viernes, 11 de julio de 2014

Teengears (Final) [ Engranajes dentro de mi corazón ]







Capitulo.- 26   (Final) —Engranajes dentro de mi corazón—







El laboratorio, la concentración del Haarp y sus alrededores. Han quedado reducidos en cenizas. Tras la potente explosión que produjo la alteración y destrucción del Haarp.
Solo queda humo invadiendo el aire. No muy lejos de ahí, yace el señor Gerard, quien no pudo salvarse. Su cadáver se sigue quemando.

Por la tecnología con la que cuentan las naves del equipo Break, volaron tan rápido que fue como si se hubieran desaparecido. Y alcanzaron la distancia adecuada para su seguridad. Fijándose en el radar, logran localizar la ubicación de Lea, pero no les es posible detectar a Break, o Edric.
Emprenden viaje a Nueva York. Un viaje de un minuto.



Al centro de una de las más transitadas calles de la ciudad. El grupo de sirenas deslumbrantes bajan, pero sus colas no tocan el suelo. Es su mera presencia lo que provoca el susto de los ciudadanos, quienes se alejan, otros corren, pero la mayoría se queda a ver con asombro. Y por curiosidad los van rodeando.
Estos seres han traído a toda esa agente que el Haarp había manipulado. Sana y salva. Esas personas no les agradecen, por miedo a lo desconocido, huyen de inmediato.

María hace un esfuerzo por mantener su compostura, por supuesto estos seres no se ven nada malos. Está claro que están de su parte.
Por eso observa los orbes platinados y tan bellos, del ser que la ha cargado y traído hasta aquí. Lo mira detenidamente, como queriéndose comunicar así. Luego sus ojos se fijan en Lea, que reposa en el suelo y ella sostiene su cabeza con su brazo.

—Lea…

Pronuncia su nombre y enseguida los sirenos agitan sus colas y se elevan al cielo dónde son perdidos de vista. La muchedumbre murmura, y poco a poco vuelven a tomar su rumbo. No entienden nada. Pero muchos han tomado capturas, han memorizado este suceso.

«Por Dios ¿Qué ha sido eso? ¿Y las naves? » Dijo por dentro María, sin quitar su visión de arriba. Buscando con su mirada alguna señal.


Lea no ha muerto. La liberación mental que desato Break, ha sido precisa. Solo esta desmayada.
Segundos después recobra sus sentidos, y su conocimiento. Abriendo de par en par sus hermosos ojos azules, con rasgos felinos.

—¡Break! —brota de sus labios y se levanta viendo a todas partes muy alarmada— ¡¿En dónde está Break?!


Como si no recordara todo muy bien, solo con la sensación de que Break está en peligro.
Revisa bien con su limitada visión. Viendo gente, gente y más gente. Los autos pasando por encima de su cabeza, proyecciones a lo alto de los edificios. Por ahora, no importa cómo llegó ahí, sino que, hay algo que le está exigiendo saber de Break.
Cuando voltea a ver el rostro de María, tan normal, tan tranquilo, puede saber que Break…probablemente él. Lo ha hecho. Y todo viene de golpe a su cabeza. Y se le corta el aire unos segundos. Volviendo a María, esta vez, sujetándola de sus hombros con rudeza.


—¿Qué ha pasado con Break?
—Con él… no lo sé.
—¡¿Cómo no vas a saberlo?!—le da una sacudida arrugando el ceño— No me digas que…
—Lea, por favor detente.


Apunto de decirle algo más se detiene. Y recuerda que fue ella misma quien le pidió que lo hiciera.  “Break, tienes que sacrificarte. Debes ofrecer tu vida a cambio. Morir…”.
Pero estaba siendo influenciada por los espíritus que sentía dentro de ella. ¿Debería arrepentirse?  No del beso. Sintió que debía despedirse y sus sentimientos se abrieron. Permanece reflexiva un momento.

—Mira…

María le señala con su dedo el cielo.
Ahí están las tres naves. Y de una de estas sale, una especie de energía que las hala hacia la puerta, permitiéndoles entrar. Todas las personas detuvieron su paso y quedaron boquiabiertas.
Ya no importa ser vistos. Ya no importa ser descubiertos, todo ya ha acabado y no tardarán en revelar el secreto. Sobre un campo a las afueras del ruido que han ocasionado en la ciudad. Reposan las naves, y han salido a tomar aire, el cielo sobre ellos luce nublado. Un día gris.

—Entonces Break… —Lea encara a Steve. El más maduro de todos.
—Así es. Y su cuerpo me fue arrebatado por esa… sirena.
—¿Zafrina? ¿Para qué…?
—Ah. Asi que la conoces. —alza su ceja al verla— No lo sé. Pero por lo visto, sus intenciones son buenas. ¿Viste lo que han hecho los suyos? Trajeron a salvo a toda esa gente. Nosotros solos, jamás hubiéramos podido mover a toda esa gente tan rápido. Apenas pudimos ponernos a salvo nosotros mismos. Y yo que comenzaba a creer que tramaban algo.
—Espero también traiga a Break a…

Un creciente destello de luz, no deja que Lea termine de hablar. Ha capturado la atención de todos. Es Zafrina, quien se muestra ante ellos en el aire, como si la gravedad no le afectará.

—Saludos hermanos. Ahora tengo el honor de volver a llamarlos así.

Exhibiendo una amplia sonrisa nunca antes vista por Lea en la faz pálida de la sirena.

—¿Hermanos? ¿De qué está hablando? —interroga Jake reparando en Lea. Pues sabe que es la única que parece conocerla. 
—Ven Lea. Tienes que venir conmigo…

Se desliza con suavidad por el aire como si estuviera nadando con elegancia por el mar, para tomar la mano de la solicitada chica, y la abraza retrocediendo hasta desvanecerse junto con ella.
Steve, Greg, Derek, Jake y María, en silencio intercambian miradas.

—Vamos…no hay nada de qué preocuparse. Sus intenciones son buenas y además la conoce ¿O no? —les dice Greg como siempre, tratando de calmarlos.
—Bueno, bueno —interviene Jake acercándose a ellos— ¿Qué les parece si vamos a tomar algo en algún antro de la ciudad? He leído mucho sobre los centros de diversión, del pasado, y tengo muchísima curiosidad. —toca su barbilla con un gesto interrogante.
—¿Cómo pueden ser tan despreocupados? —les pregunta María cruzada de brazos, viéndolos con desaprobación.
—Ah, hola linda. Te extrañé mucho ¿tú a mí también? —Jake le sonríe.
—Yo no estaré a gusto, hasta saber que ha pasado con Lea.
—Lo que es seguro… —habla con ironía Derek— Es que no podemos hacer nada, más que esperar. No gastemos energía. La chica volverá.
—¡Eso! ¡Tú si me entiendes amigo! —con entusiasmo Jake lo arrima de un tirón de su brazo.
—No, no, no. Tampoco me estrujes así.


María pone sus ojos en blanco y resopla. Le cuesta un segundo cambiar su cara y aceptar.




—En el principio de los tiempos, fuimos hermanos. Convivíamos con ustedes. Todo era maravilloso, todo iba bien. La única diferencia es que teníamos piernas en ese entonces. Éramos blancos, como las nubes, y más grandes, pero vivíamos en armonía. Compartiendo nuestros alimentos, en el paraíso natural de la tierra.

Contaba Zafrina a un lado de Lea mientras nadan al fondo del océano. El agua es como oxígeno para Lea, al sostener la mano de la preciosa sirena, también  puede hablar.
Peces, pasan nadando por enfrente de sus ojos, y pequeñas medusas también. Bajan más y más al fondo, cada vez es más oscuro y frio.


—Nuestra misión era protegerlos, guiarlos por el buen camino. Pero… —pestañea pesadamente y voltea a verla— El maligno sedujo a dos de nuestros hermanos. Ellos no podían quitarse de encima la tentación de hacer el mal. Nadie se atrevió a detenerlos, tuvimos miedo, fuimos cobardes. Terminó siendo más fuerte que nosotros. No pudimos protegerlos, cayeron en la maldad. Por culpa nuestra.
—Creí que eso solo era un cuento de Hadas. —viéndola a los ojos.
—Entonces, eso nos condenó junto con ustedes. Por eso, nos separaron. Se alzó el mar, en toda su extensión. Fuimos condenados a vivir en lo más oscuro del océano, lejos de ustedes, dónde no pudieran alcanzarnos. Conforme fue pasando el tiempo se fue borrando nuestra memoria. Él se encargó de eso, hasta que nos olvidaron por completo.
—Se creía en ustedes como una fantasía.
—Y así permanecimos. —hace una pausa, mientras nada con Lea— El Diju y el Lubus, son espíritus enviados del cielo para nosotros. Ellos nos dieron una esperanza. Pero teníamos que esperar por siglos, el día en que ocurriera, para así, ayudarlos, protegerlos. Tú y Seungri fueron su elección. Como lo fueron Adán y Eva en ese entonces, solo que esta vez, los guiamos por el buen camino. Salvar el mundo.
—¿ Y eso… en que les ayudó a ustedes?
—Regresaremos, pero como uno de ustedes. Seremos humanos. Tú y Seungri, han sido importantes para nuestra humanización. Piezas importantes. Y como agradecimiento por eso. Los espíritus marinos, te concederán algo.
—¿A mí?... —incrédula.

Se desplaza por el agua más rápido produciendo burbujas.
Están las almas de Seungri, Break y Edric siendo sujetadas por Hilos dorados que parecen brillar clavados desde su espalda a la tierra. Ellos flotan como si fueran globos de helio. Con sus ojos como sumidos en un sueño.

—Son tres de tus amigos fallecidos. Uno de ellos podrá resucitar. Los otros dos que resten, irán al cielo. Tú eliges Lea.

Le da un toque con su dedo en su nuca, dejándole así la capacidad de poder respirar y hablar bajo el agua. Lea se posiciona ante las ánimas que lucen relucientes.

—Yo…no podría. Los quiero a los tres de vuelta. —voltea a ver suplicante a la sirena— No merecían morir.
—Lo lamento mucho. Solamente puedes escoger a uno.
—¡Ninguno merecía morir! ¿No puedo cambiar mi vida por la de ellos?
—No. 

Lea clava su mirada en Edric.

«Él siempre fue lindo conmigo. Siempre lo creí bastante cohibido y debilucho. Pero, esa vez, en ese conflicto. Prefirió sacrificarse por mí. »

Pasa sus ojos a Break y adelanta un poco, para tocar con su mano su helada mejilla.

«Break…siempre me entendió, es un buen amigo y…»


Aquel momento del beso entre ellos viene a su mente.  

»Me mostró sus sentimientos. »

No puede aguantar las ganas de abrazarlo y lo hace. Con fuerza, queriéndose unir a él, como queriendo entregarle su vida a cambio de la suya.

«Este bobo… »

Separándose de Break al reparar en Seungri.

»Siempre fue molesto pero... echo de menos sus tonterías. »

—¡Seungri eres un tonto! La manera en la que moriste fue ridícula. ¡Tanto tiempo entrenando para nada! —exclama con voz quebrantada— Deberías estar avergonzado, muy, muy avergonzado. ¡Mírate ahora! Me pones en un aprieto.


Por el agua no se distingue, pero está llorando. Solo sus ojos se ven enrojecidos.

—Aun así…te quiero. —baja su mirada.
—Lea, él no puede escucharte. Está muerto.
—¡Eso lo sé! —talla sus ojos con su puño.
—Entonces…

Silencio total durante un minuto.

—Quiero a… —se muerde el labio inferior.
—¿Si?.

Ve a Edric, luego a Break, y por último a Seungri. ¿Quién era ella para decidir quien vive y quién no? Pero no puede engañarse, quiere a uno…más que a los otros dos.

—Break.

Una pequeña sonrisa se traza en Zafrina, y con una mano la aparta lentamente, para con sus dedos índice y pulgar cortar los hilos dorados de Edric y Seungri, quienes se van como globos de helio al aire. Hacia arriba. Hasta salir de la superficie del agua, directamente  al cielo. En dónde pueden abrir sus parpados, viéndose entre las hermosas nubes, cerca de los rayos del sol. Se desintegra su ánima en destellos dorados que se esparcen por doquier.

Una expresión lacrimosa se graba en la faz de Lea, al verlos partir. En tanto Zafrina trae consigo el cuerpo intacto de Break, y lo une con su alma.
El rostro de Lea cambia a uno lleno de fascinación. Siendo capaz de ver como Break la mira, la está mirando nuevamente. Una sonrisa se ensancha  en ella y Zafrina se desliza hacia atrás.
La chica envuelve en sus brazos al hombre. Break no logra comprender ni asimilar mucho, pero se deja llevar, colocando su barbilla sobre el hombro de la chica, y apretándola entre sus brazos. Lea con su corazón golpeando su pecho casi lo estruja con sus brazos por la emoción de tenerlo de nuevo con ella.

—B-Break, Break. Estás vivo.
—Sí... —sonriendo leve.




Los seres marinos se transforman en seres humanos adultos, pero como recién nacidos. Quizá les cueste acostumbrarse, adaptarse pero son felices, libres. Han vuelto con sus hermanos como uno de ellos. Ya no hay diferencias.





Tiempo después, por la noche.

—Está bien Jake, saldré contigo.


Sonríe María sentada con el chico, en una de las mesas del Antro donde hay robots muy humanizados al servicio de los clientes. Suena la música eléctrica y hay luces por todo el lugar, otros bailan alocados.
De la emoción Jake se levanta de su asiento y la levanta del suelo con sus brazos, dando un giro con ella.

—¡Sí! ¡Gracias!


Greg, Steve, y Derek; comían y bebían, no muy lejos de ellos.

—Vaya, vaya, hasta que lo consiguió Jake.

Comenta Derek queriendo reír, al sostener una copa con una bebida que su liquido brilla fosforescente en su mano.

—Sí, ya era hora, empezaba a ser molesto. —Steve mira entorno a él como buscando algo— Por cierto ¿Y Break?
—Salió con Lea un rato. —contesta Greg llevando con un palito una bola de carne a su boca.




En lo que parece un balcón, pero largo, que se extiende por todo lo amplio del lugar. Break admira el movimiento y la vida de la ciudad ante sus ojos Han pasado unos días desde lo ocurrido, y todavía le cuesta acoplarse a su nueva vida. Una vida sin preocupaciones. Y extraña un tanto a Edric y Seungri.

—Aún no puedo creer que todo haya acabado así. —se apoya en el barandal transparente y luminoso— Quedar atrapado en esta época, perder a dos amigos y… —la mira de reojo— Tenerte a ti conmigo.


Lea se aproxima a él invadiendo su espacio personal, apoyándose también en el pasamano.

—Sí. Sobre todo la pérdida de todos ellos.

Cabizbaja al saber que si no fuera por Break, estaría totalmente sola. Ha perdido a su familia, amigos. Y por Break radicará en Estados Unidos, olvidando a Francia, dejando todo su pasado atrás. Sus ojos se humedecen, pero no suelta lágrimas, y levanta su mirada. Sus seres queridos y Seungri han dejado un vacío permanente en ella.

—Pero lo logramos. La gente ahora es libre. El mundo entero lo es, todo ha vuelto como era antes del Haarp, justo como lo recuerdo.
—Eso me es suficiente, el ver que logre ayudarlos, el ver a parte de mis amigos conmigo, y a ti a mi lado. —Sonríe una pizca— Es más que suficiente, aunque jamás los olvidaremos ¿verdad?
—No, jamás.
—Lo has hecho bien Lea. —pasa su brazo por encima de sus hombros, atrayéndola más a su cuerpo.

La joven descansa su cabeza en su hombro.

—Pero, todo es tan increíble. Esto, que estoy viviendo justo ahora. —añade el hombre.

Contemplando el panorama nocturno de la ciudad. Repleto de luces coloridas y brillantes. Autos volando, gente caminando de un lado a otro. Enormes proyecciones.

—Siempre…lo vi como un sueño. Un sueño inalcanzable. Si hubieras visto el mundo en dónde nací y crecí. Lo entenderías.
—Te entiendo. —suspira y una sonrisita aparece— Pero, todo ha acabado.
—Sí…todo ha acabado.

Lea pasa su brazo atravesando su espalda para sentirlo más cerca, y cierra sus ojos lentamente.





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domingo, 6 de julio de 2014

( OneShot ) —Dos Sobrevivientes—












Para el capitán Edward Kenway, la vida no se lo ha puesto nada fácil. Viendo su situación económica, se vio obligado a aventurarse en los mares, y seguir el camino de Pirata. Su esposa al no estar de acuerdo, lo dejó. Y parece estar solo, pero con personas que lo animan a seguir adelante.
Personas que se han ganado su confianza. Personas…a las que incluso llegaba a considerar amigos. Colegas piratas. ¿Realmente se puede confiar en un Pirata? En aquel momento no se lo preguntó.

Se ha cansado de nadar y nadar, para llegar a lo que parece una pequeña isla, pero tiene que continuar, con todas las ganas, si es que quiere sobrevivir y alcanzar la tierra, antes de que oscurezca. 
De Pirata a Naufrago. ¿Cómo es que ha terminado así? No hay tiempo de quejarse, no hay tiempo de lamentarse.

« ¡Maldito Rackham!… » Recordando en su mente al hombre que lo traicionó.
Lo despojo de todas sus posesiones, incluyendo su barco, su tripulación, sus armas, hasta su traje de capitán. De nuevo vuelve a estar en cero, a no tener nada. Pero esta vez, sí que no tiene nada. Ni siquiera tiene a Caroline, la que fue su esposa.
Se arrastra agotado por la orilla de la isla, el suave oleaje lo empujaba. Al fin puede descansar, ahí tirado en la arena. Se da la vuelta para ver el cielo, un cielo enrojecido por el atardecer. Su rubia cabellera empapada, su pecho desnudo sube y baja al respirar, sus pantalones también están mojados.
Cierra sus ojos.

—¡Te dije que no me sigas!
—Dorian, mi amor…por favor. Esta isla es peligrosa, ya viste los animales salvajes que hay por aquí.

Escucha gritos de una mujer y un hombre. Esas voces se aproximan más y más. Edward levanta su espalda, y queda sentado logrando divisar un par de humanos que vienen caminando.

—No soporto esto. Me quedaré aquí a esperar que algún barco venga por nosotros.


El hombre de caballera negra, y barba corta va tras la mujer. Su pelo luce sucio, y al revisar sus ropas, el Pirata puede deducir que es un inglés de clase alta. Al igual que la mujer, de cabello largo color marrón, usa un vestido elegante. Pero las telas de sus vestimentas, están desgastadas y muy sucias. ¿Cuánto tiempo han durado en esta isla? ¿Desde cuándo naufragaron?. Edward le resta importancia a sus cuestiones y se pone en pie, para irse a buscar algún refugio, para pasar la noche.
Ignora a la pareja que sigue discutiendo para echar un vistazo al horizonte del mar. Ni una sola pista de velas a lo lejos.

—¡Eh! ¡Tú! El hombre medio desnudo. —le grita el joven que a zancadas se acerca.
—¿Sí? —lo observa de reojo interrogante.
—¿Dónde está tu barco?

Edward contiene una risa, sin dejar de verlo.

—Me parece que estamos en la misma situación amigo.
—¿No hablas en serio o sí?... —resopla y baja su mirada.
—Veo que tienes problemas con la señorita. —la señala con su mano.

La joven se sentó a orilla del mar contemplándolo, con sus brazos cruzados. 

—Ah…Dorian. Desde que naufragamos ha estado así, pero sigue con la esperanza, de que alguien vendrá por nosotros. —suspira con tedio— Yo lo dudo mucho, probablemente ya nos dieron por muertos pero, es bueno ver a otra persona aquí. Un gusto, mi nombre es Ethan Kennedy. —le extiende su mano—
—Edward James Kenway. —acepta el apretón de manos con una sonrisa.

Se desenvuelve una conversación entre ellos. Edward termina sabiendo que, ellos forman parte de la nobleza en Inglaterra, se trata de un Conde y una Marquesa. Que tomaron un viaje importante, y a causa de una tormenta naufragaron, hace una semana aproximadamente. Ethan tuvo que nadar llevando a su prometida a la Isla, ya que ella no sabe nadar.

El Pirata encuentra unas rocas alzadas y unidas de forma que parece un buen refugio. Se hace una cama con hojas de palmas, y levanta su vista viendo que está por anochecer.
La Marquesa no quiere conocerlo, ni estar con su prometido, pero Ethan no se separa de ella, sabe que tiene que cuidarla. Siendo muy inútiles, y no estando preparados para una situación de tal magnitud, no han comido nada, no tienen refugio, si siguen así morirán.

El sol anuncia un nuevo día. Y Edward ya empezaba a buscar su comida. Ha atrapado un par de cangrejos, y unas cuantas almejas. Trepa a una palma para conseguir unos cocos.
Toma asiento en la arena y con una roca puntiaguda que encontró rompe el coco partiéndolo a la mitad para tomar de su jugo. Le arranca las patas al cangrejo y apunto de probarlo, un lloriqueo cercano taladra sus oídos distrayéndolo.
Indudablemente es la Marquesa que llora detrás de una roca. Edward, se asoma para verla, notando que está sola.

—Eh…¿disculpe? ¿Dónde está su prometido?
—Aléjate de mí. —le da la espalda y cubre su rostro sin dejar de llorar.
—No te haré daño. Pero, como quieras. —se dispone a irse.
—¡Espera! —lo sigue.

Edward la voltea a ver frunciendo el ceño con curiosidad.



Es tanta su hambruna que no le importa comer un cangrejo. Con desesperación lo consume, y también una almeja, sus lágrimas ya se han secado. Dejando atrás la etiqueta, su educación, su fineza, la elegancia…todo. A Edward le parece gracioso, ver a una persona de tan alta sociedad en la miseria junto con él.

—Él siempre dice lo mismo. —habla la chica mientras come— Que buscará comida y nunca trae nada…
—Bueno, es comprensible supongo. —con una sonrisa, de algún modo le parece simpática.


El sonido de unas pisadas hace que el Pirata gire su cabeza. Es Ethan quien lo ve con sus ojos medio cerrados, con recelo.

—Aquí estás Dorian. Que bien… —viendo lo que come, y a Edward. Se sienta en la arena junto con ellos.
—Hola Ethan —saluda entusiasmado el hombre rubio.

El joven no le responde, ni siquiera lo mira, pero si tiene el descaro de agarrar unas almejas y comerlas.
Edward lo deja pasar, no quiere una pelea innecesaria, no ahora.


Transcurre un mes. La pareja de nobles, ha estado buscando a Edward para pedirle la comida que él se dedica a conseguir. Esto comienza a molestarle al Pirata, pero solo por tratarse de una dama y su prometido, accede y lo tolera. También empieza a pensar en un gran beneficio que podría tener gracias a ellos. El llevar a Ethan y Dorian de vuelta a casa, como si fuera todo un héroe, seguro le traería buen dinero, como ganancia por su buena voluntad. ¿Pero cómo saldría de la isla sin un barco?

Caminaba por una vereda de la isla, con sus manos se habría paso por entre las ramas y  el herbaje, en busca de agua. Le da la sensación de que algo o alguien, lo ha estado siguiendo. Pero no le presta atención y continúa.
Un rugido resuena, y un peso salvaje se le viene encima. Es una pantera negra que intenta clavar su mandíbula en él, pero Edward forcejea y le da un empujón, para separarlo de su cuerpo, y con habilidad usa su cuchillo que siempre carga, para enterrárselo de golpe, cazando al animal. Lo deja en la tierra y ahí mismo empieza a despellejarlo. A recibido unos rasguños que sangran, pero valió la pena, tiene carne fresca.
Detiene sus manos ensangrentadas. Hay algo más, hay algo que lo está observando, seguro es otra pantera. Se escucha que se acerca, y rápidamente se levanta y con su hoja lo apunta listo para atacar o defenderse, pero es… Dorian.

—Edward. —susurra viéndolo como embelesada.

Una mirada extraña, que Edward sabe lo que significa.

—Dorian, no deberías estar aquí, es muy peligroso. Vuelve con Ethan. ¿De acuerdo? —tratando de mantener su compostura.
—¡No! Él es un inútil. No sirve para nada. —Vocifera llevando sus pasos a él — Yo…quiero estar contigo.

Naturalmente, Dorian se siente atraída por Edward, ya que es más fuerte, hábil, y se siente protegida cuando está cerca de él. Ethan solo sabe esconderse y esperar a por Edward, para pedirle comida.
Deja sin palabras al pirata. Entonces la joven de vestido harapiento, avanza hacia él y le planta un beso, abrazándolo con deseo. El pirata solo la recibe en sus brazos y sin poder resistirse, queda rendido ante el roce, besándola también pasando sus manos a su cintura, acariciándola.

—¡Aléjate de ella!

Se oye el grito sonando a rugido de Ethan, seguido de un disparo, que perfora el tronco de un árbol que estaba a un lado de ellos. Edward y Dorian se sobresaltan apartándose de inmediato, pero la chica no deja de abrazarlo.

—¡Ethan! ¡¿De dónde haz sacado eso?! —con sus brazos protege a la joven.
—Lo encontré junto con un cadáver a orilla del mar—recarga su mosquete con una sonrisa— tengo también cargas. Pero lo estuve guardando para algo importante. ¡Sabía que esto pasaría! —lo apunta nuevamente— ¡Dorian, mi querida Dorian! ¿Crees que no me daba cuenta de cómo lo mirabas? ¿De lo mucho que lo deseabas? Creo que después de todo no es un gusto tenerte aquí Kenway.
—¡Basta Ethan! —Interviene la mujer— ¡¿Estás loco?! ¿Qué no lo ves? Sin él no sobreviviremos. Ni se te ocurra…
—¿…Matarlo? ¿Por qué? Está claro que nadie vendrá y estamos perdidos, aquí mismo será nuestra tumba. Pero el primero en irse será…Kenway —sonriendo con malicia intenta apuntarle con el cañón a su cabeza.


El pirata con sus manos aleja a la chica de él y evade el disparo, echándose a correr por la vereda, y sube por un árbol, saltando a otro y así huye por los árboles y troncos que se le atraviesan. Mientras es seguido por Ethan,  quien desde abajo le dirige disparos fallidos, por lo visto tiene mala puntería.

Dorian se ha quedado ahí en la tierra a llorar y llorar.

—¡Estás desperdiciando munición Kennedy! ¡¿Qué harás cuando se termine?!

Dice Edward y escapa sin parar.

—¡Aún me queda la suficiente para que una te alcance y te vea caer! —emite una carcajada y corre y corre, alzando su mosquete intentando ver dónde disparar.
—¡Por favor, no me obligues a matarte!
—Já, Já. ¿Tú…matarme? Pues huyendo no lo conseguirás. ¡Cobarde!


Disparo tras disparo. Ethan se percata que solo le queda una bala. Y no hay señales de que Edward este en los árboles, le ha perdido de vista. Solo el sonido de los pájaros y el aire al pasar, es lo único que captan sus oídos. Pasa su mirada torno a él, buscándolo, pero nada…
El pirata se ha escondido muy bien entre los arbustos, desde ahí lo asecha, esperando el momento adecuado.

—¡Sal de dónde quiera que estés! ¡Edward! —camina buscándolo con su mirada— ¿Te has ido? No importa, te encontraré y acabaré contigo.


El joven le ha dado la espalda, el capitán Kenway lentamente y con sigilo se acerca para enganchar su brazo en el cuello de Ethan y con su otra mano le arrebata su mosquete. Y lo suelta, ahora siendo él quien le apunta con el arma.

—Vaya cambio  de papeles. —esboza una sonrisa tajante.
—Vamos Edward, perdóname…solo estaba algo celoso es todo. Tú me entiendes ¿o no? —con sus manos al frente como diciéndole “no lo hagas” — Es más, si quieres…puedes quedarte con Dorian, es toda tuya. Pero por favor…
—Hace un momento yo era el cobarde ¿verdad?. Yo no necesito de esto para matarte si quiero.

La respiración acelerada de Ethan era muy sonora, está claramente asustado. Si no valiera dinero, Edward ya le hubiese disparado.

—Que esto no se repita, o ya no me detendré. —dirige el disparo a otro lado perdiendo la única bala que quedaba y acto seguido arroja el arma al suelo, retirándose.



Es un nuevo amanecer, después del peligroso día.
 El cielo luce despejado, soleado. Y Edward ha trepado un árbol para echar un vistazo a todo el esplendor, y extensión del mar que los rodea. Una sonrisa brota de sus labios, sus ojos han captado la lejana presencia de unas velas. Un barco viene en camino, o eso parece, y al juzgar por su apariencia, es muy similar  al JackDaw, su JackDaw. Espera no estar alucinando.

—¡Nooo!

Un desgarrador grito, que expulsa Dorian. Atrapa sus sentidos y baja de la palmera yendo a dónde provenían los quejidos, lo más pronto posible.
La mujer de castaños cabellos sueltos, está berreando de dolor, de tristeza. Ante ella está una palmera y de ella cuelga el cadáver de Ethan. Se ha quitado el mismo la vida. ¿Por qué? Jamás tendrá la respuesta. ¿De dónde sacó esa resistente cuerda?.
A paso lento, acorta la distancia de la chica que arrodillada sigue hundida en un llanto sin fin. Toca su hombro, queriendo confortarla, consolarla. No es bueno para estas cosas, pero lo intentará.

—Estoy seguro que te amaba. —con voz suave.
—¡Edward! —se rinde en sus brazos humedeciendo con sus lágrimas la piel del pecho del pirata— ¡Es un idiota! ¡¿Por qué lo hizo?!
—No lo sé. Pero, debió esperar un poco más. —abrazándola mira hacia dónde podía verse que viene el barco— Ya vienen por nosotros. —sonríe— Vamos. —se endereza y tomándola de la mano la conduce hacia la orilla de la isla.
—¡No, suéltame! —con un gesto de angustia— No puedo…no, me siento bien. —sus lágrimas siguen saliendo.
—Entiendo, pero quieras o no vienes conmigo. —le da un tirón llevándola a la fuerza.

Dorian abre mucho sus ojos, sintiendo sus mejillas arder. ¿Eso quiere decir que le importa? Deja de llorar, dejándose guiar.

—Vales mucho dinero. Recuerda decirles que yo te rescate, y que deberían recompensarme por ello. Diles también que te alimente y te salve cuatro veces de ser atacada por los animales salvajes. Ah, y Ethan, se suicidó porque así lo decidió ¿no?. Aquella vez no quise matarlo, yo quería salvarlos a ambos.


Sus palabras borran la sonrisa de la chica y destrozan su ilusión.


—¿Eso…era todo? —hace un alto.

Edward siente que ha parado sus pasos, y se gira a verla, prestándole atención.

—Solo te importa lo que llegues a ganar. ¡Eso es todo!. Yo que creí que… —suspira viendo abajo— Olvídalo, he sido muy tonta.

Interrogante el Pirata la observa un momento. Ella se suelta y  arrugando el ceño le da una bofetada en la cara.

—¡Eres un miserable! ¡Puedes irte! ¡Yo me quedaré aquí!

Da media vuelta y toma su propio sendero, contrario al de él. Pero el capitán apurado la carga sobre su hombro, como si fuera un costal de papas. Y así, la lleva a la orilla del mar, soportando sus golpeteos, y gritos.

—¡Bájame, que me bajes te digo! ¡Ni creas que haré que te recompensen por esto! ¡Eres un desgraciado! ¡Haré que te lleven directo a la horca!


Espera a que, sea quien sea que este navegando con su JackDaw, suelte el timón. Ojalá que sean amigos.
Mary Read bajo la identidad de James kidd, baja del barco y se encuentra con Edward.


—Vaya, vaya, veo que no has perdido tu tiempo capitán. —se cruza de brazos enarcando una ceja al ver que carga a una dama.
—También naufragó. ¿Cómo has hecho para…? —notando que su tripulación y su Jack Daw han vuelto.
—Digamos que Rackham fue muy cobarde. Esa rata no aguanto ni un mes con tu barco, antes de volver arrastrándose a Nassau, y pidió perdón de inmediato.

La joven se remueve intentando bajarse.

—¡No pienso ir con ustedes! ¡Déjame ir ahora Kenway!

Mary le dirige una mirada de complicidad a Edward, conoce sus intenciones, y su ambición.

—Adelante.

Dicho esto le da palmadas en el brazo al capitán sonriendo una pizca.


Encierra a Dorian en el camarote del JackDaw, pero no sola. Con el capitán adentro. Se tiene que encargar de que todo salga según lo ha planeado.


—¿Qué haces? No me toques.

La tiene acorralada en una pared y sujeta sus manos para no permitirle el huir. Se ha puesto su traje de capitán con la capucha.

—Estás temblando. —sonriendo acaricia su mejilla, viéndola a los ojos.
—Vete, déjame sola. Ya te dije, que no…

La calla con un beso, pasa del labio inferior al exterior, uniendo su cuerpo con el de ella. Siempre quiso hacerlo, pero se había contenido. Está confundiéndose ¿Lo hace para convencerla o por placer?. Despega lentamente sus labios.

—Vamos sé que quieres, y yo también.
—¿D-De que estás hablando?

El rubor en sus mejillas la delata.

—Edward, basta… —desvía su mirada sintiéndose avergonzada.
—No puedo parar. Tú me ínsitas demasiado. —ataca con besos suaves su cuello.
—Ah, no…no hagas eso. —cierra sus ojos lentamente.



La noche ha caído en Nassau, y en la taberna se ha reunido Edward, con Mary, Anne y Adéwalé. Beben ron mientras comen algo, en una de las mesas.

—Nunca vas a cambiar. ¿Cierto Edward? —dice Anne Bonny.
—La verdad no creí que funcionaría. De todos modos les debo una, otra vez. —contento bebe de su botella de ron.








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