren a su paso. Recorren el laboratorio, no obstante, aún falta para llegar a la planta más baja.

—¡Nos alcanzan! —avisa Greg viendo como esa multitud de personas descabezadas están cada vez más cerca.




Ha perdido el control en sí misma. Todo ese brote de sentimientos encontrados la está poseyendo. Su mente y corazón le piden que lo asesine. Pero la mano con la que sostiene ese bastón, esta como entumida, como si otra energía, ajena a ella intente detenerla. El rostro del viejo, arrugado de horror por verse tan cerca de la muerte. No es suficiente para que Lea le quite su feroz, y frívola mirada de encima.
Break ha encontrado el modo de manipular la máquina. Tantos años estudiándola, para crear una contra-maquina, resultará beneficioso y muy útil ahora. Mas no puede permitir que la única oportunidad de salvar la humanidad de las manos de Haarp, se vaya con un disparo.

—Lea…escúchame. No lo hagas.

Le pide con el mayor tacto posible en su voz. Y lentamente avanzan sus pasos a ella, sin reparar siquiera en la manipulada María. Que con sus ojos ardiendo, se ha puesto de pie, y con un gruñido similar a un ronroneo de un gato. Extiende sus brazos al frente con sus manos engarruñadas como garras, moviéndose contra a Break.
Gerard mira con el rabillo del ojo y una sonrisa, cambia la expresión de su cara. Break distingue esto, y acto seguido, se echa hacia atrás para evadir los brazos de María. Insistente, y con un rostro arrasado en furia, lo sigue de vuelta, y con sus manos lo tumba al suelo, echándose sobre él. Intenta golpearlo, rasguñarlo, o estrangularlo… lo que sea para hacerle daño, para acabarlo. Pero Break sujetando sus muñecas con toda su fuerza, se lo impide. Aunque no resistirá mucho.
Los gruñidos más sonoros “despiertan” a Lea, que aparta su vista del viejo, para ver a Break siendo atacado.

—¡Break! —pasa el apuntador del bastón de oro hacia la chica manipulada.


En su desesperación por lastimar a uno de los “intrusos”, pero viéndose incapaz de usar sus brazos. María, tira mordiscos como perro rabioso. De alguna forma debe matarlo.

—¡No Lea! ¡No te atrevas! ¡Es María! —forcejea.
—Pero… —sosteniendo el bastón directo a la amenaza.

Gerard esta fuera de la vista de ellos, asi que aprovecha para arrastrarse, ya que sin su bastón es incapaz de levantarse. Y recoge su mini-aparato Haarp.

—¡No la lastimes…solo ayúdame a quitármela de encima!
—¡Sí! —asiente con su cabeza.

Va enseguida y deja caer el bastón, puesto que no le sirve. Olvidando a Gerard, ya que se siente alarmada al ver a su líder en peligro, y también la última esperanza del mundo.
Lea engancha sus brazos en los de María, inmovilizándola asi, aunque oponga resistencia. Y la aleja de Break con facilidad. En eso Gerard alcanza su bastón de oro, que usa de soporte para ponerse de pie, y se desplaza hacia la espalda de Lea, amenazando con usar el Haarp portátil en ella.
Break capta dicho acto, y se sobresalta.

—¡Lea cuidado! ¡Atrás de ti! —le avisa con sus ojos bien abiertos.




Sus pies no pueden ir más rápido, y cada vez están más cansados. El grupo de muchas personas controladas, les pisan los talones. Se precipitan hacia ellos tan inquietamente, que unos caen al suelo, y otros los pisotean a su paso.
Es tiempo de que Steve haga algo con sus Alienbots. Por lo que activa cierta acción desde su control, y sus dos Aliens robots, que iban tras ellos corriendo, se elevan un poco del suelo, flotando a la misma velocidad que corrían. Uno abraza por la espalda a Steve y el otro se encarga de Greg y Derek, llevándolos en sus brazos. Salen disparados como balas de cañón directamente a las paredes, rompiéndolas y perforándolas a su paso, dejando grandes agujeros. Así avanzan contra los muros, que no son un impedimento. Dejando muy atrás a todas esas personas.

Los dos robots alienígenas, frenan al pisar afuera del laboratorio. En todo ese ambiente blanco, por la nieve, y cielo nublado un tanto gris.  

—¿Por qué nos hiciste correr tanto? ¿Por qué no hiciste eso desde un principio? —reclama Derek con disgusto, mientras se peina con sus dedos su larga cabellera plateada.
—Necesitaba asegurarme de que nos siguieran. Recuerda…
—Sí, sí, ya sé. Te pareces a Break…

Steve trata de ignorarlo, en tanto teclea en una pantalla táctil que sostiene. Está llamando a sus naves.

—Bueno seguramente vienen en camino —comenta Greg soportando el ardor de su herida en el brazo. Que por fortuna dejó de sangrar.
—Cuando estemos en la nave, te atenderé esa herida. Aguanta. —habla Steve sin dejar de ver su pantallita-
—No es tan profunda, casi no sangre, pero… —mira su lesión apretando sus dientes. Sí que le duele.
—Te vez pálido…más de lo normal. —Derek lo mira cruzándose de brazos y medio sonriendo.
—No se relajen tan pronto. Aquí vienen… —levanta su mirada al laboratorio.

El vibrar en el suelo repleto de nieve, y el retumbar de las pisadas múltiples.

—Vamos.

Steve viendo al cielo, vislumbra tres naves que llegan sobre ellos. Una de ellas es la más colosal, la que le pertenece a Break.
Los platillos voladores, expulsan luz hacia ellos, y los aproximan, subiéndolos más y más hasta que entran en las naves.

—Es difícil esto de “no poder matarlos”.

Dice Derek desde su nave en el cielo, a determinada altura de donde contempla la masa de gente descontrolada, que salta y con sus manos arriba, intentan inútilmente alcanzarlos.

—Es gente inocente. Que todavía puede salvarse, y su mente volver a ser libre. Se supone que venimos a ayudarlos, no a matarlos.

Se escucha la voz de Steve en las bocinas internas de la nave de Derek y también la de Greg.

—¡Eh! ¡Ya quedo claro! Pareces una grabación…

El científico de cabello dorado, quien su herida está siendo tratada por una maquina curativa. Detecta con su mirada azulada y serena, a su compañero Jake, entre todo ese montón de gente haya abajo.

—Qué horrible debe ser, estar bajo el control del Haarp.

Steve ya está intentando comunicarse con su líder, desde el comunicador de su nave.

—¿Break? ¿Break me escuchas? —frunciendo el entrecejo, y tocando con dos de sus dedos una pantalla en el tablero de la nave.




Puede escucharlo con claridad en su oreja. Pero sus sentidos no responden. ¿Qué debe hacer? ¿Qué puede hacer? Lea, está apunto de…
Gerard se desvía yendo hacia Break. Entonces Lea voltea a verlo sin soltar a María.

—¡No!


Exclama la rubia, rodeando el cuello de María con su brazo para sujetarla, y con su otra mano le da un empujón a Break tocando su pecho y tirándose sobre él, pone su espalda de escudo. En un movimiento tan veloz que es imposible distinguirlo con ojos humanos. Gerard termina colocando el aparato contra la espalda de Lea, creyendo que tocaría a Break.

Atónitos observan como el cuerpo de la francesa brilla reluciente, emitiendo una luz tan deslumbrante que los obliga a cerrar los ojos. La luz se apaga y Break puede verse cara a cara con Lea. Sus miradas se enlazan, y una ligera sonrisa brota de los labios de la chica. Todo a su alrededor se suspende. Solo ella y Break pueden moverse. ¿El tiempo se detuvo? Otra vez, para la joven.

—Lea… —viendo como su antepasado y María están como congelados— No entiendo que pasa. Esto es…
—Break, tienes que sacrificarte. Debes ofrecer tu vida a cambio. Morir…
—Lo sé. —vuelve a ver sus ojos.

De los ojos de Lea se asoman unas pequeñas lágrimas.

—No quiero perderte. No a ti. —con un nudo en la garganta— Ya he perdido demasiado.
—Es lo que tengo que hacer. Lo…lamento.
—Break… —susurra y sus mejillas arden.

Despega sus labios como si fuera a decir algo, pero en cambio tiemblan, como teniendo frío. Esta conteniendo el llanto…el dolor. Todo se está acumulando en sus entrañas.
Con su mano toca la tibia mejilla de Break, y lentamente sus labios se funden en un beso ¿De despedida, o amor?
Es muy confuso para los dos.
Sus ojos cerrados y sus labios unidos tan delicadamente. Una lagrima rueda por la mejilla de Lea.



—¡Break responde! ¡¿Ha pasado algo?!


Lo oye muy, muy lejos.
Nunca en su vida había recibido un beso, siempre estuvo encerrado en casa, estudiando, investigando, inventando. Después, ocupado con sus amigos, buscando una forma de acabar con el Haarp. Nunca tuvo tiempo para el amor.
Por eso su corazón se altera. Y al momento en el que Lea se separa, las manos de Break en su cabeza de rubia melena, la atraen para continuar el beso, saboreando esta vez sus labios. Empieza a ser muy vergonzoso para Lea, pero al mismo tiempo, es muy placentero.

—B-Break… —suspira al retirarse de sus labios.



El tiempo sigue su curso, y Gerard aparta el aparato cayendo en la cuenta de que se equivocó. La chica inmune lo protegió.

—¡Yo me encargo!

Vocifera Lea y agarra del brazo al viejo, sin liberar a la salvaje María, que muerde con fuerza su brazo, pero ella lo soporta, incorporándose y llevándolos lejos. Corre y corre hacia el elevador que los trajo, para irse y dejar a Break hacer lo suyo.
El ascensor se desliza hacia abajo. Break con su mano siente lo agitado que esta su corazón. Sin entender mucho esta reacción, ni tampoco poder controlarlo. Se levanta del piso y moja sus labios, encaminándose hacia el imponente control principal del Haarp. Del techo de cristal se puede ver que ya no cae más nieve pero el cielo comienza a oscurecer. Jamás le había parecido todo tan hermoso, es impresionante sentirse así, a pesar de estar en medio de un gran lío.
Sacude un poco su cabeza, para liberarse de esa sensación y concentrarse en lo que debe hacer. Es la primera vez que se siente tan tonto ¿A eso le llaman amor?


—¡Break, por favor responde!

Suena la voz insistente de Steve.

—Aquí estoy ¿Qué ha pasado?
—Estamos bien. Ahora nos encontramos en las naves. La gente está debajo de nosotros. Todo lo tenemos bajo control. ¿Y cómo vas con el Haarp?
—No tengo tiempo. Seré lo más breve posible. —apoya una mano en el tipo de tablero de la maquina viendo este— Steve escucha…sí existe un modo de volver a la normalidad a la gente. Al ser yo un heredero, la sangre de la familia Eastlund corre por mis venas. Solo yo puedo controlar el Haarp, y cambiarlo todo, pero…moriré.
—¿Qué? ¿Por qué? ¡Break, no puedes morir! ¡Debe haber otra forma!
—No la hay. Hace un momento, no me importaba morir, aunque ahora…

Recuerda el beso con Lea.

—No me gustaría morir, pero no puedo retroceder, no justo ahora. —con una expresión afligida.
—Break, olvídalo, olvídalo todo. Abandonemos esta época, y volvamos a la nuestra. Tratemos de buscar otro método.
—Ya no podemos regresar. Nos han descubierto, ahora lo saben todo sobre nosotros ¿Recuerdas?. Además, sería incapaz de dejar a esta gente así, mucho menos dejar a Lea con toda esta carga.
—¡Pero Break! ¡Obliga a Gerard a hacerlo!
—Imposible, debe ser voluntario —intenta explicar— Steve… cuida de todos ¿De acuerdo?
—No, no lo haré ¡Maldita sea Break! ¡No puedes hacerlo! ¡¿Por qué tienes que ser tú el maldito héroe?! ¡Mierda!


Es tanto su impacto, que escupe palabras que jamás había mencionado. Su voz puede ser oída por Greg y Derek, quienes se exaltan y curiosos empiezan a intervenir.

—¿Qué está pasando Steve?
—Steve… ¿Qué sucede? ¿Break está bien?

Por otro lado Zafrina vuela por el cielo, y desde ahí observa las naves del equipo Break, y toda esa gente. También, puede ver como Lea sale del laboratorio apurada, con el viejo Gerard y María escabulléndose a otro lado, donde la gente amontonada no pueda verla.


—Sacrificio… —sonríe una pizca y pestañea pesadamente.

Resalta su brillo, y blancura en el cielo, más oscurecido.