sábado, 15 de noviembre de 2014

Relato [Mensaje del cielo]

















Este Relato está basado en una historia real.
               

                


Es bíblico que Dios hable en sueños. (Job 33: 14.18)
Dios le habla al hombre, en general a quien él quiere.
El sueño de Dios es para traer consejo, y para acercar al hombre a Dios.
El propósito de Dios es acercarte a él.
Los sueños de Dios, por tanto, nos llevan a la acción, nos llevan a hacer la voluntad de
Dios, y abandonar nuestras ideas y comportamientos.









—¡Dios mío! ¡¿Dónde estás?! ¡Que no te veo!


Luchaba contra su propio temor.
La señora, con su cabello blanco, sus ojos llorosos, pero no del llorar, sino del sufrir, por la edad tan alta que había alcanzado, y esa enfermedad que había consumido su cuerpo, haciéndola lucir tan débil, tan frágil, tan delgada. Postrada en la cama, de dónde no podía moverse, si no era con ayuda de su hija. Los veía ahí, delante de su cama, por toda su habitación; eran esos seres detestables, tan tenebrosos y horripilantes, que la asechaban… como buitres, a la espera de que la vida la abandone. La amenazaban con sus llameantes miradas, y no podía dejar de escuchar sus burlas, no podía dejar de verlos, figuras demoniacas invadiendo su pequeño espacio. Se aferraba a la vida, porque sabía que esos seres estaban esperando.

—¡Dios mío, háblame por favor!

Su hija, desesperada pero cargada de fe,  frente a una vela encendida, y con un rosario en sus manos, unas pequeñas lagrimas asomándose de sus ojos, buscaba un poco de luz, un poco de esperanza. Pedía a Dios con todo fervor, con toda su tristeza, que ayudará a su querida madre, que alejara a esos entes que la atormentaban, que le diera paz.
Había sido tiempo de que su madre estaba padeciendo, y ella la acompañaba en su dolor. Su familia ya no podía tolerar lo molesto y cansado, que resultaba para ellos el soportar los gritos de su madre todo el tiempo. Pero ella no podía abandonar a su madre…era su madre. Su único refugio, era Dios.


Tiempo después.

Una mujer en sus sueños, pudo ver a su abuelo ya fallecido desde hace años, lo veía vestido con un traje blanco, que parecía irradiar una luz preciosa, pero no lo veía viejo, sino joven.

—Pily. —la llamó.

¿Por qué esta soñando a su abuelo? ¿Por qué no a su padre? Como le gustaría soñar a su padre. Fue tan profunda su impresión, que por un momento pensó, que la muerte había venido a recogerla, sin embargo no sentía miedo. Era extraño, con este abuelo paterno, casi no tuvo relación, ni siquiera asistió a su funeral, pero tampoco era algo que le preocupara.

—Sí. —dijo su abuelo con una sonrisa.
—¿Sí?

En ese momento despertó. Quería saber que era lo que quería, por qué venía a irrumpir su sueño, porqué, no puede ser su imaginación, se veía tan real.
Pero no podía creerlo en su totalidad, era un simple sueño, no puede ser. Además sus creencias religiosas no le permitían el creer en horóscopos, sueños, entre otras cosas. ¿Entonces qué hacer?
Recurrió a su madre.
Apenas amaneció, tomó el teléfono y le llamó.

—Mamá.
—¿Qué hija?
—¿Mi abuelo José era Católico?
—No, era de otra religión
—Ah, bueno.


Deseaba contarle, hacerle más preguntas, realmente buscaba ayuda, pero la vergüenza era más. Así que dejó ahí el tema.
Aparte, no podía acelerarse, no podía creerlo tan rápido. Se basó en lo que dice en la Biblia; Un sueño que se repite tres veces, es una premonición, o cosa de Dios.
Entonces quizá eso solo era algo pasajero, algo creado por su mente. Lo dejó pasar.
Por más que deseaba abandonar la idea de que, era real, algo la trataba de convencer. 
La experiencia.

No había sido la primera vez que esto le pasaba, esto…era algo que había estado arrastrando toda su vida. El tener sueños premonitorios, el haber nacido con cierto sentido con el que no cuentan todos, pero, quería sentir, que de nuevo, no tenía que pasar por lo mismo. Suplicaba en su interior “No, otra vez no”.
Pero sus suplicas no fueron atendidas. Era claro que una vez más, no se haría su voluntad.
Volvió a ver a su abuelo en sus sueños. Justamente al siguiente día, igual que la primera vez, con mucha luz.

—Quiero que le digas algo a tu abuela.
—¿Mi abuela? Pero si está muerta.

Había pensado en su abuela Ignacia, que ya había fallecido hace mucho tiempo. 

—No. Mi viejita. Está mal, y no debe temer.

Entonces a su mente vino otro nombre. Doña Petra. La segunda esposa de su abuelo, pero nada sabía de ella.

—¿Pero yo por qué? Dígale usted mismo, o…dígaselo a sus hijas. ¿Qué puedo hacer? ¿Las busco yo?

Despertó.

Nuevamente opto por hacerle una llamada a su madre.

—¿Usted cree que Doña Petra vive aún?
—No hija, ya ha de haber fallecido esa señora.
—Pero es que mi abuelo…ya lo soñé dos veces y dijo que quiere que le diga que no tenga miedo.
—Ay, Pilar, no hagas caso, mejor reza y ponle una veladora a tu padre.

Sin duda su madre no era nada de ayuda. De hecho, nadie podía ser de ayuda. Sabía lo que seguía, lo que pasaría, que la gente hable a sus espaldas, diciendo que está loca, que los creyentes piensen que tiene demonios, o que es una bruja. Solo ella sabía que no era así. Y eso…le hacía enojar. El no poder controlar estas situaciones, el no poder evitarlo, el no poder conseguir ayuda, ni comprensión de…nadie.
Lo único que sabía de su abuelo José, era que tenía muchos hijos y nietos. En ese caso ¿por qué siempre venían a ella? Como si fuese un imán de espíritus, una paloma mensajera. Pues no era nada fácil ser una paloma mensajera en este mundo. ¿Por qué siempre la obligaban a quedar en ridículo? No podía manejarlo, no se hacía su voluntad.

«Muy bien abuelo… ¿Y si hago lo que me digas? Sin importar lo que la gente crea» Pensó. Tan solo deseaba descansar.

Y se lo pidió a Dios, en la tercera noche. Que no se repita, sí es así…

»Dios mío, quiero dormir y despertar sin soñar nada en lo absoluto»

Otra vez. Ve a su abuelo frente a ella, en lo que parece la nada, pero rodeado de una luminosidad hermosa.

—Tú dijiste. —dijo su abuelo sonriente— Aquí estoy.
—A ver, suponiendo que busque a sus hijas y las encuentre.

Ni siquiera tenía contacto con sus tías, ni siquiera sabía cómo llegar a ellas.

—¿Qué les voy a decir? ¿Cuál es su mensaje?
—Dile a mi viejita que no tenga miedo, que aquí la espero bien bañado y peinado como le gustaba.
—Pero abuelo ¿Qué no era mejor que fueras personalmente a darle este mensaje a tus hijas? Seguro ellas están más cerca, será más fácil para ellas. En cambio para mí será muy difícil, puesto que ni siquiera sé cómo encontrarlas.
—No, tú eres inteligente, y sabrás que hacer. No le hagas caso a tu mamá, ella no entiende, nunca entendió.

¿En serio? ¿Tanto amor? La mujer no podía creerlo. Todo esto indica que su abuelo verdaderamente amó a su esposa, tanto es su amor que aún en la eternidad la sigue amando…la sigue esperando. Ella sabía que su abuelo en vida, había sido mujeriego, al igual que su padre, ella tenía la creencia de que este tipo de hombres no se enamoran, no pueden amar. Esta señora, era su segunda esposa ¿Cómo puede amarla tanto? Aún más allá de esta vida. Se unió, la sorpresa de una demostración eterna de amor, con una desesperación, esta mezcla la alteró tanto. Porque sabe lo que debe hacer, ya se ha cumplido el tercer sueño, lo que quiere decir, que es cosa de Dios.
¿Debería buscar ayuda? Imposible, nadie puede ayudarla. ¿De verdad va a ir a buscar a sus tías y a darles este mensaje? De ser así… sabe que la verán como una loca que, imagina e inventa cosas. La juzgaran, se burlaran, no le creerán. Pero su interior le clama; Hazlo.

«Dios mío ayúdame porque estoy en un dilema, pues esto es más grande, lo siento en mí. Tú eres el que me dirá como hacer lo siguiente. »




En la cocina de su casa, prepara un café caliente por la mañana y se sienta a ver el noticiero buscando tranquilidad.


—Muchos han encontrado el amor en Facebook. —decía la presentadora— Las redes sociales han demostrado ser una buena conexión para muchas personas que…

Posó la taza de café en la mesa, y se quedó un momento escuchando, adentrándose en su mente.

«Puede ser… es rápido, y gratis. »

Acudió a su hija mayor, en la que tenía un poco más de confianza. Entró en su habitación y ahí estaba ella en su laptop precisamente adentro de esa red social, que hasta ahora no conocía bien. Sabe que su hija si conoce eso, y probablemente pueda ayudarle. Se sentó en el borde de su cama, y su hija parecía leer en su cara que algo pasaba.


—Hija ¿Me haces una cuenta de Facebook?
—¿Por qué?

Era extraño que su madre quisiera entrar en una red social, así como así. Es por eso que, se vio en la necesidad de contarle lo que había estado soñando de su abuelo, con sumo detalle. Con su hija si podía hacerlo, en ella confiaba, y ella la entendía, no era la primera ocasión que le contaba sobre sus experiencias. Aunque siempre esperaba para contarle.
Se le vino a la cabeza su tía Dina Cortez. Ya que era la tía que recordaba que era más amable.

—Bueno, está bien. —aceptó—
—Pero no quiero que salga mi nombre real. ¿No puedes poner otro nombre que no sea el mío?
—Mamá, será más fácil encontrar a tu familia con tu nombre real y foto. —no quitaba las manos del teclado— Sí encuentras a tu tía, si es que tiene Facebook, y llegas a enviarle un mensaje, quizá te ignore, o no te tenga confianza porque no sabrá quién eres.
—Ah es cierto…


Teniendo la cuenta en esa red social, con instrucciones de su hija, pasó casi quince días buscando a su tía Dina sin éxito. En internet había muchas mujeres que se llamaban igual, fue agotador, y algo estresante. No conocía otro modo de encontrarla, desde adolescente que no sabía de esas tías, ni de su otra abuela, ni siquiera estaba segura de que siguiera con vida. Solo se estaba dejando guiar por una voluntad, que sin lugar a dudas, no era la suya.
Un día la halló, ahí estaba el nombre y la foto de…su tía. Rápidamente la reconoció, busco más fotos de ella y se convenció, esa era su tía. Pero, tenía muy privada su cuenta, no podía añadirla a amigos en esa red, ni tampoco podía enviarle un mensaje. ¿Por qué lo tenía tan bloqueado? Se vio obligada a agregar a dos de los amigos que veía, le comentaban mucho. A través de uno de ellos llegaría a ella. Necesitaba dar ese mensaje, sabía que tenía que hacerlo.  Era un joven, y una chica, algo le dijo que mejor le hablara a la chica, que gracias al cielo, podía escribirle un mensaje.

“Hola, soy sobrina de Dina Cortez, y quería decirle algo a mi tía algo importante, pero no puedo porque no me permite enviarle mensaje o añadirla a amigos. ¿Podrías hacerme el favor de decirle que soy su sobrina y me agregue a amigos?”



Al parecer el mensaje si se lo dio. Ya que al poco rato recibió una solicitud de amistad. De inmediato, le escribió un texto, contándole aunque con pena, y arriesgándose a ser ignorada, o que pensara lo que pensara. Le explicó sobre su sueño repetitivo, y también le transmitió lo que su abuelo le pidió que le dijera. Cumpliendo con su parte.

“Mi mami está muy enferma”

Respondió su tía de milagro. Palabras que le impresionaron, siendo que no sabía que la señora todavía vivía. Su tía continuó…

“Le pedí a Dios por mi madre, pues ella está muy temerosa, tiene miedo de morir. Me dice que puede ver demonios que la molestan, que están esperando que fallezca para llevársela con ellos.”

En ese momento, comprendió que era Dios quien le mandaba el mensaje a su tía, y que precisamente era ella quien cuidaba de su abuela. Siguieron conversando por internet un buen rato, entre más hablaba con su tía, más se impresionaba, puesto que le confirmaba todo, hasta que era cierto eso que le dijo su abuelo, que en efecto a su madre le gustaba peinarlo después de que él saliera del baño bien limpio y vestido. Su tía le decía como se sentía con todo esto que estaba pasando su madre, y eso, tocó su corazón.
También le dijo que su familia ya no aguantaba a su madre, sus hijos y su esposo ya no la querían en casa, pero que ella no quería ser una mala hija y dejarla en un asilo.


“No se preocupe tía, quizá Dios quiere que usted no se sienta mal con lo que tiene que hacer”




Dina, sintiéndose un poco mejor con el mensaje que le dio su sobrina, mensaje que le parece asombroso. ¿Cómo una sobrina que no había visto desde hace mucho tiempo, puede saber que su madre está mal? ¿Cómo es que puede saber algo tan íntimo como que su madre le gustaba ver a su esposo bien limpio y peinado? Su sobrina era alguien especial, una herramienta de Dios quizá. Esto le da la fortaleza para tomar la decisión.
Va con su querida madre, que acostada en su cama no deja de verse asustada, sus ojos ya se ven muy cansados, y se quedan viendo fijo a una esquina de la habitación.

—¡Mira hija! ¡Está ahí! ¡¿No lo ves?! —refiriéndose al demonio que solo puede ver ella— ¡Siempre están aquí! ¡No dejan de verme, y sonreír con burla!

Apretando sus labios reprimiendo su dolor, la mujer camina hacia su madre y toca su brazo, tan liviano, solo es piel y hueso. Es tan difícil ver a su madre así.

—Mami, tranquila. Mami mírame. —con su mano en la mejilla de su madre la mueve con delicadeza para que la vea— Pily me dio un mensaje ¿Te acuerdas de Pily?

La señora no responde solo observa a su hija.

—Bueno, ella soñó a papá, y dice que no tengas miedo, que él te espera, bien peinado como te gusta. Ya no tengas miedo mami. —le da una caricia muy sutil en su rostro y toma su mano.


Llevó a su madre a un asilo, ahora estaba segura de que era lo correcto. Y para su alivio, descubrió que la que iba a ser compañera de cama de su madre, era una señora que rezaba mucho el rosario, todas las noches. Ella sabía que cuando una persona reza el rosario, los demonios son ahuyentados, no hay nada mejor que rezar con mucha fe, y estaba segura que esa señora le podría dar paz a su madre.
Quien al poco tiempo, pudo descansar en paz. 
A Dina le informaron que su madre había fallecido.

Cuando entro al cuarto dónde estaba su madre, la envolvió una paz enorme que hizo rebosar su corazón, un aroma a rosas que se encontraba en la habitación invadió su nariz.
Todo esto se lo contó a su sobrina por esa red social. Estando muy agradecida con Dios quien la escuchó, por el mensaje, y también agradecida por su sobrina.
Ahora sabía que su madre estaba con su padre. 


“María las protege y cuida, no tengo duda de que Dios usa a las personas para hablar contigo en sueños, pues son más cercanas aquí en la tierra”





Para la sobrina de Dina, saber que su abuelo amo así a esa mujer que era su segunda esposa, la hizo pensar que quizá el hombre puede amar aún en la eternidad, y que Dios responde siempre, solo tenemos que callar, para escucharlo en el silencio. 








.

jueves, 13 de noviembre de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 17]










                            Capitulo-17 











—¿Eres tú? ¿Tú eres la Ladrona-asesina?. —Connor, aprieta con su mano la herida sangrante de su muslo, aguantando.
—Ya no soy una ladrona, y sí, soy una Asesina, pero yo no incendie tu pueblo, yo no tuve nada que ver con eso.
—Yo te vi, esa vez…¿entonces eras tú?. —une sus cejas con tristeza— ¿Por qué lo hiciste Charlotte?
—¡Yo no hice nada! Y no recuerdo nada.

Rendido Connor recarga su espalda en la pared de tierra, para descansar un poco su pierna, hace una mueca de dolor. Pero el dolor de su herida no se compara al dolor que siente dentro de él, viendo que al parecer es su amiga pelirroja, la misma pelirroja que buscaba para cobrar venganza. Por supuesto que, de sus ojos no se asomaría una lágrima, mantiene su compostura.

—Me prometí a mí mismo buscar a la culpable y darle su castigo, pero ahora…—la mira a los ojos— No, no creo que seas tú, debe haber un error, tú no puedes ser así.

Quedan un momento en silencio, sin verse a los ojos, todo es tan confuso para los dos.

—Pero, tal vez es culpa mía —rompe el silencio la voz del nativo— Probablemente, lo hiciste por venganza, porque… —hace una pausa— le quite la vida, a tu padre. Ahora entiendo… —ve su mano tocando su pierna lastimada.
—¿Qué?
—Es mi culpa, por no decirte la razón, te entiendo. Y hasta el día de hoy no me arrepiento de lo que hice, puedo verte con bien, y eso…me da mucho gusto —sonríe una pizca— Si no lo hubiera hecho, todo sería diferente, tú no estarías aquí, mi madre iba a…

Charlotte interesada y sorprendida da pasos hacia él.


—Aun así, te pido perdón. —continúa el chico— Realmente no quería hacerlo, pero debía hacerlo.
—¿Podrías, explicarme todo?


El joven nativo intenta explicarle, darle a entender lo que pasó aquella vez con sumo detalle, excepto cuando la empujo al río, de eso si se arrepiente. También le dijo la razón del porque se vio obligado a asesinar a su padre. Sus palabras le abren la memoria a Charlotte, puede recuperar todos sus recuerdos, con tan solo ver sus ojos y escuchar lo que le cuenta, es como regresar. Puede ver en su mente como jugaba con él siendo niños, luego de adolescentes, como competían y cazaban juntos, esos besos que ella le robaba, todo. Entonces, esas “visiones” del joven nativo asesinando a un hombre; era un recuerdo, y ese hombre… era su padre. Pero, sí habían sido visiones, las que tuvo de la madre de su amigo exigiéndole que la matara. Es por eso que en esa ocasión, cuando fue a buscarlo estando sufriendo por la perdida de su padre, quería confirmarlo, que él no lo había hecho por un mal, que él no era ese monstruo que cualquiera podría pensar que era. 

—Ahora lo recuerdo ¿Pero por qué me aventaste del acantilado al río? ¿Intentabas matarme a mí también? —sus orbes lagrimean un poco—
—No.
—¿Querías deshacerte de mí? ¿Sabes que pude morir? Si no hubiese sido por Myriam…


Avergonzado Connor baja su mirada.

—Lo siento, yo...debía protegerte. No quería que te vieran, y sabía que tú no querías alejarte de mí. Creí que me odiarías después de todo lo que hice, y ese odio te haría apartarte. Si tenía que vivir con la culpa, de saber que moriste, o me odiabas, era un riesgo que tenía que tomar, no había otra forma.


En él veía a un gran amigo, un gran hombre, y más allá de eso, un gran sentimiento que ahora toma fuerza a causa de todos esos recuerdos, su corazón es capaz de perdonarlo, de comprenderlo, ahora ella siente que tiene que protegerlo. Había hecho un sacrificio por ella, manchar sus manos de sangre, de una sangre que sabía era valiosa para su ser querido, pero más era lo que la amaba, tanto, que no le importo nada más que su seguridad, colocándola en primer lugar. Se acerca más para rodearlo con sus brazos, fundiéndose en un abrazo.

—Ratohnhaketón. Eres un loco, mira lo que hiciste por mí. —suelta una risa suave.
—¿Charlotte? Creí que…
—Te conozco, sé cómo eres. Solo tenías que explicarme y yo entendería, sabía que lo habías hecho por una buena razón.
—Pero…era tu padre y yo…


Inseguro la toca con sus manos, su espalda, subiendo lentamente hasta sentir en sus dedos su rojizo cabello suelto. Su corazón tiende de un hilo. Sintiéndola tan cerca. Es inesperado su comportamiento, creía que se enfadaría o se pondría mal, pero es como si le estuviera abriendo su corazón. Esa es Charlotte, quien lo comprende, quien lo ama, debió haberlo sabido. Si tan solo hubiera tenido la fuerza de decirle todo esto antes... 

—No digas nada. —dice la chica.
—Está bien.

Se aparta para verlo con sus ojos cristalinos de la emoción.

—He pasado por tanto dolor, por tantos problemas, pero…al fin puedo estar contigo.

Sus miradas se cruzan por unos segundos, y es Connor quien se siente atraído, por una tentación irresistible de acercarse más, para sentir sus labios, pero Charlotte avergonzada se agacha.

—Hay que atender esa lesión. —baja su mirada a su muslo. En su pantalón gris se ve una mancha roja.


Con un trozo de tela que arrancó de su túnica negra, envuelve su muslo apretándolo lo suficiente para detener el sangrado.

—Lo lamento, no sabía que eras tú. —mientras hace un nudo— De hecho, no sabía exactamente quien eras tú, hasta ahora.


Se escuchan pisadas en el suelo de tierra, ese sonido cada vez suena más claro. Garrett y otro par de Asesinos llegan a ellos. Lo primero que captan los ojos de Garrett es al Asesino sin vida tendido en el suelo y un rastro de sangre. Luego pasa su mirada viendo la escena de Charlotte de rodillas poniéndole atención a la pierna vendada de un desconocido. El par de aprendices que lo escoltaban se adelantan un paso, queriendo asesinarlo al creer que se trata de un enemigo Templario, pero Garrett les indica que se detengan con su brazo. Connor ya los había escuchado y visto, pero sus ojos no pueden dejar de ver esa brillante y preciosa sonrisa de Charlotte.

—¿Qué estás haciendo Charlotte?


La conocida voz la hace voltear su cabeza y borrar su sonrisa, se pone en pie de inmediato. El joven mestizo también se levanta del suelo, ahora puede apoyarse mejor en su pierna, aunque el dolor no ha desaparecido del todo.

—Estaba ayudándole a mi amigo.
—¿Amigo? —no muy convencido. Le señala el cuerpo sin vida del Asesino— ¿Y esto, como fue que pasó?
—Ah…

Se queda sin palabras, dejando viajar su mirada por las paredes del túnel, como si estás le pudieran ayudar a saber que excusa dar. Pero no se le ocurre ninguna buena.

—¿Qué pasó aquí? —camina hacia ella y la afronta, clavándole su mirada al mestizo atrás de ella, lanzándole una mirada desconfiada— ¿Acaso él tuvo que ver en esto? ¿Él fue quien hizo esto?
—No, él…
—Sí, fui yo. —admite Connor elevando su mentón con orgullo y agallas.
—Connor… —susurra la chica preocupada.
—¿Así que tu amigo hizo esto? —sin muchas ganas— ¿Cómo pudiste dejar que asesinara a uno de nuestros hermanos? Sabes lo que nos ha costado reunir a la hermandad, sabes que el número de Templarios es más grande.

Charlotte cabizbaja queda en silencio, y Connor con su mano la hace a un lado siendo delicado, y se pone frente a ella en modo de defensa, viendo directamente a Garrett, como fulminándolo con su mirada.

—He cometido un error. Pero si lo ataqué, fue porque él me atacó primero. Me gustaría saber más de los Templarios. ¿Qué puedes decirme sobre ellos? ¿Qué es la hermandad?
—Acabas de matar a uno de mis hermanos, y quieres que te deje entrar tan fácilmente a la hermandad, tendrás que ganarte eso. —enarca una ceja.


Charlotte, se vuelve a cubrir su cabeza con su capucha y le murmulla a su espalda disimuladamente.

—¿Por qué quieres saber de los Templarios? ¿Por qué le preguntas a él? Yo puedo ayudarte.
—Si no fuiste tú la que atacó mi aldea esa noche —baja el volumen de su voz—Necesito saber quién fue. Además, he sabido que los Templarios buscaban algo que tenía mi aldea.


El líder Asesino se mira sus dedos mientras piensa un rato. Retrocede volviendo en medio de sus dos aprendices.

—De acuerdo…—suspira con tedio—necesitamos más reclutas Asesinos, acabas de terminar con uno. Te encomendaré una misión y si la cumples podrás unírtenos.
—Bien. —asiente Connor.
—Tienes que Asesinar a la mano derecha del líder Templario, ella es un problema. Su nombre es Aveline de Grandpré. —de su túnica, saca unos papeles doblados— Aquí tienes algo de información sobre ella.
—Sé quién es. Esa mujer… —hace una mueca de disgusto al ver un dibujo de su rostro en uno de los papeles.
—¿Ella? ¿En qué estás pensando Garrett? —tercea Charlotte— Sabes lo difícil que es llegar a ella, y sobre todo enfrentarla.
—Lo sé, pero de todas maneras necesitamos deshacernos de ella, además. Él tiene que demostrar su validez para la hermandad.

«Este sujeto lo he visto antes, era uno de esos cazarecompensas, me han dicho que era bueno peleando, puede sernos útil. » Se dijo a sus adentros.

—Lo haré. —acepta Connor.
—Eso espero. Vamos Charlotte. —la mira y le indica con un gesto que lo siga—Hermanos…

Garrett se marcha por una de las rutas del túnel subterráneo, y los otros dos Asesinos se encargan de llevar el cadáver de su hermano caído consigo.
Charlotte, le truena un beso en la mejilla a Connor apenas alcanzándolo por su mayor estatura. El joven se ruboriza y la mira detenidamente. Todo se ha tornado tan diferente, pero no descansará hasta conseguir su objetivo. O quizá...

—Ten mucho cuidado, Connor.
—Lo tendré.
—Si necesitas mi ayuda… —se aleja de él sin apartar su vista— Búscame en la base de Asesinos, dentro del Pepper Black.
—¿En esa taberna?
—Sí, solo pregunta por nosotros, los dueños del bar nos apoyan.

Con su mano se despide, y se echa a correr hacia dónde se habían ido sus hermanos.
Connor pasa la noche en una posada. Hace tiempo que no iba a visitar a Aquiles, desde que se separó de los cazarecompensas, puesto que no deseaba encontrarse con Ezio, cree que debe ir a ayudarle como solía hacerlo, aunque seguramente estará molesto por abandonar la razón del entrenamiento que le brindó. Pero necesita del consejo de alguien, ahora mismo está ocurrido algo muy adentro de él, es como si se haya creado un embrollo con sus deseos y sentimientos. Aquiles es la única figura mayor que conoce. Así que se atreve a abordar un barco a primera hora del día, para ir directo a la Hacienda Davenport en busca de consejos, de esos consejos que solo un viejo como Aquiles puede dar.
En la borda del barco viendo la extensión del mar brillando por el sol, su mirada detecta algo brillante que flota en el agua. Fijándose bien puede divisar la forma circular del objeto, en efecto es aquel objeto ya muy conocido que en aquella ocasión arrojo al mar y pareció hundirse, pero curiosamente ahora mismo está flotando. Es peligroso dejarlo ahí, puede llegar a alguna orilla y posiblemente caer en manos equivocadas, o alguien más puede verlo y hacerse con él. Con prisa y sin pensarlo mucho Connor se echa un clavado al mar ignorando los gritos de la tripulación. Su herida vendada aún no sana y eso le dificulta el nadar pero hace un esfuerzo consiguiendo que su mano alcance a tocar el fruto.
No sabe cómo deshacerse de este artefacto, así que cree que debe conservarlo, cuidarlo, pero no es algo que pueda llevar prácticamente a todas partes.

Ahí delante de la casa de Aquiles, con el fruto en la mano, busca con su visión si hay alguien por ahí, pero solo encuentra silencio, y los alrededores vacíos, sin contar los caballos del establo que comían su heno con serenidad. Opta por tocar la puerta, no hay señales de…nada. Vuelve a tocar una y otra vez. Silencio.
No le queda más que forzar la cerradura de casa de Aquiles y entrar sin más. Se encamina a la cocina, a la sala, recorriendo el interior de la casa buscando al viejo.

—¡Aquiles! ¡¿Puedo hablar contigo?! ¡¿Estás aquí?!


Grita mientras lo busca, sin escuchar una contestación. Sube por las escaleras echando un vistazo a las habitaciones de arriba y nada. No queda más que revisar el sótano oculto de la casa.
Desciende por los escalones, alcanzando ese lugar, en dónde en la misma pared se exhiben todavía los retratos de los criminales más buscados, ya todos tachados, excepto el retrato de la ladrona. Siente que algo se mueve detrás de él, en una esquina cercana, y al mirar con el rabillo de su ojo.

—¡Tranquilo, tranquilo! Calma… no me hagas daño—Ezio da pasos hacia atrás con temor— no tienes que matarme, oye, tú has venido hasta aquí. Yo no me he puesto en tu camino. Solo déjame ir ¿está bien? —con una sonrisa medio torcida casi haciendo una mueca.

Lo había visto llegar a la casa y se apresuró a esconderse, conoce a Connor y sabe de lo que es capaz.
El nativo bien vestido como siempre con ese traje azul le da la frente con suma seriedad, y con una seña en su mano le pide que se tranquilice. Ezio puede tomar un respiro y se relaja.

—Solo quiero saber ¿dónde está Aquiles?
—¿Aquiles? ¿Por qué lo necesitas? A un viejo como él…
—Dije que quiero saber dónde está ¿Lo sabes o no?
—Sí lo sé. —se encoje de hombros desinteresado.
—Bien, dime dónde está.
—Pero, Connor. Sabes algo yo…

Sus labios se cierran cuando sus ojos logran ver que Connor trae el fruto en su mano. Es él mismo que desea Aveline, la mujer que se ha decepcionado de él y le ha dicho que no le sirve para nada. Mujer, que no ha visto desde esa vez que perdió la oportunidad de apoderarse del fruto, cuando Connor lo tiró al mar. Y ahora, está de nuevo frente a él, ese objeto tan preciado, y aunque Connor le provoque algo de miedo, tiene que intentarlo, ese fruto debe ser suyo.

—¿Cómo es que lo tienes de nuevo?

Connor cae en la cuenta de que traía expuesto el fruto en su mano.


—Eso no te importa. Dime ya dónde está Aquiles.
—A cambio del fruto.
—No.
—Lo sabía, entonces… ¿Quieres pelear? —con una sonrisa confiada toma posición y cierra sus manos en puños—Sin armas. 


El joven que posee el fruto en su mano le clava su mirada inalterable. Debía imaginar que algo así sucedería, lo que menos quería, —encontrarse con Ezio— ha pasado. Es absurda una pelea en este momento tan crucial para él. Necesita hablar con Aquiles, necesita poner en un lugar seguro el fruto lejos del alcance de  Ezio, y de los Templarios.

Sin embargo, Ezio se ha adelantado sin esperar su respuesta, y ha impulsado su golpe hacía él. 













.