jueves, 13 de noviembre de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 17]










                            Capitulo-17 











—¿Eres tú? ¿Tú eres la Ladrona-asesina?. —Connor, aprieta con su mano la herida sangrante de su muslo, aguantando.
—Ya no soy una ladrona, y sí, soy una Asesina, pero yo no incendie tu pueblo, yo no tuve nada que ver con eso.
—Yo te vi, esa vez…¿entonces eras tú?. —une sus cejas con tristeza— ¿Por qué lo hiciste Charlotte?
—¡Yo no hice nada! Y no recuerdo nada.

Rendido Connor recarga su espalda en la pared de tierra, para descansar un poco su pierna, hace una mueca de dolor. Pero el dolor de su herida no se compara al dolor que siente dentro de él, viendo que al parecer es su amiga pelirroja, la misma pelirroja que buscaba para cobrar venganza. Por supuesto que, de sus ojos no se asomaría una lágrima, mantiene su compostura.

—Me prometí a mí mismo buscar a la culpable y darle su castigo, pero ahora…—la mira a los ojos— No, no creo que seas tú, debe haber un error, tú no puedes ser así.

Quedan un momento en silencio, sin verse a los ojos, todo es tan confuso para los dos.

—Pero, tal vez es culpa mía —rompe el silencio la voz del nativo— Probablemente, lo hiciste por venganza, porque… —hace una pausa— le quite la vida, a tu padre. Ahora entiendo… —ve su mano tocando su pierna lastimada.
—¿Qué?
—Es mi culpa, por no decirte la razón, te entiendo. Y hasta el día de hoy no me arrepiento de lo que hice, puedo verte con bien, y eso…me da mucho gusto —sonríe una pizca— Si no lo hubiera hecho, todo sería diferente, tú no estarías aquí, mi madre iba a…

Charlotte interesada y sorprendida da pasos hacia él.


—Aun así, te pido perdón. —continúa el chico— Realmente no quería hacerlo, pero debía hacerlo.
—¿Podrías, explicarme todo?


El joven nativo intenta explicarle, darle a entender lo que pasó aquella vez con sumo detalle, excepto cuando la empujo al río, de eso si se arrepiente. También le dijo la razón del porque se vio obligado a asesinar a su padre. Sus palabras le abren la memoria a Charlotte, puede recuperar todos sus recuerdos, con tan solo ver sus ojos y escuchar lo que le cuenta, es como regresar. Puede ver en su mente como jugaba con él siendo niños, luego de adolescentes, como competían y cazaban juntos, esos besos que ella le robaba, todo. Entonces, esas “visiones” del joven nativo asesinando a un hombre; era un recuerdo, y ese hombre… era su padre. Pero, sí habían sido visiones, las que tuvo de la madre de su amigo exigiéndole que la matara. Es por eso que en esa ocasión, cuando fue a buscarlo estando sufriendo por la perdida de su padre, quería confirmarlo, que él no lo había hecho por un mal, que él no era ese monstruo que cualquiera podría pensar que era. 

—Ahora lo recuerdo ¿Pero por qué me aventaste del acantilado al río? ¿Intentabas matarme a mí también? —sus orbes lagrimean un poco—
—No.
—¿Querías deshacerte de mí? ¿Sabes que pude morir? Si no hubiese sido por Myriam…


Avergonzado Connor baja su mirada.

—Lo siento, yo...debía protegerte. No quería que te vieran, y sabía que tú no querías alejarte de mí. Creí que me odiarías después de todo lo que hice, y ese odio te haría apartarte. Si tenía que vivir con la culpa, de saber que moriste, o me odiabas, era un riesgo que tenía que tomar, no había otra forma.


En él veía a un gran amigo, un gran hombre, y más allá de eso, un gran sentimiento que ahora toma fuerza a causa de todos esos recuerdos, su corazón es capaz de perdonarlo, de comprenderlo, ahora ella siente que tiene que protegerlo. Había hecho un sacrificio por ella, manchar sus manos de sangre, de una sangre que sabía era valiosa para su ser querido, pero más era lo que la amaba, tanto, que no le importo nada más que su seguridad, colocándola en primer lugar. Se acerca más para rodearlo con sus brazos, fundiéndose en un abrazo.

—Ratohnhaketón. Eres un loco, mira lo que hiciste por mí. —suelta una risa suave.
—¿Charlotte? Creí que…
—Te conozco, sé cómo eres. Solo tenías que explicarme y yo entendería, sabía que lo habías hecho por una buena razón.
—Pero…era tu padre y yo…


Inseguro la toca con sus manos, su espalda, subiendo lentamente hasta sentir en sus dedos su rojizo cabello suelto. Su corazón tiende de un hilo. Sintiéndola tan cerca. Es inesperado su comportamiento, creía que se enfadaría o se pondría mal, pero es como si le estuviera abriendo su corazón. Esa es Charlotte, quien lo comprende, quien lo ama, debió haberlo sabido. Si tan solo hubiera tenido la fuerza de decirle todo esto antes... 

—No digas nada. —dice la chica.
—Está bien.

Se aparta para verlo con sus ojos cristalinos de la emoción.

—He pasado por tanto dolor, por tantos problemas, pero…al fin puedo estar contigo.

Sus miradas se cruzan por unos segundos, y es Connor quien se siente atraído, por una tentación irresistible de acercarse más, para sentir sus labios, pero Charlotte avergonzada se agacha.

—Hay que atender esa lesión. —baja su mirada a su muslo. En su pantalón gris se ve una mancha roja.


Con un trozo de tela que arrancó de su túnica negra, envuelve su muslo apretándolo lo suficiente para detener el sangrado.

—Lo lamento, no sabía que eras tú. —mientras hace un nudo— De hecho, no sabía exactamente quien eras tú, hasta ahora.


Se escuchan pisadas en el suelo de tierra, ese sonido cada vez suena más claro. Garrett y otro par de Asesinos llegan a ellos. Lo primero que captan los ojos de Garrett es al Asesino sin vida tendido en el suelo y un rastro de sangre. Luego pasa su mirada viendo la escena de Charlotte de rodillas poniéndole atención a la pierna vendada de un desconocido. El par de aprendices que lo escoltaban se adelantan un paso, queriendo asesinarlo al creer que se trata de un enemigo Templario, pero Garrett les indica que se detengan con su brazo. Connor ya los había escuchado y visto, pero sus ojos no pueden dejar de ver esa brillante y preciosa sonrisa de Charlotte.

—¿Qué estás haciendo Charlotte?


La conocida voz la hace voltear su cabeza y borrar su sonrisa, se pone en pie de inmediato. El joven mestizo también se levanta del suelo, ahora puede apoyarse mejor en su pierna, aunque el dolor no ha desaparecido del todo.

—Estaba ayudándole a mi amigo.
—¿Amigo? —no muy convencido. Le señala el cuerpo sin vida del Asesino— ¿Y esto, como fue que pasó?
—Ah…

Se queda sin palabras, dejando viajar su mirada por las paredes del túnel, como si estás le pudieran ayudar a saber que excusa dar. Pero no se le ocurre ninguna buena.

—¿Qué pasó aquí? —camina hacia ella y la afronta, clavándole su mirada al mestizo atrás de ella, lanzándole una mirada desconfiada— ¿Acaso él tuvo que ver en esto? ¿Él fue quien hizo esto?
—No, él…
—Sí, fui yo. —admite Connor elevando su mentón con orgullo y agallas.
—Connor… —susurra la chica preocupada.
—¿Así que tu amigo hizo esto? —sin muchas ganas— ¿Cómo pudiste dejar que asesinara a uno de nuestros hermanos? Sabes lo que nos ha costado reunir a la hermandad, sabes que el número de Templarios es más grande.

Charlotte cabizbaja queda en silencio, y Connor con su mano la hace a un lado siendo delicado, y se pone frente a ella en modo de defensa, viendo directamente a Garrett, como fulminándolo con su mirada.

—He cometido un error. Pero si lo ataqué, fue porque él me atacó primero. Me gustaría saber más de los Templarios. ¿Qué puedes decirme sobre ellos? ¿Qué es la hermandad?
—Acabas de matar a uno de mis hermanos, y quieres que te deje entrar tan fácilmente a la hermandad, tendrás que ganarte eso. —enarca una ceja.


Charlotte, se vuelve a cubrir su cabeza con su capucha y le murmulla a su espalda disimuladamente.

—¿Por qué quieres saber de los Templarios? ¿Por qué le preguntas a él? Yo puedo ayudarte.
—Si no fuiste tú la que atacó mi aldea esa noche —baja el volumen de su voz—Necesito saber quién fue. Además, he sabido que los Templarios buscaban algo que tenía mi aldea.


El líder Asesino se mira sus dedos mientras piensa un rato. Retrocede volviendo en medio de sus dos aprendices.

—De acuerdo…—suspira con tedio—necesitamos más reclutas Asesinos, acabas de terminar con uno. Te encomendaré una misión y si la cumples podrás unírtenos.
—Bien. —asiente Connor.
—Tienes que Asesinar a la mano derecha del líder Templario, ella es un problema. Su nombre es Aveline de Grandpré. —de su túnica, saca unos papeles doblados— Aquí tienes algo de información sobre ella.
—Sé quién es. Esa mujer… —hace una mueca de disgusto al ver un dibujo de su rostro en uno de los papeles.
—¿Ella? ¿En qué estás pensando Garrett? —tercea Charlotte— Sabes lo difícil que es llegar a ella, y sobre todo enfrentarla.
—Lo sé, pero de todas maneras necesitamos deshacernos de ella, además. Él tiene que demostrar su validez para la hermandad.

«Este sujeto lo he visto antes, era uno de esos cazarecompensas, me han dicho que era bueno peleando, puede sernos útil. » Se dijo a sus adentros.

—Lo haré. —acepta Connor.
—Eso espero. Vamos Charlotte. —la mira y le indica con un gesto que lo siga—Hermanos…

Garrett se marcha por una de las rutas del túnel subterráneo, y los otros dos Asesinos se encargan de llevar el cadáver de su hermano caído consigo.
Charlotte, le truena un beso en la mejilla a Connor apenas alcanzándolo por su mayor estatura. El joven se ruboriza y la mira detenidamente. Todo se ha tornado tan diferente, pero no descansará hasta conseguir su objetivo. O quizá...

—Ten mucho cuidado, Connor.
—Lo tendré.
—Si necesitas mi ayuda… —se aleja de él sin apartar su vista— Búscame en la base de Asesinos, dentro del Pepper Black.
—¿En esa taberna?
—Sí, solo pregunta por nosotros, los dueños del bar nos apoyan.

Con su mano se despide, y se echa a correr hacia dónde se habían ido sus hermanos.
Connor pasa la noche en una posada. Hace tiempo que no iba a visitar a Aquiles, desde que se separó de los cazarecompensas, puesto que no deseaba encontrarse con Ezio, cree que debe ir a ayudarle como solía hacerlo, aunque seguramente estará molesto por abandonar la razón del entrenamiento que le brindó. Pero necesita del consejo de alguien, ahora mismo está ocurrido algo muy adentro de él, es como si se haya creado un embrollo con sus deseos y sentimientos. Aquiles es la única figura mayor que conoce. Así que se atreve a abordar un barco a primera hora del día, para ir directo a la Hacienda Davenport en busca de consejos, de esos consejos que solo un viejo como Aquiles puede dar.
En la borda del barco viendo la extensión del mar brillando por el sol, su mirada detecta algo brillante que flota en el agua. Fijándose bien puede divisar la forma circular del objeto, en efecto es aquel objeto ya muy conocido que en aquella ocasión arrojo al mar y pareció hundirse, pero curiosamente ahora mismo está flotando. Es peligroso dejarlo ahí, puede llegar a alguna orilla y posiblemente caer en manos equivocadas, o alguien más puede verlo y hacerse con él. Con prisa y sin pensarlo mucho Connor se echa un clavado al mar ignorando los gritos de la tripulación. Su herida vendada aún no sana y eso le dificulta el nadar pero hace un esfuerzo consiguiendo que su mano alcance a tocar el fruto.
No sabe cómo deshacerse de este artefacto, así que cree que debe conservarlo, cuidarlo, pero no es algo que pueda llevar prácticamente a todas partes.

Ahí delante de la casa de Aquiles, con el fruto en la mano, busca con su visión si hay alguien por ahí, pero solo encuentra silencio, y los alrededores vacíos, sin contar los caballos del establo que comían su heno con serenidad. Opta por tocar la puerta, no hay señales de…nada. Vuelve a tocar una y otra vez. Silencio.
No le queda más que forzar la cerradura de casa de Aquiles y entrar sin más. Se encamina a la cocina, a la sala, recorriendo el interior de la casa buscando al viejo.

—¡Aquiles! ¡¿Puedo hablar contigo?! ¡¿Estás aquí?!


Grita mientras lo busca, sin escuchar una contestación. Sube por las escaleras echando un vistazo a las habitaciones de arriba y nada. No queda más que revisar el sótano oculto de la casa.
Desciende por los escalones, alcanzando ese lugar, en dónde en la misma pared se exhiben todavía los retratos de los criminales más buscados, ya todos tachados, excepto el retrato de la ladrona. Siente que algo se mueve detrás de él, en una esquina cercana, y al mirar con el rabillo de su ojo.

—¡Tranquilo, tranquilo! Calma… no me hagas daño—Ezio da pasos hacia atrás con temor— no tienes que matarme, oye, tú has venido hasta aquí. Yo no me he puesto en tu camino. Solo déjame ir ¿está bien? —con una sonrisa medio torcida casi haciendo una mueca.

Lo había visto llegar a la casa y se apresuró a esconderse, conoce a Connor y sabe de lo que es capaz.
El nativo bien vestido como siempre con ese traje azul le da la frente con suma seriedad, y con una seña en su mano le pide que se tranquilice. Ezio puede tomar un respiro y se relaja.

—Solo quiero saber ¿dónde está Aquiles?
—¿Aquiles? ¿Por qué lo necesitas? A un viejo como él…
—Dije que quiero saber dónde está ¿Lo sabes o no?
—Sí lo sé. —se encoje de hombros desinteresado.
—Bien, dime dónde está.
—Pero, Connor. Sabes algo yo…

Sus labios se cierran cuando sus ojos logran ver que Connor trae el fruto en su mano. Es él mismo que desea Aveline, la mujer que se ha decepcionado de él y le ha dicho que no le sirve para nada. Mujer, que no ha visto desde esa vez que perdió la oportunidad de apoderarse del fruto, cuando Connor lo tiró al mar. Y ahora, está de nuevo frente a él, ese objeto tan preciado, y aunque Connor le provoque algo de miedo, tiene que intentarlo, ese fruto debe ser suyo.

—¿Cómo es que lo tienes de nuevo?

Connor cae en la cuenta de que traía expuesto el fruto en su mano.


—Eso no te importa. Dime ya dónde está Aquiles.
—A cambio del fruto.
—No.
—Lo sabía, entonces… ¿Quieres pelear? —con una sonrisa confiada toma posición y cierra sus manos en puños—Sin armas. 


El joven que posee el fruto en su mano le clava su mirada inalterable. Debía imaginar que algo así sucedería, lo que menos quería, —encontrarse con Ezio— ha pasado. Es absurda una pelea en este momento tan crucial para él. Necesita hablar con Aquiles, necesita poner en un lugar seguro el fruto lejos del alcance de  Ezio, y de los Templarios.

Sin embargo, Ezio se ha adelantado sin esperar su respuesta, y ha impulsado su golpe hacía él. 













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sábado, 18 de octubre de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 16]









                          Capitulo-16








Han sido días de paz en el bosque, ayudando a Myriam a cazar, pescar, y de más actividades que emprendía para sobrevivir. Ha logrado acoplarse a esta nueva vida, y aunque sea incapaz de olvidar a Connor, puede estar tranquila al saber que no le hará daño. Sigue confundida, y con las ganas de saber más sobre su pasado pero, deberá resistir.
Se escuchan los pajarillos pillar, volando por las copas de los árboles que son agitadas por el suave viento. Abajo hay una vereda que marca un camino largo en medio del bosque. Charlotte, de vuelta al campamento de Myriam, llevando un balde de madera lleno de agua, se encuentra con una caravana que viene siguiendo el sendero de tierra. Conoce esos carros que llevan pan, queso, arroz, todo para vender.
Por un momento un instinto sale de ella, la tentación de querer robar esa caravana, como solía hacerlo en la ciudad, ya que sabe que a esos vendedores se les paga con dinero, algo con lo que no cuenta ahora. Pero solo hace un alto al caminar, sosteniendo de la soga de ese balde de agua del río, y fijándose en el carro que es tirado por dos caballos… lo deja ir. ¿Pero en que está pensando? No debe robar, no tiene por qué hacerlo. Eso tiene que quedar en su pasado, ya no es una ladrona. Baja su mirada viendo sus botas y su pantalón hechos de piel animal, ahí parada a la orilla de la vereda, el aire acaricia su larga cabellera carmesí. Cuando el ruido de un peso caer detrás de ella, la alarma, haciendo que gire su cabeza hacía atrás, derramando un poco del agua que carga.
Viéndose cara a cara con Garrett, quien mira sus ojos, con una mirada cansada y profunda, usando esa túnica de Asesino, pero con la capucha abajo, la chica  puede ver su cabeza, con ese cabello castaño algo enmarañado, y una pizca de barba.

—¿Garrett? —Charlotte abre mucho sus ojos verdes.
—¿Te sorprende verme aquí? ¿En serio?

Sin saber que decir solo lo observa detenidamente.

—Te estuve esperando —añade el joven— y nunca volviste ¿por qué? ¿Qué haces aquí?
—Yo… —mira a otro lado, sin saber cómo explicarle.
—Y después de que no regresaste, me propuse buscarte, y te he estado buscando por casi una semana.

Invade el silencio durante unos segundos, solo el delicado sonido de la naturaleza los rodea.

—Pero sabes, olvídalo —pone sus ojos en blanco Garrett— no importa por qué no volviste, y que estás haciendo aquí. Solo quiero que me escuches.


La chica lo invita a casa de Myriam, quiere sentirse segura. En dónde su amiga le cuenta que hace un rato, él vino hasta ella, gracias a la información e indicaciones de la  gente del pueblo que la conoce. Le dijeron que habían visto a una mujer de cabello rojo con ella. Después el misterioso joven le pregunto por ella.
Entonces tomando todo con calma, Myriam le ofrece a Garrett algo de comida, y bebida, él acepta puesto que lleva días sin probar un bocado a causa de la intensa búsqueda. Y teniendo a Charlotte frente a él sentada en la mesa de madera con unas velas apagadas, y tan solo la luz del día entrando por las ventanas. Garrett se cruza de brazos poniéndose cómodo en su silla y fija su mirada en los ojos de la joven. Myriam ha salido a despellejar un alce.

—Lo intente Charlotte. Asesinar al líder Templario, pero no pude, como supuse es muy fuerte. Creía que porque era viejo podría contra él, pero estaba equivocado.
—¿Por qué vienes a contarme esto a mí? Yo, no quiero saber nada.
—Espera. —se inclina hacia la mesa apoyando sus brazos cruzados en la madera— ¿Qué estás diciendo? ¿Olvidas que hicimos un trato? Tú me ayudarías con esto. ¿Lo haz olvidado? —frunce el ceño.

La chica no abre su boca, solo mira abajo muy pensativa. ¿Cómo explicarle? ¿Cómo hacerle entender?

—He venido a buscarte, porque te necesito Charlotte. Tengo un par de amigos, pero ellos no quieren ayudarme, son unos cobardes pero,  tú habías prometido…
—Ya lo sé. Pero ahora, no sé qué hacer.
—¿No sabes qué hacer? Simple, ayúdame a reclutar Asesinos, gente que quiera unirse a la causa. Y si es posible, podrías unirte tú también. Tenemos que acabar con todos esos Templarios.


La palabra “Templarios” rebota en su cabeza, son los mismos que dijo Connor; atacaron su aldea. Son los mismos que desean esa cosa llamada “Fruto del Edén” Sí que son un problema. Quizá Connor también necesite ayuda, para vengarse. Pero ella, no desea matar a nadie, no desea ver sangre, el solo pensarlo le hace sentir que se revuelve su estómago. Y no puede respirar bien.

—Garrett, no quiero ser una asesina, ni tampoco una ladrona. —levanta su mirada para verlo.

El rostro de Garrett se enciende, Charlotte puede sentir como la taladra con su mirada. Se levanta de la silla, y golpea la mesa con las palmas de sus manos.

—Escúchame bien Charlotte. —grita— Lo harás quieras o no. Esto es muy importante ¿no puedes entenderlo?

A pesar de la intensidad en él volumen de su voz, no le provoca nada a la chica, solo queda callada, inmutable viéndolo. Está segura, de que es lo que no quiere hacer.

—¿Esto hacen ustedes los Asesinos? ¿Obligar a que se unan a su “causa”? —permanece sentada en su lugar— Lo lamento Garrett, yo, estoy muy bien aquí, viviendo con Myriam, en la paz del bosque. No pensaba regresar, y aún, no pienso hacerlo. —sus ojos empiezan a verse vidriosos— Entiéndeme por favor.

Garrett no sabe ¿Qué es lo que le sucede a Charlotte? La nota distinta, pero no puede dejarlo así. Aparta sus manos de la mesa, incorporándose.

—De acuerdo, con que así rompes con el trato. En ese caso, tendré que entregarte a la guardia. Claro, yo no personalmente, ya que, gracias a ti, también me están buscando, por haberte salvado el pellejo. Pero no me dejas opción, le pediré a uno de mis amigos que te entregué . ¿Eso es lo que quieres? Dímelo.
—No serías capaz. —suena su voz con un temblor. Y se pone en pie como queriendo escapar.
—Ah, claro que sí. —casi súbitamente llega a ella y la agarra de su brazo— Solo que cambies de opinión.
—¡Suéltame! ¡¿Qué haces?!


Myriam ya había percibido los gritos, y entra a la cabaña de madera arrugando el ceño, al ver como el joven sujeta del brazo a su amiga.

—¿Qué está pasando aquí?
—¡Myriam no es nada, solo no te acerques!


Charlotte conoce las habilidades de Garrett por ser Asesino, y sabe que Myriam y ella no tienen oportunidad. Pero la cazadora percibe el peligro de la situación, por lo que se dirige hacia dónde colgaba su mosquete largo para caza, y lo sostiene con firmeza, viendo por la mirilla para apuntar bien a la cabeza del joven.

—¡Déjala ir! ¡¿Me oyes?!
—Señora, será mejor que se calme, y deje esa arma. —la mira un segundo— Yo solo quiero llevar a Charlotte de vuelta a casa, a cumplir con las obligaciones que ha olvidado. Vamos Charlotte, hay que irnos. —le da un tirón.
—¡No! ¡Te he dicho que no lo haré!


El agudo oído de Garrett capta el indicio del gatillo, entonces empuja a Charlotte quien cae sobre la mesa, y avanza contra Myriam levantando el mosquete para desviar el disparo al techo, y le encaja su hoja oculta debajo de su axila haciendo que comience a desangrarse lentamente. Charlotte puede ver como cae su amiga al suelo de madera, por el dolor y debilidad. Se echa a correr hacia ella como desesperada. Garrett toma su distancia, sorprendido el mismo de lo que ha hecho, pero tampoco va a arrepentirse, ella se lo buscó. No puede tolerar haber fallado a la orden, haber dejado que los Templarios dominaran esta nación, de eso sí que está arrepentido.

—¡Myriam! —sostiene su cuello para ver su rostro.

La cazadora le sonríe muy leve, y la mira a los ojos.

—Estoy bien, no te preocupes. —con un hilo de voz.
—Te dije que no te acercaras, no tenías que hacerlo. —con su cara arrugada de la angustia.
—Charlotte, ten cuidado…con él.
—Vamos, levántate, debemos parar ese sangrado cuanto antes.


Toca la herida por donde brota sangre tibia, y observa su mano manchada de rojo, su mano tiembla, sus labios también y la invade un mareo. Sangre… justo lo que no quería ver. Pero debe aguantar, su amiga la necesita. Con esfuerzo posa su mirada en la faz de su amiga, y cae en la cuenta que, ha cerrado sus ojos.

—¿Myriam?... Myriam respóndeme. —palmea su mejilla, poniéndose tan pálida como ella— ¡Myriam! —exclama con horror.


Su amiga se ha ido. Y con sus brazos, la abraza queriendo darle fuerza, darle vida así, pero es inútil. El llanto brota con naturalidad de ella, acompañado de un dolor en el pecho que, la presiona, la estruja por dentro, y cree, que esta no es la primera vez que se siente así. En su cabeza, algo quiere volver, ¿serán sus memorias?.
El joven Asesino, ha manchado sus manos con sangre inocente, y sabe que no es correcto, pero le importa más quitar del mando a los Templarios. Queda ahí cerca de la puerta de la cabaña viendo como Charlotte derrama lágrimas, viéndose como ríos en sus mejillas blancas, esas lágrimas que parecen infinitas, sobre el cuerpo de Myriam, su única amiga.


El cielo tan azul, y los árboles que rodean la casa de madera en la colina, tan verdes. Desde la maleza del bosque, muy cerca a la casa; el joven italiano, observa al ingenuo Connor que, ha hecho caso a su “advertencia” y ahora mismo se dedica a cavar en la tierra cercana a unas lapidas. Se las ha arreglado para que no lo descubra, para que no se entere, de que lo ha estado siguiendo hasta aquí. Ezio se ríe por dentro, ha sido muy fácil convencerlo, tal y como lo esperaba. Y ahora sabe en dónde esconde esa cosa.
Enfoca más su atención, cuando ve que el joven nativo permanece quieto observando el hoyo que ha hecho en la tierra. Sin duda esa esfera dorada de la que tanto hablan está ahí dentro. Y el muy inocente, se ha dado cuenta que sigue ahí. Acto seguido, Connor prosigue a extraer de la cavidad una caja de madera. Ezio sabe que ahí dentro está el “fruto”, y que ahora le buscará otro escondite, tal y como él le aconsejó, no le queda más que seguirlo como ha hecho hasta ahora para obtener el fruto y guardarlo para Aveline. Pan comido.
Connor sube a su caballo, con la caja, que ha amarrado bien con cuerdas atrás de la silla, para poder llevársela lejos. Espolea, y hace que el caballo corra. Ezio, va a dónde había dejado su caballo e intenta seguirlo a cierta distancia, para que no escuche que lo persiguen, y no lo pierda de vista.

Viajan hasta la jefatura de barcos más cercana. Connor sube al barco, y Ezio siendo lo más discreto posible aborda también, escondiéndose detrás de unas pilas de cajas, por dónde ve que Connor se mantiene apoyando sus codos en la borda del barco, con el dichoso fruto del Edén en sus manos, que brilla como el oro. Esperan a que el capitán emprenda el viaje a Nueva York.
Tiempo después viéndose a mar abierto. Connor no ha dejado de contemplar el fruto que sostiene. Ezio debe tener paciencia y ver que hace con él. Cuando de pronto el joven nativo con traje y sombrero, se aparta de la borda, retrocediendo unos pasos, para así poder arrojar el valioso fruto del Edén al agua. Ezio siente como cae su quijada al quedar boquiabierta. ¿Pero qué está haciendo? Sin tener cuidado, sale a toda prisa a la borda, y piensa en lanzarse al mar para buscarlo, se impulsa, pero algo lo atrae de vuelta a la cubierta principal del barco, donde cae de espalda. Connor se interpone ante sus ojos de pie y con sus brazos cruzados, Ezio puede sentir como su intensa mirada lo fulmina, y la expresión en su rostro es oscura.

—¿Qué crees que estás haciendo? —cuestiona Connor  viéndolo a sus pies.
—Eh…¡Qué sorpresa! ¿no lo crees? —suelta una fingida risa— No sabía que te encontraría aquí amigo.
—¿Amigo? —con énfasis, arrugando el ceño, con un solo brazo levanta a Ezio de la cubierta y le clava su mirada en sus ojos— Yo lo sabía, sabía que me estabas siguiendo. Me has mentido ¿no es cierto? Tal y como lo supuse, estás ayudando a esa mujer Templaria.

El joven nativo, era un buen cazador después de todo y por supuesto que había escuchado que lo seguía y ya lo había visto. Lo agarra bien de la manga de su camisa.

—Oye, tranquilízate, esto es un malentendido, es…una coincidencia. Nada más.
—No, no es así. ¡Tú me has mentido! ¡¿Por qué lo haces?! ¿Por qué estás ayudando a esa malvada mujer?
—Te lo diré, si me sueltas, estás arrugando mi ropa amigo.

Refunfuñando, Connor suelta a Ezio y levanta su barbilla con dignidad y enfado dispuesto a escucharlo.

—Verás…, Aveline, realmente la amo Connor, tienes que entenderme.  Sé que quizá tú nunca has amado a una mujer, y por eso no puedes  comprenderme, pero te juro que, la amo, y la única oportunidad que tengo con ella es esta. Ayudarle. Pero creo que el Fruto del Edén ya está perdido. —gira su cabeza viendo la lejanía del mar, que el barco ha dejado atrás.
—Sí, así es, así que olvídalo. Y olvida mi ayuda también, desde ahora yo trabajaré solo.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Te necesitamos. Vamos, sabes que solo nosotros podemos ayudarte a encontrar a esa mujer asesina que tanto deseas encontrar.
—No. —lo apunta con su dedo— A partir de ahora, yo la buscaré solo. —se da la vuelta para marcharse a otra parte del barco, pero se detiene al olvidar aclarar algo. Voltea para mirarlo— No quiero verte frente a mi jamás, si lo haces te mataré.

Dicho esto se aleja de él, y Ezio se rasca su nuca arqueando una ceja.

—Vaya que intensos son todos, por algún motivo siempre quieren matarme. —murmura para sí mismo— ¿Ahora que le diré a Aveline? —mira sus botas con sus manos en la cadera, haciendo una mueca de desagrado.



Notando que Charlotte no para de llorar, Garrett se ve obligado a acercarse y tocar su hombro, ella se sobresalta de inmediato.

—¡No me toques! ¡Vete de aquí!
—Charlotte no me lo pongas más difícil, anda, únete a mi o te entrego a la guardia.
—Solo…déjame en paz. —con voz ahogada por el lloriqueo imparable.

Garrett lleva sus brazos a ella para cargarla, pero Charlotte se sacude oponiendo resistencia. No la levanta del suelo.

—¡Déjame! —gruñe— Está bien, cumpliré con el trato. Solo déjame tranquila un momento, y ayúdame a llevarla con Aquiles ¿quieres?. —voltea a verlo con sus ojos arrasados en lágrimas— Debe tener un entierro digno…


Acaricia la fría mejilla de la que fue su amiga.

Toda la hacienda Davenport se entera de la muerte de Myriam. Charlotte y Garrett tuvieron que mentir, diciendo que un oso la atacó. Aquiles prepara el funeral, pidiéndole al cura de la única Iglesia del pueblo que viniera a dirigirle algunas palabras, y oraciones, a la tan querida difunta.
Se despiden de ella, llenando su sepulcro de rosas blancas, que posteriormente, rellenan con tierra.



Un lobo solitario, este es Connor. Ahora más que nunca lo es, y se siente más seguro, se siente que está cerca de lograr su más importante objetivo; Encontrar a la ladrona-asesina. Aunque la guardia ya haya retirado los carteles de “se busca” hace meses, puesto que ya no se ha visto a la Ladrona, y tampoco se han reportado robos de ella, como si hubiera desaparecido. La han dado por muerta. Pero, a Connor le es imposible olvidar la muerte de su madre, la exterminación de su pueblo,  por culpa de ella y los Templarios, que seguro son capaces de exterminar a las otras tribus que quedan. Eso no puede permitirlo.
Ezio, y su amigo, junto con las reuniones nocturnas en el Pimienta Negra, habían sido un gran estorbo, y una gran distracción. De eso se percató, cuando en su ardua búsqueda durante  una noche, sus ojos divisaron una silueta negra muy conocida, tiene que ser la ladrona sin duda alguna, las vestiduras son igual. En la oscuridad de una abertura entre dos casas, la sospechosa abría disimuladamente una pequeña puerta en el suelo, y conducía a un hombre ahí, dejándolo entrar, ambos llevan capuchas que cubren su cabeza. Luego ella se introdujo a dicho “escondite”.

Cargándose de una desesperación que lo impulsa a correr hacía allí, Connor aprovecha esta oportunidad, que había estado esperando desde hace ya  tiempo.
Observa la puerta de madera cuadrada  ubicada debajo, al borde de una gran casa. Usa su habilidad para forzar la cerradura…, y entra. Baja por unos escalones, cuidando sus pasos. Es un túnel, un pasadizo secreto, como una ruta de escape, o un atajo para llegar a cierto lugar de una forma más rápida y discreta.
A lo lejos se escuchan pasos, deben ser la chica misteriosa, y el otro sujeto que acaban de adentrarse aquí. El joven nativo, portando aún ese traje inglés azul, revisa las paredes de tierra algo estrechas, encuentra con su mirada varias antorchas encendidas, que iluminan el oscuro túnel. Sigue adelante, avanzando un poco más rápido, siente que está cada vez más cerca de esas personas. El sonido de pisadas se detiene, y Connor puede saber que están del otro lado de una pared, han dado vuelta, pero el joven no los dejará ir. Sale a la vista de los encapuchados, y atrapa en sus brazos a la chica violentamente.
El otro hombre encapuchado, y que no se puede ver su rostro, se va contra él con una hoja directo a su cuello, pero Connor se aparta sin soltar a la chica, quien forcejea. Agarrándola con un brazo, y con el otro se arma de su Tomahawk para defenderse del joven que con una daga y una hoja trata de herirlo, cansado de fallar saca su mosquete corto y apunta a la frente de Connor, pero él se apresura a cortarle el brazo, seguido de la garganta con su hacha Mohawk, derrumbándolo al suelo, y viendo como poco a poco la vida lo abandona, dejando una charco de sangre. Un acero se entierra en su pierna, y con un alarido de dolor afloja su agarre y la chica puede liberarse de él, y en un grito cae de rodillas a la tierra preocupada por su compañero muerto.

 Aguantando el dolor de la puñalada en su muslo, Connor entrecierra sus ojos viendo mejor  la espalda de la mujer, que con sus manos tocaba al hombre del suelo, tratando de animarlo. Lleva un arco con flechas a la espalda, está armada con una espada, un mosquete y ese mecanismo de hoja en el brazo. Sí, en efecto ella es la ladrona-asesina. Se acerca para descubrirle su cabeza. Rojo…cabello rojo.
Por un instante su mente queda en blanco, no es capaz de moverse, ni siquiera de parpadear. ¿Acaso es Charlotte?

—No, no Thomas no puedes morir así. —su voz quebrantada—Apenas eras un aprendiz, no estabas preparado.

Su voz, esa voz es de…

La joven da un giro mostrando su rostro sin importarle, está llena de rabia, en un chasquido suelta su hoja oculta y la dirige al sujeto que los había atacado. Su brazo que portaba la hoja  apuntándolo, desciende. Se paraliza su cuerpo, al descubrir que se trata de Connor.

Los dos se miran a los ojos, sin abrir los labios para decir algo, sin hacer nada. Como queriendo comunicarse solo con miradas. Miradas confundidas, miradas con temor. Con temor…de enfrentarse.










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