sábado, 7 de marzo de 2015

La Bruja y el Ángel mestizo [ Capitulo 21]




















                           Capitulo-21














—…así mismo, estos Asesinos son una gran amenaza para nuestra nación.


Vocifera con imponencia Charles lee al frente de una multitud de ciudadanos, en la horca de la plaza mayor.
El cielo se tornó rojizo por el atardecer, y tres encapuchados de la hermandad de Asesinos con sus manos atadas con cuerdas, y daños visibles en sus cuerpos por la batalla. Tenían una soga rodeando su cuello, preparados para ser ejecutados.

—Les recuerdo que si encuentran a uno de ellos, lo reporten de inmediato a la guardia. Es por la seguridad de todos, son peligrosos, amenazantes… —lanza esa mirada pesada al verdugo como avisándole—Como saben, estos asesinos deben pagar sus crímenes. —regresa su vista al público—¿Y de que otra manera puede ser más que quitándoles la vida? ¿Eh? ¿Estos Asesinos deben morir? —grita.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Mátenlos!  

Responden con júbilo y elevando su puño con fuerza, alentando.
Charles, con una sonrisa maliciosa, hace una seña con su mano al verdugo indicándole que haga lo suyo.
Los pies de los Asesinos cuelgan, y con su propio peso y la gravedad, sus cuerpos tambalean, la soga les asfixia rompiéndoles el cuello. Mueren.
La masa de gente se regocija, festejando a gritos y aplausos. Charles lee sigue sonriendo y con su visión, detecta la venida de su líder, quien camina llegando a la base de la horca y con una mirada le pide que baje.
Se reúnen y buscan un espacio apartado del escándalo de la gente, para poder hablar.

—Los cazarecompensas hacen bien su trabajo, son de gran ayuda a la guardia y sobre todo a nosotros. —dice Charles viendo los ojos de su líder— Pero no son más rápidos que nuestros hermanos Templarios, si fuéramos un poco más, seguramente ya hubiéramos acabado con todos estos Asesinos.
—Llego la hora de hacernos cargo nosotros mismos Charles. No podemos dejarles todo el trabajo a esos granujas que encima debemos pagarles. No hay tiempo para esto, los Asesinos nos superan en cantidad, sí, pero no son mejores que nosotros.
—¿Tienes algún plan?
—Estaba pensando en…Pepper Black, tengo mis sospechas puestas en ese tan especial Bar. Algo me dice que…
—¡Ahhh!

El grito de una mujer, seguido de otros más. Haytham y Charles giran su cabeza y  pueden ver cómo la gente huye con pánico. Un grupo de Asesinos que parece salieron de la nada, habían llegado tarde para salvar a sus hermanos, pero cobraron con la vida de unos cuantos guardias, incluso la del verdugo, y se encontraban luchando contra una tropa de casacas azules.

—Dejémoslo para después. Vamos tras esos Asesinos. —Haytham le lanza una mirada a su camarada.

Los Asesinos se echan a correr y escalan por los muros hacía los techos, solo Haytham y Charles pueden seguirlos, los guardias no saben seguirlos por los techos, solo los cazarecompensas, o Templarios, pero no hay a la vista más que ellos. Los casacas que encuentran en los techos vigilando, los Asesinos pasan de ellos cortándoles el cuello y salpicando sangre por doquier.
Haytham sabe que sería más fácil interrogar a uno de esos Asesinos bajo amenaza de muerte, para que le dijera en dónde se esconden, pero también puede estar seguro que cuando de Asesinos se trata, esto no serviría para nada, ellos están dispuestos a dar su vida, y jamás podría conseguir nada de información.

En esa misma plaza mayor, en dónde dieron muerte a los tres Asesinos. Llegan a toda prisa Connor y Garrett, el ruido les había atraído, pero no han llegado a tiempo. Garrett puede ver como tres de sus hermanos cuelgan sin vida. En tanto el joven nativo revisa su alrededor.

—Se han ido. —dice Connor— Los templarios son quienes dan muerte a los Asesinos. ¿Cierto?
—Así es.
—Estaban aquí. —camina hacia el rastro de sangre, llegando a dónde yacían los cuerpos de los guardias asesinados—También había Asesinos, fueron tras ellos.

Apretándose su brazo herido Garrett respira profundamente.

—Vámonos.
—¿Qué? —voltea a verlo ceñudo Connor— ¿No vamos a buscarlos?
—Ya es tarde, y necesito descansar.
—Puedes aguantar, necesitamos encontrar a uno de esos Templarios, ayudar a tus hermanos.
—Charlotte está sola ¿Lo olvidas? ¿Y si le ha pasado algo?
—No. —niega con su cabeza— Ella está bien.
—¿Cómo lo sabes?

Se hace el silencio unos segundos. Connor lo mira a los ojos y baja su cabeza como resignado.

—Tienes razón.


Después, al llegar a la base de Asesinos, la luna ya está en el cielo, y Charlotte junto con otro Asesino, atienden la herida de bala en el brazo de Garrett, envolviéndolo con un vendaje. Él está recostado cerca a la chimenea. Después Connor toca el hombro de Charlotte para llamar su atención.

Ha estado muy callada desde que regresó, como si ocultara algo pero no quiere decirle.
Charlotte conoce muy bien a Connor, y sabe que si le dice que Ezio vino a buscarlo y se enfrentó a ella queriendo matarla, se alterará y no estará tranquilo. No desea darle un pesar más, suficiente tiene ya. Porque conoce el corazón de Connor, él no puede perdonarse así mismo por lo que tuvo que hacer con el padre de Charlotte.
No quiere preocuparle más.

Sus ojos se miran, y con su mano el joven nativo atrae a Charlotte para apartarla de Garrett y el otro muchacho, buscando algo de privacidad.

—¿Pasa algo? —pregunta con una expresión de angustia. Expresión que en rara ocasión aparece en él.

No le gusta verla así, así no es ella, ella siempre sonríe, siempre es alegre y radiante.

—No. No te preocupes. Todo está bien. —hace un esfuerzo en sonreír, y le truena un beso en su mejilla.
—No tienes que tener miedo. —acaricia sus hombros— Siempre estaré aquí.
—No es miedo, solo…desearía que no estuviéramos metidos en todo esto. —baja la voz, revisando que no la escuchen— Ratohnhaketón, piénsalo. Podemos abandonar esto, e irnos al bosque, en dónde pertenecemos, y ser felices juntos. Olvida la venganza. —le acaricia su mejilla— No vale la pena, que te arriesgues, que nos arriesguemos. ¿No crees, que ya hemos perdido demasiado?
—¿Crees que está mal?
—Claro que lo está.
—Tú eras una ladrona, antes de esto.
—Lo hacía para sobrevivir. Y yo no quería ser Asesina, yo no quería esto, pero Garrett, me amenazo, mató a Miryam, mi amiga. —con voz quebrantada, sus ojos lagrimean— Y si hubiera podido, me hubiera matado a mí también. ¿Quiénes son los buenos aquí? ¿Asesinos o Templarios? Ambos luchan por sus causas, pero ninguna parece ser buena. Matan, ambos matan, y no lo hacen por…amor.
—¿Por qué hasta ahora dices esto?
—Porque, no quiero perderte. Lo estuve pensando. —lo estrecha en sus brazos, como acurrucándose en él.

Connor pasa sus manos con suavidad por su cabeza y espalda, queriendo consolarla.

—Ellos destruyeron mi aldea, mataron a mi madre. Deben pagar. —la aparta de él, y clava su mirada en sus ojos—No puedo abandonar eso. Pero no moriré, ni tu tampoco.


Garrett con su brazo vendado, los observa con suma atención.
Pasada una hora, Connor le pide a Garrett seguir buscando, pero él no lo aprueba, siente que necesita descansar, y que lo mejor será seguir mañana.


Muy temprano por la mañana, Aveline sale de la estancia del médico, en dónde había descansado toda la noche, y habían atendido sus heridas. Aunque el doctor le haya sugerido que reposara un poco más, solo ella sabía por qué no podía permitirse un descanso más prolongado. Afuera seguía infestado de Asesinos, todavía tenía una misión que cumplir. Por eso al ser capaz de caminar y moverse, al ya no sentir más dolor le parece suficiente para retomar su deber. No debe holgazanear. Recoge sus armas y sale del sitio en busca de más Asesinos que matar.
Por otra parte. Ezio ha vuelto al trabajo como cazarecompensas, esta vez ha bajado de las nubes, para poner los pies en la tierra, no obstante, es incapaz de olvidar por completo a Aveline, ella sigue presente en su cabeza, y ahora ha pensado un nuevo plan, que seguramente será exitoso.
Aquel flechazo que Charlotte clavó en su pierna lo dejo muy lastimado, y aunque se haya tomado toda la noche, no es tiempo suficiente, no se siente del todo bien, y camina cojeando pero, quiere seguir adelante, por eso hará un esfuerzo.
Jace no se ve muy convencido de ser acompañado por un amigo incapaz de correr bien, y que le será imposible subir a los tejados, pero Ezio es muy necio. Optan por ir a caballo, de esta forma Ezio podrá ir a un ritmo adecuado, y la búsqueda será más eficiente, que ir a pie. Cada uno avanza a caballo por entre las calles de la ciudad Boston, barriendo con su mirada todo su alrededor; los edificios, los callejones, las calles ocupadas por gente, tropas de guardias y carruajes, los techos, algunos vigilados por casacas azules. Todo lo que alcanzan a ver sus ojos.

—Entonces solo hay que atrapar a uno de esos Asesinos y presentarlo a Charles Lee. ¿Un Templario cierto? —comenta Ezio, sonriente.
—Sí, es correcto, lo difícil es encontrarlos y sobre todo, atraparlos. —responde Jace  viendo enfrente.
—Qué bah, somos expertos en esto amigo.
—Fanfarroneando como siempre Ezio. Tu estado físico no ayuda mucho, eres incapaz de moverte con agilidad, y así vamos muy lento, dudo que encontremos uno hoy. Esos Asesinos, saben moverse, ocultarse de la simple vista. Me ha costado mucho dar con unos cuantos de ellos. Hay muchos, pero, no es un trabajo fácil.
—Pues estás de suerte amigo, Ezio ha vuelto, y cuando estoy aquí, las cosas que parecen difíciles se hacen más fáciles. —ríe por lo bajo—


Connor se cuelga su arco a la espalda, carga su Tomahawk y echando un vistazo a Garrett y Charlotte muy cómodos en la sala de la base Asesina, lleva sus pasos a ellos. Con un semblante sereno y a la vez duro, los contempla un segundo.

—Es hora, debemos ir a encontrar a esos Templarios.
—Tómalo con calma Connor. —Garrett sentado en un sofá sostiene una taza de té.
—No podemos perder más tiempo. —frunce el ceño y se acerca más al líder Asesino— Tú lo has escuchado, lo que dijo tu hermano Asesino, están acabando poco a poco con tu gente, así como acabaron con la mía.
—Lo sé, ya le pedí a Arno, que me avisara cuando escuchará de otra ejecución en la horca. Tengo a varios hermanos vigilando las plazas. Me han informado que sin falta uno de los Templarios siempre está ahí a la hora de dar muerte a los Asesinos en público. Entre tú y yo podremos con un Templario, luego él nos llevará a los demás.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? Incluso de la vida de Arno. Me voy. —se da la vuelta para irse.
—Ratohnhaketón. —lo llama Charlotte poniéndose en pie— Yo iré contigo. Si vamos a hacer esto, hagámoslo juntos.

Al escuchar la voz de Charlotte, se gira para encararla, relajando sus facciones.

—No. Tú aquí te quedas, es más seguro para ti quedarte aquí.
—Charlotte… —le habla Garrett— Déjalo si quiere irse. Nosotros quedémonos aquí.

La chica mira a Connor, luego a Garrett sin saber que hacer o decir. Mientras Connor avanza hacía Garrett y lo señala con su dedo.

—No, tú vienes conmigo. —lo sujeta de su brazo y lo obliga a levantarse, haciendo que su taza de té se le resbale de la mano cayendo al suelo.

Se lo lleva a empujones. Realmente no lo necesitaba, él podía hacer todo por sí solo, pero el  pensar que Garrett se quedaría a solas con su amada Charlotte, le hizo hervir la sangre. Sin saber que Garrett no es que esté interesado en ella, solo que es algo holgazán y sigue sintiendo algo de malestar y debilidad por la bala que se incrustó en su brazo. Siendo el líder Asesino y casi el de Connor también, debería hacer su voluntad. Voluntad que no puede cumplir, juzgando por la fuerza y terquedad de Connor, sumándole su carácter e instinto salvaje, prefiere hacer lo que él le diga.  

Ezio y Jace, siguen avanzando a caballo, ahora atraviesan la plaza mayor. Sin haber detectado nada extraño, la vida en la ciudad de Boston transcurre con normalidad. Así que se dirigen a Nueva York. Pasando de un pueblo, apunto de subir el puente que los llevará a Nueva York, los ojos del joven Ezio quedan anonadados. De un tirón a las riendas detiene su caballo. Jace no parece haber captado lo que ha visto Ezio, pero si como ha hecho un alto, así que también frena, buscando con su mirada aquello que ha dejado a su amigo boquiabierto.
Era Aveline, que luchaba contra tres encapuchados de túnicas blancas, sin duda esos Asesinos.
La chica le pega tres disparos a uno de ellos dejándolo en el suelo, mientras aparta a otro de una patada, se defiende bien, pero aun así Ezio no puede evitar preocuparse por ella. Espolea su caballo y lo hace correr hacía el puente. Jace no puede hacer más que seguirlo.
Solo resta un Asesino contra ella, ya casi acaba con él, pero siente un golpe en su costado vendado, justo su punto más débil ahora, seguido de una punzada de dolor que la hace tambalearse y soltar un quejido, cuando hace un gran esfuerzo para seguir luchando. El Asesino cae al suelo con una mancha creciente de sangre en su pecho. Ezio lo había atravesado con su acero, y la observa.

—Aveline. ¿Te sientes bien? —lleva su mano a ella para tocarla.

De un manotazo, la chica impide que la toque. Y con el entrecejo arrugado lo taladra con su mirada.

—¿Por qué me has ayudado? Lárgate.
—Pero Aveline. —une sus cejas en un gesto de dolor.


Jace mantiene su distancia de ellos, ni si quiera ha bajado de su caballo. Aveline sin más, se gira para caminar lentamente, intentando alejarse y seguir con su misión. No puede saber cuántos Asesinos quedan vivos, pero necesita seguir buscándolos, solo así puede saber si continúan siendo un estorbo para los Templarios. Podría presentarse con su maestro para ponerse al tanto de todo, pero no se atrevería hasta estar segura de haber servido bien a la orden.
Ezio no puede dejarla ir, ya no. Entonces, sin moverse ni hacer el intento de tocarla, porque no desea molestarla. En tanto enfunda su espada, eleva su barbilla viéndose seguro.

—Vengo a proponerte algo Aveline.

Levanta la voz, pero no es suficiente para atraer la atención de la chica, que poco a poco está más lejos.

—Quiero unirme a ustedes. Ser uno de ustedes.

Esas fueron palabras precisas. Logran detener los pasos de la chica y capturar su mirada. Una mirada atónita. Sin dejar de verlo, Ezio aprovecha para aproximarse un poco más a ella y seguir su plan.

—¿Todavía buscan el fruto? Creo que sé dónde puede estar. He visto lo que parece ser la base de los Asesinos o algo así. Seguramente ahí es dónde lo guardan. —sonríe alzando sus cejas— Pero antes debes aceptarme como tu fiel compañero, quiero ayudarte, ser útil para ustedes. —desvanece su sonrisa, para adoptar un semblante serio, y una mirada fija— Esta vez voy en serio.


La joven Templaria no puede reaccionar de ninguna manera. Pero tampoco puede dejar de verlo, tratando de analizar su voz, sus ojos, sus palabras, todo… aparenta ser tan seguro, tan verdadero. ¿Podrá confiar en él? O, es solo otra de sus mentiras para estar con ella.
Algo dentro de su pecho se agita, queriendo llamar su atención, exigiendo que lo escuche. Ya no puede engañarse, este chico ha demostrado tanto interés en ella, y además de ser atractivo, es capaz de luchar, podrían ser un buen equipo. ¿Y si es cierto que sabe dónde puede estar el fruto? Esto…sería una gran ventaja para ella. Sí lleva el fruto a manos de su Maestro, esa imagen de “Templaria inservible” desaparecería. Sin embargo, este chico,  haría lo que fuera para engañarla otra vez.

Se da la vuelta, quedando cara a cara, rebuscando en su mirada, algo, para descubrir si está diciendo la verdad… o se trata de otra mentira más.




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martes, 3 de febrero de 2015

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 20]
















                           Capitulo-20










Aveline, a duras penas corre y corre tras un Asesino que ha encontrado. El ardor en su cintura por dónde sigue perdiendo sangre, a causa de la lesión que le dejó la batalla contra los Asesinos, es lo que menos le preocupa, tiene que cumplir con ese deber a toda costa. Y aunque se sienta algo débil y cansada, no puede parar.
A través de las calles, subiendo por las paredes y saltando por los tejados, persigue al Asesino, no lo dejará escapar. Su mirada la mantiene fija en aquella túnica blanca y capucha, que puede divisar cada vez más y más cerca de ella. Nota que han llegado al puerto de Nueva York, y el Asesino se ha tirado al agua del mar, en la orilla, dónde se pueden ver los barcos que han desembarcado ahí. Sin pensarlo mucho también entra al agua nadando con gran esfuerzo, necesita alcanzarlo. El encapuchado trepa por el casco de uno de los barcos hasta la cubierta, y Aveline también sube. Los dos completamente empapados se miran directamente, respirando hondo por la agitación. Es la chica quien se acomoda su sombrero de tres puntas, y desenvaina su espada adoptando una posición retadora, aunque algo encorvada por el dolor de su herida sangrante.

—¿Cuánto más vas a huir? ¡Ríndete!

Sin decir una palabra el Asesino se balancea hacía ella con rapidez, y Aveline se pone en guardia.




El último casaca azul cae a los pies de Connor sin vida. Después el joven  lo contempla un momento, barriendo su mirada por todo el terreno que alcanza a ver en el fuerte Templario. Todos esos hombres asesinados a manos de él y Garrett, le recuerda el paisaje de muerte que vio en su aldea. Se detiene a pensar un momento. Cuando Garrett, al caer en la cuenta de que no lo está siguiendo, se gira a verlo inexpresivo.

—¿Connor que haces? —con desgane—Tenemos que revisar las entrañas de este edificio.
—Ellos no deberían pagar las culpas de esos Templarios. Eran inocentes.
—¿Hablas en serio? Te he dicho que estos hombres también trabajan para ellos.
—Sí, pero ellos no son quienes dan las ordenes.
—Eh, si sigues así nunca encontrarás a Aveline.

Imponente y firme, Connor camina para darle la cara a su compañero.

—Solo no me parece justo que tantos hombres sean asesinados. —dice con voz intensa sosteniéndole la mirada— Ellos no son Templarios, ustedes los Asesinos no deberían quitarles la vida. —lo apunta frunciendo el ceño.
—Pero están con ellos, eso los hace nuestros enemigos. Sigamos adelante. —avanza rápido.

Connor da un último vistazo a los cadáveres en el suelo y le sigue.

Pasando de la gran puerta que abrieron de par en par, pisan el vestíbulo de lo que parece una mansión. Se detienen a admirar la elegancia y los colores rojos, blancos y dorados que estaban presentes en la sofisticada decoración. Así como cuadros, y retratos enmarcados en las paredes, largas cortinas color vino, y el piso bajo los pies de Connor, lustroso casi como un espejo. Arriba, cuelga un candelabro con las luces encendidas, y ante ellos se extienden dos escaleras que llevan a un piso superior.

—No hay que perder tiempo Connor. —dice Garrett dando un paso adelante.
—¿Se divirtieron haya afuera? —se escucha otra voz masculina.

Tanto el Asesino como el Nativo, se alertan, y miran a todas partes esperando a que ese sujeto haga presencia.
Suenan pasos a lo alto, y cuando elevan sus miradas hacía el final superior de las escaleras, pueden ver a un hombre con una túnica diseñada con colores negros y rojos, lleva su cabello todo recogido hacía atrás en una corta coleta, se ve joven. Y mientras baja por una de las escaleras, les es posible distinguir el símbolo Templario al centro de su pecho.

—Espero que se hayan divertido, porque de aquí ya no podrán salir. Al menos no con vida. —baja el último escalón quedando lo suficientemente cerca de ellos— Asesinos.
—Yo no soy un Asesino. —habla Connor con voz grave— Pero sé que ustedes fueron los responsables del incendio en mi aldea, y la muerte de mi madre. ¿No es cierto? Todo lo que quieren, es esa cosa que llaman fruto del Edén.

Garrett solo mira de reojo a su compañero, dejándolo hablar.

—Ah…¿Eres tú el nativo que tanto está buscando el gran Maestro? ¿El que esconde y posee el fruto?. En ese caso, tu no morirás, pero tu amigo sí. —sonríe una pizca viendo a Garrett.



Han quedado un minuto en completo silencio. Hannah no es capaz ni de parpadear al ver en el lío que se ha metido, había olvidado que Charlotte era la encargada en cuidar la base Asesina. Ezio por su lado permanecía tranquilo y seguro de sí mismo, inclusive hasta esbozaba una encantadora sonrisa, con toda la intención de convencer a la chica que tenía frente a sus ojos, chica que se mostraba algo ceñuda y callada.
Es el joven italiano quien se anima a abrir la boca.

—Buenas tardes, señorita… —enarca una ceja y mueve su mano como queriendo pescar el nombre de la chica del aire.
—Charlotte.
—Charlotte… —finaliza— Mi buen amigo Connor, me ha contado mucho de ti, y vaya sí que eres preciosa, pero, seguramente te lo han dicho hasta el cansancio. —suelta una risa suave— Verás, yo y Connor, como bien sabes, solíamos ser buenos amigos, muy unidos de verdad, pero, de pronto ya no. Es por eso que he decidido buscarlo para recuperar nuestra unión amistosa. ¿Me entiendes? Solo eso, es lo que deseo.
—Estás mintiendo. —se aproxima más a él y le apunta con su dedo— Connor me ha dicho que trabajas para Aveline de GrandPré. —eleva su tono de voz, sonando irritada— No puedo creerte, y no puedo confiar en ti. Ahora desaparece de aquí. —mueve su dedo hacía la puerta— Hannah, llévatelo enseguida.
—Por supuesto Charlotte. —toma el brazo de Ezio— Por favor joven Ezio, sígame…
—¡No, no, me rehúso a hacerlo! —resiste sin moverse de su sitio— ¡Por favor Charlotte, tienes que creerme! Necesito recuperar la amistad del buen Connor, en serio, no estoy mintiendo.

La chica gira en sus talones y se aleja, yendo cerca de la chimenea para contemplar el fuego.

—Hannah, ayúdame. —sujeta a la joven rubia de sus hombros— Tú más que nadie conoces mis intenciones.
—Eh… Yo, creo que tengo que regresar al trabajo.

Hannah sale huyendo del sitio.

—¡Espera Hannah!

Le grita pero, no hace nada por seguirla o detenerla. Voltea a ver la espalda de Charlotte, revisándola, puede detectar el armamento que tiene a la vista. Unas flechas, arco, una espada. Analizando puede saber que seguramente ha sido bien entrenada por los Asesinos, pero también tiene en cuenta que no lo dejará ir por la dirección que tomó Connor. Y es Connor, el único que podría ayudarle a llegar con Aveline, puesto que también la está buscando, seguramente él debe saber algo sobre la mujer que lo tiene loco.

—¿Todavía no te marchas?... —lo observa de perfil por un segundo.

Ezio tiene que arriesgarse, por Aveline. Así que descarga de su espalda su mosquete largo y lentamente lo lleva hasta debajo de su barbilla y cerrando un ojo, viendo por la mirilla, se concentra en su cabeza, en ese cabello rojo recogido con un trenzado. Piensa aprovechar la distracción de la chica, tiene que ser rápido, aunque su cuerpo esté temblando, jamás ha asesinado a una chica.
Una nube de humo le hace imposible ver algo, abre mucho sus ojos y baja su mosquete, cuando de un empujón cae al suelo cuan largo era, y un brazo presiona su tórax a la vez que puede sentir un filo tocar su abdomen. Es Charlotte, quien está sobre él, inmovilizándolo.

—¿Qué crees que hacías? —cuestiona Charlotte.
—Hey tranquila ¿No piensas matarme o sí? Yo solo… —hace una mueca de temor.
—No…no tengo permitido hacer eso, va en contra del credo. Pero si puedo herirte si quiero.

Por un instante Ezio había olvidado que fue lo que hizo que llegará aquí, y que decidiera apuntarle con su arma; Aveline. Entonces usando su habilidad se libera de Charlotte, poniéndose en pie, cambia su mosquete largo por su espada. Espera a que ella se incorpore, y  la mira fijamente con una sonrisa.

—Muy bien, en ese caso tengamos una pelea limpia. ¿Te parece? Es mi primera vez con una chica… en batalla claro.
—Sí así lo quieres. —guarda su hoja oculta y desenvaina su espada yéndose contra él.

Sus aceros chocan, y fallan el propósito de sus ataques por un rato, hasta que el filo de la espada de Ezio roza el brazo de Charlotte, rasgándole la manga y dejándole un rasguño. Eso no distrae a la chica, quien estocada tras estocada intenta herirlo, pero Ezio se defiende bien.
Con un ágil movimiento, la Asesina tira la espada de Ezio al suelo, dejándolo desarmado. El joven retrocede, y al esquivar la espada de Charlotte, tropieza y cae de espalda, cerca de un muro. Como lo suponía había sido bien entrenada. Charlotte enfunda su espada, y toma su arco, luego una flecha apuntándole en medio de los ojos.
Ezio respirando acelerado, recuerda que cuenta con  un mosquete corto que cuelga en su pantalón, y lleva su mano hasta que toca el mango, extrayéndolo, todo en un breve segundo.





—¡Es un Asesino!

Vocifero uno de los tripulantes del barco que cargaba una caja en sus brazos, dejó caer la caja para poder correr por los guardias.
A Aveline le cuesta un gran esfuerzo defenderse de los ataques del Asesino que en ese barco le daba batalla. Su lesión ardía más, como si la estuviera quemando, aparte la sangre que ha perdido le ha provocado un ligero mareo, sin embargo es capaz de controlarlo. No es la primera vez en su vida que se siente así. Puede con esto. Y se lo va a demostrar no solo a este Asesino, sino también a su Maestro. Aunque solo sea un maldito Asesino, será uno menos.
Con su mano izquierda sujeta la muñeca del Asesino que amenazaba con su hoja oculta, y con su rodilla golpea su estómago dejándolo sin aire, y encorvado, acto seguido alza su puño contra su barbilla, haciendo que se tambalee. Ha recordado el estilo de pelea cuerpo a cuerpo que le enseñó su Maestro, justo cuando lo necesita, el Asesino le hizo perder su espada, y es tan listo que no la deja cambiar de arma, más aparte este dolor…
No obstante ha tenido la fuerza necesaria para quitárselo de encima. Por supuesto esto no es suficiente para matarlo, ya que el Asesino se recupera y se balancea contra ella, cuando una tropa de guardias llega corriendo.

—¡Ahí está! ¡Es un Asesino!
—¡Atrápenlo! ¡Hay que llevarlo a la horca!

El Asesino se percata de los guardias, y se dispone a pelear contra ellos.
Aveline, siente un gran alivio, no sabía cuánto más aguantaría. Piensa que quizá Shay tenía razón, tiene que tomar un descanso, no se siente nada bien y esta batalla la ha dejado muy exhausta. Ha gastado tantas fuerzas, que no le queda ni lo más mínimo para al menos caminar, por eso busca un rincón en ese barco y se sienta a descansar, respirando profundamente. Si quiere cumplir con su misión de acabar con los Asesinos debe recuperarse, en cuanto pueda andar, irá a buscar a un Doctor. No puede defraudar una vez más a su Maestro.
Desde ahí, puede visualizar el conflicto de los guardias contra el Asesino. De los seis guardias solo quedan dos, el resto han sido asesinados. Hay manchas de sangre en la cubierta del barco. Y es que los guardias eran rivales más sencillos para los Asesinos, más que un Templario. Eso es lo que teme Aveline, si los guardias no pueden retenerlo vendrá contra ella, aprovechando que esta lastimada profundamente, y justo ahora se siente incapaz de defenderse. Esta doliendo cada vez más. Creía que no fue una herida profunda, pero estaba equivocada. La Templaria puede tomar un respiro cuando observa como los únicos dos guardias, se llevan al Asesino, a la fuerza, él sigue luchando, intentando liberarse aunque este lesionado, de una pierna y su espalda.



En el vestíbulo de la base Templaria, se ha desenvuelto una pelea entre Shay y Garrett. Connor recibió la orden de Garrett, y se dispuso a buscar por toda la mansión alguna otra rata Templaria, principalmente si había señales de Aveline, pero no encontró más que a un par de guardias con los que tuvo que luchar, usando su Tomahawk hasta que los vio en el suelo sin vida. Guardó su hacha de mano manchada de sangre, y siguió buscando, pero hizo un alto por uno de los corredores cuando a sus agudos oídos llegó un grito. Sabe que es Garrett, y que  posiblemente necesite ayuda, así que de inmediato regresa al vestíbulo.
El Asesino sangra de un brazo donde recibió un disparo, pero sigue luchando contra Shay que a cierta distancia le dispara una y otra vez, siendo hábil al cargar cada tiro en su mosquete, en tanto Garrett se mueve  rápido rodeándolo para evadir sus disparos, terminando por cubrirse tras una de las columnas de la sala.

—¿Eso es todo lo que puede dar el líder de la hermandad de Asesinos? No has podido hacerme un rasguño. —deja salir una carcajada— ¿De verdad crees que podrás contra el gran Maestro Haytham Kenway? Lo único que tienen a su favor es la gran cantidad de Asesinos que reuniste. ¿Pero de qué sirve? Si son débiles…

Se dirige hacia la columna por donde sabe que se esconde, y da mano a su espada, portándola con suma seguridad y sonriendo tajante. Piensa acabar con él.
Garrett sufría el dolor de su brazo, y no le importa que su respiración se escuche claramente, en cuanto lo sienta cerca, tendrá que ser rápido y preciso para acabar con su vida. Cuenta con su hoja oculta, que por fortuna la lleva en el brazo que no recibió el impacto. Oyendo con atención los pasos del Templario venir, cierra sus parpados, y con la mano de la hoja aprieta su brazo sangrante, y en su expresión queda un rictus de dolor.
El sonido de un peso caer seguido de un gruñido, lo hace asomarse por la columna, viendo como Connor lo ha tumbado al piso y reteniéndolo ahí sobre él, frunciendo el ceño, lo agarra del cuello de su túnica.

—¿Sabes dónde está Aveline de Grandpré? —con voz severa.

Shay forcejea pero el nativo es más fuerte.

—¿Qué te hace creer que te lo diré?
—Sí me lo dices te dejaré vivir.
—Está allá afuera, acabando con los malditos Asesinos, como todos.
—¿Eso es todo?
—¿Qué más quieres que te diga? —aprieta sus dientes, y se esfuerza en zafarse—

Connor lo suelta y le ayuda a levantarse del suelo.
Shay está por decirle algo más, cuando su mirada se desvanece, y se derrumba al suelo, saliendo sangre de su cuello a borbotones. Connor ve como Garrett esconde su hoja, y toca su brazo perforado.

—¿Lo mataste? —cuestiona el nativo mirándolo con desaprobación.
—Era un Templario.
—Dijiste que quienes importaban eran Haytham Kenway, Charles lee y Aveline de Grandpré.
—Sí así es, y por lo visto no están aquí, sigamos buscando. Vamos. —se echa a correr para salir del lugar.

Echándole un último vistazo a un fallecido Shay, el nativo lo sigue.


La Asesina de cabello carmesí, en vista del amenazador mosquete corto de Ezio, que sostenía con una mano temblorosa, se apresura a disparar la flecha en su pierna muy cerca del tobillo, y con un quejido de dolor el dispara pero su mosquete no expulsa ninguna bala. Recuerda que olvidó cargarla.

—¡Ah, como pude olvidarlo! —con una mueca de dolor toca su pierna sacándose la flecha—
—Vete de aquí ahora. —evita ver su herida, ya que no tolera ver sangre.

Todavía arrastra el trauma de lo que vio una vez.

—¿Cómo se supone que me iré? No podré caminar bien.


Tras unos segundos Charlotte lo empuja de la puerta, que lo lleva al pasillo directo a otra entrada para regresar al bar. Justo por dónde entró.

—Ya, ahora depende de ti, marcharte a partir de aquí.


 Le cuesta ponerse en pie y camina sin apoyarse del todo en su pierna lastimada.




Baja del carruaje, y el conductor permanece ahí, viendo como el señor Haytham, se encamina hacia la entrada del imponente fuerte Templario principal.
Con tranquilidad, el líder descubre la gran cantidad de guardias muertos conforme avanza. Una descarada firma, que le indicaba que los Asesinos atacaron, por primera vez con sol en el cielo, justo como predijo, apenas se marcha unos días y la situación se ha puesto peor.
La expresión en su faz cambia a una llena de lastima y vergüenza, al ver ahí en un charco de sangre a uno de sus hermanos en la orden; Shay Cormac.

«Me pregunto ¿Quién habrá sido el responsable de tu muerte? Shay… » 
Se detuvo a pensar, y apartó su mirada uniendo sus manos a su espalda, se aleja del cuerpo.

»Este es el primer Templario caído. Somos un total de cinco Templarios, antes éramos más, pero gracias a nuestro éxito en estas tierras, muchos regresaron a Inglaterra. No debimos confiarnos, pero, ya es bastante tarde para arrepentirse, y así mismo, para pedir un auxilio. No me resta más que hacerme cargo yo mismo, esos Asesinos tienen que desaparecer una vez más, mi deber es mantener la orden Templaria a raya, y estás tierras en nuestras manos. »

Camina más rápido para salir de la mansión.

Antes de que volviera a subir en su carruaje, un trío de guardias lo alcanza.

—Señor.

Uno de ellos logra atraer la mirada de Haytham, que da media vuelta para verlos de frente.

—¿Pasa algo?
—Intentamos capturar a esos Asesinos señor, pero se nos han escapado.
—¿No me digas? —levanta sus cejas con sarcasmo— ¿Pueden decirme en dónde se encuentra Charles lee?
—El señor Lee —responde otro—está en la horca de la plaza mayor, haciendo pagar a esos Asesinos.
—Ya veo, debe de estar dando un buen espectáculo. —sonríe— Ustedes vuelvan a su trabajo.
—Sí señor.
—Y limpien el desastre que han dejado esos Asesinos. —voltea a ver con frivolidad uno de los cadáveres de los guardias.
—Enseguida señor.




Aquel latente dolor en su pierna no le permite a Ezio caminar bien por sí solo, es por eso que cuando vuelve al Bar, busca la atención de Hannah quien atiende su lesión mitigando su dolor, y envolviéndole una garra. El joven no puede ir muy lejos, por lo que decide pasar la noche en la posada de arriba del Bar. Es Hannah la que le ayuda a subir los escalones y a recostarse en una cama de una habitación.
Cuando queda ahí solo en la cama, se empieza a sentir mejor. Recuerda que su amigo Jace está buscando Asesinos, probablemente es lo que también hace Aveline, ha descubierto que tal parece que Templarios y Asesinos son rivales. Sin darse cuenta, queda dormido solo un momento, cuando despierta puede ver a través de la ventana que empieza a atardecer. Y escucha unas pisadas en el suelo de madera aproximarse.

«Espero y sea Hannah, tengo que agradecerle, me siento mejor, aunque no sé si pueda caminar bien o correr. De todas maneras no estaría mal calmar mis ansias carnales con ella. Cierto he estado tan deprimido y ocupado en Aveline, que he olvidado quien soy. Pero ya fue suficiente, tengo que recapacitar, pero sin olvidar a mi mujer. »
Sonríe con picardía. Y abre la puerta Jace, que trae un tarro de cerveza en su mano.

—¿Ezio?
—Jace Amigo… —sonríe amplio— Que gusto verte.
—Ya me contó todo Hannah, ahórrate tus palabras. —le da un trago a su cerveza, viéndolo desde la puerta.
—¿Cómo te va con tu búsqueda de Asesinos? —pregunta Ezio sentándose en el borde de la cama con más ánimo.
—Ni bien ni mal, aunque esos Templarios dan buenas recompensas eh.
—¿Templarios? ¿Por qué no me dijiste que los conocías?
—¿Cómo iba a decírtelo? Nunca me ponías atención y siempre hablabas de tu Aveline.
—Bueno…eso es cierto. Entonces llévame con ellos, tengo algo que preguntarles, y…decirles.
—No Ezio, esos tipos son especiales eh. —le da otro trago a su cerveza y aclara su garganta— No suelo verlos muy seguido, casi siempre se negocia con los guardias y lo sabes.
—De todos modos podemos hablar con ellos ¿no?
—Espera… —da unos pasos adelante para acercarse más a él— ¿Qué estás tramando?
—Solo dime algo. ¿Si capturamos Asesinos, podemos entregárselos personalmente?
—A Charles lee, solamente.
—Con eso basta, entonces manos a la obra. —dice con júbilo y de un salto, sale de la cama, pero al apoyarse en su pierna le da una punzada de dolor— ¡Ah! ¡Maldita sea! —se echa en la cama.
—Mejor descansa, ya veremos mañana ¿te parece?


Ezio dice “si” con su cabeza. Y traza una sonrisa en su rostro.