lunes, 8 de septiembre de 2014

( One-Shot ) —Enjaulado—


*
















En estos momentos es cuando creo que no puedo confiar más que en las sombras. Estoy aquí en un rincón de esta ciudad, camuflado entre la oscuridad, puedo ver a ese grupo de guardias pasar corriendo, me están buscando, pero jamás podrán verme. Están lejos, pero aún puedo divisarlos y escuchar como me llaman. ¿De verdad creen que haciendo eso voy a saltar a la vista de ellos? 
No puedo perder más tiempo, tengo que ir con Basso, me ha prometido un buen reto. Está cerca. 
Me desplazo en otra dirección, mi figura negra podría ser vista si alguien estuviera cerca. La luz de las farolas están sobre mi, pero con rapidez llegó a apoyarme contra un muro doblando una esquina y me pierdo nuevamente en la negrura. Abro una pesada puerta de madera, de par en par, y me adentro al callejón cercano, del despacho de Basso. Fácilmente me deslizo y entro por la ventanilla. 
  Ahí está, como siempre, revolviendo unos papeles sobre la mesa, todo este sitio esta bien iluminado por las velas esparcidas por doquier, pero no me molesta. Aunque ahora mi presencia es clara, puedo presentarme ante Basso con confianza, puedo decir que es de las pocas personas en las que puedo confiar. Vistiendo como mejor puedo para hacer mi trabajo; con traje y capucha de cuero negro, cargando un arco, flechas, y la porra por si acaso. No necesito más.

  —¡Ah! Garrett—me miro algo impresionado— Tus pasos si que son silenciosos ¿Por que no entraste por la puerta, eh? 
  

Me descubro mi nariz y boca bajando mi mascara negra. 

  —Sabes que no me gusta entrar por las puertas. 

Acerco mis pasos a su escritorio lentamente. 

  —Sí, lo sé. ¿A que haz venido? ¿Que te trae por aquí? —deja sus papeles para verme— Ya tenías tiempo sin aparecerte por aquí. 
  —El trabajo que me prometiste, Basso. 
  —Ah es verdad ¿Estás seguro? —se lleva su delgada pipa a su boca.
  
Solo alzo mi ceja y lo observo queriendo obviar mi respuesta. Él retira su pipa para hablar.

  —Está bien Garrett, sé que te gustan los retos y este es uno bueno créeme. Se trata de una mujer... con problemas serios. Lady Christina, sí que está mal de la cabeza. Colecciona cuervos en jaulas. Eso, por lo poco que he sabido, y su casa se encuentra custodiada por una buena cantidad de guardias. 

Vuelve a ver sus papeles como buscando, y escoge uno para entregármelo. Un tipo de mapa, para saber la ubicación de esa casa. 

  —Y no solo eso... —continúa Basso— También dicen que hay muchas trampas. El botín es bueno Garrett, cinco joyas, pero son tesoros invaluables. Sé que no tendrás problemas con este trabajo. 
  —No parece un reto tan...difícil. 
  —Eso lo sé. —con su pipa en la boca.
  —Pero esas joyas. Tienen que ser mías. 
  —Como quieras Garrett, es todo tuyo el trabajo. Te desearía suerte, pero sé que tú no la necesitas.


Dejo el mapa en su mesa, y me apresuro a retirarme. Entre más pronto empiece con este trabajo mas pronto terminaré. 


Es una noche muy oscura y fría, tal y como me gustan. No hay un guardia a la vista, estoy cerca de la casa de esa mujer. Entro a un callejón sin iluminación, y un par de ratas huyen al percibirme. Miro arriba, hay un soporte de madera que sobresale del techo de la casa. Con mi arco apunto directamente y arrojo mi flecha con cuerda. Pero no es suficientemente larga, subo a un barril y doy un brinco para sujetarme de la soga, y así voy subiendo hasta saltar al interior de la ventana abierta. Que descuido, claro... ¿quien entraría por una ventana? Creen que solo el aire. 
Cuido mis pasos, y uso mi concentración visual para revisar mi alrededor, hay trampas, me dirijo a desactivarlas para poder abrir los cajones, y las puertas de los muebles, tengo que vaciar esta casa de todo objeto de valor. Llevarme todo el oro, pero tengo que ser silencioso y eficaz. La puerta para salir de la habitación está cerrada. Con mis ganzúas y maestría la abro sin problemas. Escucho un ronquido; es un guardia, que se quedó dormido sentado en una silla, muy cerca de la puerta por donde acabo de salir. Despacio, avanzo agachado hacia la otra puerta, tengo que dar con esos cinco tesoros. De nuevo trampas, me deshago de ellas, y busco por doquier, pero hay tres jaulas con cuervos, y empiezan a chillar. Apago las velas para quedar en la oscuridad. Y se oyen pisadas en la madera. Alguien viene, seguro es el guardia que estaba dormido y se despertó por el ruido de estos pájaros. Me escondo dentro de un mueble con puertas.


  —¿Qué? ¿Hay alguien ahí?. 

Silencio.

  —¡Sal dónde pueda verte!


Espero a que se rinda y pase de la puerta para volver a su silla a dormir. Salgo lentamente y me escabullo hacia otra habitación. Trampas, dinero, objetos de plata y oro, más trampas, más cuervos, y cada vez más cuervos. Tengo que tener más cuidado.
Afuera de la habitación que he dejado sin luz. Me asomo para echar un vistazo. Hay tres guardias vigilando, vienen y van desde las escaleras hasta la habitación de a lado. De dónde se escucha la voz de una mujer. 

  —...¿Hombre cuervo es usted? Por favor venga conmigo, y quédese, hay té caliente. Podemos bailar toda la noche...


No paraba de hablar. Comienzo a buscar, con mas detenimiento adentro del mismo cuarto. Encuentro un diario, lo abro y hay una pluma de cuervo entre las hojas. 

     "...Sé que algún día vendrá a mi y bailaremos, y probaré sus labios, nada podrá separarnos. Lo he visto, ayer, me han dicho los guardias, que es alto, y oscuro como mis cuervos. Ellos lo están buscando...y yo solo lo espero, sé que un día vendrá." 


Abajo del texto hay una clave de números; 708. Dejó ahí el diario. Y memorizo los números, probablemente me sirvan después. Hay un librero sospechoso, con mi visión reviso bien, y deslizo mi mano por los libros, encontrando uno flojo, le doy un tirón y ese librero se aparta revelando un pasadizo secreto. Bajo por las escaleras, y veo más trampas, pero no caigo en ellas. Es una cámara llena de polvo y telarañas, con un olor pestilente, como a algo muerto. A mis pies descubro que hay cuervos muertos, como si alguien los dejo ahí en el suelo a propósito. Y hay un cofre grande, que con mis ganzúas abro fácilmente. La primer joya. Brilla mucho. Examinándola en mis dedos; es un anillo de oro puro y una piedra preciosa carmín.

  —Vaya... ¿que tenemos aquí? —susurro para mi mismo. 


Lo guardo, y salgo de ahí, yendo afuera de la habitación con sigilo. Burlo a los guardias, y detrás de un cuadro en una caja fuerte con la combinación 708, encuentro un brazalete de diamante, rubí y oro. En un cajón de un tocador, en lo que parece la habitación de Lady Christina, obtengo un broche, y sigo buscando hasta hallar en una vitrina que abro con mis ganzúas un par de aretes, relucientes en oro, con pequeños diamantes y rubí. 
Ya tengo cuatro de las cinco joyas. 
Por más que he buscado por toda la casa, pasando desapercibido y teniendo cuidado con las trampas y cuervos, no veo la ultima joya. He vaciado toda la casa sin llegar a ese último tesoro. El único lugar dónde no he entrado, es la habitación de dónde proviene esa voz de la mujer hablando sola todavía. No cabe duda que ahí debe estar esa ultima joya, no puedo irme sin ella. 
Poco a poco me voy acercando a la puerta, esos guardias siguen ahí, pero apago las velas con mi mano, para que la oscuridad me ayude a no ser detectado, y aprovechando que los dos guardias me dan la espalda fuerzo el cerrojo con mis ganzúas.

  —...Si tan solo estuviera aquí. —solloza la mujer desde el otro lado de la puerta— Todo sería mejor, pero no... aquí estoy...sola. —algo se rompe— ¡¿Que haz hecho Cedric?! ¡¿Por qué no me obedeces?! ¡¿Por qué no haces lo que te digo?!. 


Antes de que los guardias regresen abro la puerta y me desplazo agachado hacia un mueble. Para cubrirme.

  —¡Alguien entro! ¡Alguien esta aquí! ¡Escuché abrirse la puerta! —la mujer se levanta de su sofá que se mecía para cerrar la puerta de golpe. 


Los hombres que custodiaban no prestan atención a los gritos de la mujer. Es como si no les sorprendiera en lo absoluto que reaccione así. Basso tenía razón, esta mujer tiene problemas, pero también joyas muy preciosas. 
Lady Christina es joven todavía, seguramente ronda alrededor de los treinta años. Su rostro es muy pálido, y sus ojeras muy grandes, pero con una belleza que, si usara estas joyas la opacarían totalmente. Por lo visto no hablaba sola, estaba charlando entre risas con el cuervo que tiene en su hombro, como si se tratara de una persona. Le llama Cedric.
Está alcoba no tiene trampas, ni nada sospechoso. Es la más grande sin duda, y tiene pocos muebles, pero muchas velas encendidas, un gran estorbo para mi. La mujer se mece en su silla con vista a la ventana, contempla la luna y no deja de hablar con el pájaro. Yo sé que aquí tiene que encontrarse la ultima joya. Al observar con más detalle, hay una especie de marca en la pared de madera. Para moverme hacia ahí, apago la mayor cantidad de velas. Y reviso bien ese orificio. Es del mismo tamaño que el anillo. Sin pensarlo mucho inserto la piedra del anillo allí, y tras unos segundos, la pared desvela un pequeño almacén. Me preocupa el ruido que ha hecho, así que volteo a ver a la mujer que sigue meciéndose tranquilamente. Ni su cuervo se ha percatado. Me aseguro que no haya alguna clase de trampa o algo parecido. Nada. 
Finalmente veo frente a mi un pedestal, que expone sobre una almohadilla roja, esa última joya. Un collar de piedras rojas y con un buen peso en oro por lo que veo, tal y como cada una de las joyas que he conseguido. La tomo en mis manos y ahora solo queda irse de aquí, con el botín completo. 
Unas rejas que salen expulsadas del suelo me cierran el paso, y no hay salida. Ni abajo, ni arriba. Estoy atrapado. ¿Cómo pudo pasar algo así? Era una trampa, y... no la vi. Vaya, que bien colocada estaba. Lady Christina se muestra ante mi, con ese elegante pero sombrío porte, casi tan sombría como yo. 

  —Hombre Cuervo ¿Es usted? ¿Está aquí? Ha venido conmigo. —acaricia su pájaro sobre su muñeca— Sabía que vendría... 

Su voz ahora es suave y delicada. Solo guardo silencio, y la observo directamente sin inmutarme. 

  —¿Gusta tomar un poco de té? ¿O, tal vez prefiera bailar conmigo? —se traza una amplia sonrisa en sus labios. 


¿Que decir? No hace falta, necesito hallar un modo de salir de aquí. 
Tarareando la mujer se dirige al tocadiscos, y empieza a sonar una música tranquila. Deja a su pájaro en su jaula, y regresa a las rejas. 

  —Podrías quedarte ahí, o podrías venir a tomar té conmigo. Dime... —se sujeta de las rejas para verme de más cerca.


Definitivamente no es normal. Sin embargo no es la primera vez que me enfrento a una lunática mujer. Viktoria entra en esta categoría.



  —Algo de té estaría bien. —digo con calma.

Solo quiero que me saque de aquí, para poder escapar por la ventana. Riendo, presiona un interruptor de la pared y las rejas descienden. Es justo ahora, que debo correr. Pero es más lista y enseguida se me acerca, para presionarme entre sus brazos. Eso me deja quieto, no deseo lastimarla, y mientras no llame a los guardias. Creo que debo sobrellevar esto. 

  —Vamos a bailar hombre cuervo. —susurra a mi oído.

Un susurro, que cualquier persona que no fuera yo, habría sentido un escalofrío. De pronto siento que una flecha se entierra en mi hombro. Suelta un gas que me dificulta el respirar. ¿Cómo pude distraerme? Esta mujer, ha tomado una de mis flechas que cargaba en mi espalda y me la ha clavado, quizá con la intención de matarme. Es una de las flechas asfixiantes. Mis ojos arden, y tan solo puedo ver con mi ojo azul. Me cuesta respirar. Sintiendo débil mis piernas, caigo... pero me sostengo con mi mano y rodilla en el suelo. Ella me hala, arrastrándome hacia afuera. Al centro de la habitación. Todo lo veo en azul, con un solo ojo, sigo haciendo ruido al inhalar y exhalar. Lady Christina enciende todas las velas que apague. Y vuelve a mi, se arrodilla y  descubre mi rostro completo, tocándome con sus frías manos, como examinando mi cara.


  —Eres tal y como esperaba hombre cuervo. ¿Quieres dormir? Adelante...duerme. —une sus labios lentamente a los míos.

Mi visión, la siento cansada, no, yo me siento cansado. Pierdo fuerza, la concentración... 
Mi cuerpo se rinde y cae al suelo. 
Y cuando abro mis ojos, logrando aspirar correctamente el aire. Me veo atado con cadenas de mis brazos y piernas, sobre una cama. En la habitación de Lady Christina. ¿Cómo he terminado así? Hay tres guardias rodeando la cama. Y en una pequeña mesa, la mujer con su cuervo al hombro tararea sirviéndose té inexistente.


  —El té esta servido. Hombre cuervo. —se levanta de su asiento y viene hacia mi.

Sonriéndome. Tiene puesto en el cuello ese collar, la última joya. La debió haber sacado de mi maletín detrás de mi capa. ¿Y las demás joyas? Espero sigan conmigo. Ella, sostiene una taza de oro en su mano y me besa la frente, bajando sus labios a mi mejilla, me acaricia con su lengua. Cierro mis ojos sin quejarme ni sentir nada en lo absoluto, pienso en alguna forma de hacer que me libere y esos guardias se vayan o no sean un problema. 

  —Que hermoso collar tienes puesto Lady Christina. 

Solo hablaba por hablar, debo librarme pero para eso, me veo obligado a seguir la corriente. 
La joven se retira y parece ruborizarse con una sonrisita.

  —A mi me gusta tu ojo, brilla tanto. ¿Puedo sacártelo? Lo guardaré como una joya. —lleva su mano a mi cara.
  —¿Y el té? 

Su mano se detiene apunto de tocar mi ojo. Y da un brinco con jubilo.

  —¡Es verdad! ¡Liberenlo! Vamos a tomar el té. Y luego bailaremos eternamente. —da giros como bailando sola e inspirada.

Los guardias me miran desconfiados. 

  —Te estaremos vigilando, rata inmunda. —gruñe uno de ellos.

No me gustaría irme sin la ultima joya. Ahora estoy libre y puedo sentir el peso del botín, ella solo me quitó ese collar. ¿Me pregunto por que los guardias no me revisaron? Tal vez ella no les permitió acercarse, por que de otra forma me hubieran vaciado. Esos guardias tienen los ojos puestos en mi todo el tiempo, y he terminado aquí acompañando a la curiosa dama con el cuervo en su hombro, a tomar té invisible. Ella actúa como si realmente bebiera té, y no deja de sonreírme. Mientras yo sin "beber" del té, reviso mi posible escapatoria. La ventana; que está cerrada pero puedo abrirla si quiero. Ese collar es mi punto de atención, es lo que más brilla en esta habitación, si lo quiero debo acercarme o hallar un modo de poseerlo. Sin que esos guardias salten a detenerme o disparen sus ballestas. 

  —Hombre cuervo ¿quiere bailar?

Se pone en pie y yo igual, es mi oportunidad...
Acorto la distancia que me separa de ella, y hago como si fuera a besarla, poniendo mis manos a su cintura, y subiéndolas lentamente. Ahora que la veo de más cerca parece algo atractiva. Ella cierra sus ojos, entregada a mi. Mi escurridiza mano, está por arrancar el collar de la mujer. Los guardias me han visto. Qué atentos, creí que no lo notarían. Empiezan a disparar con sus ballestas. Yo me muevo para huir, directo a la ventana, forzándola para abrirla y saltar hacia afuera, cayendo a la orilla sobre un camino de madera. Los guardias desde la ventana intentan darme con sus flechas, pero yo doy un gran salto a la casa de enfrente y me sujeto a una cuerda deslizándome hacia abajo, y me echo a correr hacia la oscuridad. 

El botín no está completo. Tengo que ir a la torre de reloj a despejar mi cabeza. 

Ahí veo ante mis ojos mi gran colección, le he encontrado un lugar a mi nuevas joyas obtenidas. Parece que tendré que volver ahí después, esta vez no la dejaré deseando un beso... ¿Pero que estoy pensando? Ah... parece que ese suceso ha afectado mi cabeza. Ya tendré en mis manos ese collar.










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miércoles, 3 de septiembre de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo- 13]









                 Capitulo- 13









Podría quitárselos de encima si quiere; a esos cuatro guardias, que casi a rastras se lo llevan afuera de la taberna. Aunque esté molesto y sabiendo que no es justo, se deja llevar, esperando poder salir de esta en el momento preciso, tampoco es que guste de matar gente, ni tampoco huir. Aveline los sigue con la frente en alto, con esa elegancia que siempre la acompaña. Saliendo del Pimienta Negra. Ya lo tiene en sus manos. Los guardias están de su lado. 

«Eso fue fácil...» Dijo a sus adentros la mujer, con ese rostro sereno. 

Todos en la taberna regresan a lo que hacían. Al único que parece preocuparle Connor, es André. Voltea a ver a Ezio encontrándolo bebiendo y riendo con la rubia de Hannah. Eynard está sentado en la mesa con Jace, conversando y riendo. No lo soporta, y va directo a Ezio, con un tirón a su brazo lo obliga a caminar hasta llegar a la mesa del otro par.

—André ¿qué sucede contigo? —Ezio con esa voz barrida.

El mencionado pasa su mirada por los tres, capturando las miradas curiosas de Eynard y Jace. 

—¿Qué acaso no lo ven? Se han llevado a un camarada.  

Eynard hace una mueca de fastidio, y Jace lo ignora haciendo como si no lo escucha, se quita los anteojos viéndolos como si fueran lo más interesante. Ezio apoya sus manos en la mesa pero no deja de verlo. 

—Eso es lo que gana...por —traga algo que quería salir de su garganta— Molestar a... —su  irritada vista cae a la mesa.
—Muy bien entonces yo lo ayudaré. 

Carga su hacha y su mosquete corto. Es Eynard quien se levanta de la mesa. 

—Yo iré contigo muchacho. 

Jace observa como Ezio empieza a cabecear de sueño, con la mitad de su cuerpo casi sobre la mesa de madera. 

—Los acompañaría, pero alguien tiene que encargarse de él —mirando al italiano— Saben a lo que me refiero. 




El fornido Eynard camina relamiendo sus labios con la ansiedad de buscar pelea para recuperar a Connor. Siempre que persiguen a un delincuente buscado, es el primero en luchar o acabar con sus vidas, como si fuera una de sus pasiones. Sigue conservando algo del soldado sádico en el. André planea hablar con los guardias, ya que son cazarrecompensas, no asesinos y, mantienen y deben mantener una buena relación con la guardia, ya que trabajan para ellos, por así decirlo. Es por medio de ellos que entregan a los delincuentes buscados, y es por medio de ellos que reciben sus recompensas. 
Paso a paso por la fría y oscura calle apenas iluminada, siguen al grupo de casacas azules. ¿Pero por que esa mujer va cabeza a ellos? Connor no deja de ver abajo. Estando más cerca, a Eynard le ganan sus impulsos y salta a querer atacarlos pero el brazo de Andre se le atraviesa. 

—No lo hagas. Piensa bien las cosas.

Nota que se han detenido y la mujer les dirige unas palabras. No alcanza a escuchar pero puede verlo. Con una seña en la mano, André le indica a Eynard que deben ponerse a cubierto. Así que optan por ocultarse detrás de un muro. 

—¿De que otra forma piensas ayudarlo? —parece que escupe la pregunta. 
—Déjame intentar algo. —asoma su cabeza para seguir viéndolos. 
—¿Y que hay de la mujer? ¿Quien diablos es? 
—No lo sé, pero la escuchan y siguen como si fuera una autoridad. Esto no se ve nada bien. Es de ella en la que sospecho. Podría arreglarlo con los guardias, pero por lo que escuche, ella quiere algo que tiene Connor, y es capaz de matarlo. También, por lo visto ella le manda a la guardia. Es con ella con quien no podré hablar. 
—Matemosla y listo —desenvaina su espada y desliza su dedo por el filo esbozando una sonrisa. 
—¿Y tener problemas con la guardia? 
—¿Entonces que sugieres que hagamos? ¡¿Quedarnos aquí parados esperando un milagro?!
—Creo que tengo una idea. Escucha bien. —voltea a verlo. 


Los guardias que llevan a Connor. Le han atado sus manos a su espalda, y lo empujan obligándolo así a seguir caminando, a pesar de que esté herido y sangrando. La lesión no es profunda pero si dolorosa. Se dirigen al fuerte Templario base, en dónde lo presentará a su maestro Haytham, 

Con cautela, el par de cazarecompensas los siguen, no queriendo llamar la atención todavía. Eynard se separa de Andre como si tomara otra dirección pero solo están llevando a cabo el plan. 
Tiempo después, casi llegan a una zona restringida, vigilada por la guardia. El fuerte base. 
Una piedra golpea a uno de los hombres de casacas azules. Justo en su brazo. Esto los pone en alerta enseguida, con sus miradas buscan al osado que arrojó la piedra. Los cuatro guardias con espada en mano empiezan a buscar a su alrededor. Dejando a Connor con Aveline quien lo vigila, y amenaza con un puñal cerca de su costado. 

—¿Dónde estás? ¡Sal de dónde te escondes cobarde! 

Gritó un guardia y en eso sale de entre los arbustos y arboles que rodean al fuerte. Eynard. 

—¡Aquí estoy idiotas! ¡Vengan por mi! —se echó a correr. 


Los soldados lo persiguen cayendo fácil. Solo corre para desviarlos y conducirlos a un lugar mas seguro, sin guardias ni testigos. No muy lejos de ahí. Y en ese espacio,repleto de arboles y nieve, es donde se encargará de ellos. Evadiendo sus ataques, logra cortarle el cuello al primero con su espada. Recibiendo una corta estocada en su espalda y aunque este sangrando un poco. Le entierra su acero en el estomago a otro. Agarrando a otro más, lo impacta en el tronco de un árbol, y le tuerce el cuello. Se agacha dejando que la espada, del ultimo guardia se entierre en el tronco, para clavar su puñal en su garganta. Terminando con las vidas de los cuatro hombres. 
Agotado y riendo entre dientes, al verse bañado de esa sangre ajena que le ha salpicado. Contempla los cadáveres mientras soporta la molestia en su espalda. 

André a intentado noquear a la mujer de piel oscura, pero ha fallado. No se lo esperaba. Que ella fuera más hábil. Ha terminado a sus pies siendo amenazado por un mosquete corto. La dama inalterable no deja de verlo. Ni de apuntar a su frente. 


—Esa fue una mala idea. —dice la mujer. 


Connor con esfuerzo trata de sacarse la soga que ata sus manos, pero no puede. Solo se acerca a la espalda de Aveline arrugando el ceño. 

—No tienes porque hacerlo. Al que quieres es a mi ¿no? 
—Si. —enfocándose en André, que no muestra una pizca de miedo— Vete ahora mismo, o despídete de tu vida. 

André ha medido su fuerza y la habilidad de la chica, no tiene oportunidad con ella. ¿Quién es? Pero por lo menos debe liberar a Connor. Tras unos segundos llega Eynard riendo. 

—Fue pan comido, André. —sus facciones se endurecen al notar que la chica sigue ahí. 
—¿Otro más? Les he dicho que se larguen. 

Quizá sea inútil, pero Andre fija su vista en ella para decir...

—¿Por qué te llevas a Connor como si fuera culpable de algo? El no te lastimo, si no al contrario, tú a él. 

Connor ha dejado de sangrar pero le sigue ardiendo esa herida. No es un dolor insoportable. 


—Cállate. 


Masculla Aveline y le da un tiro en la cabeza. Una gota de sangre brota del orificio y se le escurre por la cara. Andre cae a la nieve sin vida. Connor y Eynard se exaltan. 




—Lo haz matado ¡¿Por qué?! —reclama furioso el nativo. 



La ira se refleja en su rostro, y forcejea la soga de sus muñecas. Un instinto se ha encendido dentro de él. 



Muy tranquila Aveline prepara otra carga en su mosquete corto. No pronuncia palabras. 

Eynard como una fiera se va contra ella con su espada en alto. Aveline salta a un lado, y sujeta su brazo doblandolo a su espalda, golpea su corva y lo tumba al suelo presionando con su zapato un punto preciso en su cuerpo, para inmovilizarlo. Sosteniendo la espada de Eynard.

—Eso es para que me escuchen, cuando les digo que se vayan. —mira a Connor con el rabillo de su ojo— Todavía tienes oportunidad de decirme, en dónde escondes el fruto. Si me lo dices, le perdonaré la vida a tu amigo y te dejaré ir. 

Connor, controla su ira pero no relaja sus facciones. Puede ver al fallecido André en la tierra y como Eynard parece desesperado bajo el peso del pie de Aveline, oponiendo resistencia y apretando sus dientes. 

—No sé que poder tenga ese objeto, tampoco sé porque ustedes lo desean tanto. ¿Para qué? Pero..., es claro que no es para nada bueno, ni justo.

Hay silencio, solo se miran mutuamente mientras Eynard sigue luchando. 

—Te pareces mucho a esa mujer que atacó mi aldea. —continúa Connor— Quien peleo con mi amigo, y también conmigo.


Eynard emite un largo gruñido con su mandibula tensa, poniéndose rojo de la cara, y con su fuerza se levanta de repente derribando a la mujer. Ese vestido largo y medio esponjado no le ayuda mucho a enfrentamientos. Así que apenas se incorpora cuando una hacha grande se encaja en la tierra cerca de su cabeza. Mala puntería de Eynard, que ante ella ha tomado el hacha de André para atacarla. Gruñendo golpea con el filo intentando cortarla pero Aveline sin poder ponerse en pie con facilidad, se corre para esquivar los hachazos y aprovecha lo que tarda en levantar la pesada arma para moverse y golpearlo en su abdomen bajo. Eynard se tambalea y ella logra incorporarse y le arrebata el hacha arrojándola lejos se incrusta a un tronco de un árbol.  

A Connor le gustaría ayudar a Eynard, antes no quería matarla, ni siquiera herirla, pero ha visto de lo que es capaz, ha visto en ella la misma maldad que aquella mujer...ha matado a Andre, eso lo ha llenado de ira. Se siente tan inútil y sufre por no poder hacer nada mas que mirar. 
Aveline con espada en mano encara a Eynard, y en un movimiento el coge su daga y chocan los aceros, rozando los filos. Es un engaño, de su otra mano la mujer saca su hoja oculta y la clava en su costado, no en un punto vital. Brota una mancha roja, pero sigue en pie y se llena de furia ¿Como una mujer va a vencerlo? Eso jamás. Expulsando aire de su nariz con rabia. Observa fijamente a Aveline.

—Será mejor que te rindas.

El hombre furioso se lanza a ella intentando apuñalarla, y la mujer toma distancia evadiendolo hasta que el filo rasga su manga verde, y rompe la tela de su pecho, saliendo ese liquido rojo. Aveline libera un quejido y se toca la herida del pecho sin bajar la guardia. El no se detiene, quiere matarla, ella con su hoja oculta golpea su cuello antes que pudiera herirla más, jadeando ve como el hombre de facciones toscas y sombrero de soldado inglés, cae de rodillas, luego pega la frente al suelo. Saliendo borbotones de sangre de su cuello, que forman un charco de sangre en la blanca nieve. 
Temblando un poco por el dolor de sus heridas que seguro dejaran cicatrices. Aveline voltea a ver a Connor. Quien le clava su mirada cargada de desprecio... quiere matarla. En un momento pensó en arrojarse sobre ella e intentar patearla, pero sería ridículo.
En tanto Aveline, tiene que cuidarse de Connor, ese tipejo la ha herido, nunca creyó que pudieran tocarla, todo es por culpa de ese vestido que es como un estorbo. 
Los copos de nieve vuelven a caer del oscuro cielo. 

—¿Qué haz hecho? —pregunta el nativo con intensidad en su voz. 

Tira la espada y con su mosquete lo apunta. 

—Solo sigue caminando. 
—No.

Sigue forzando las cuerdas que amarran sus manos a su espalda. 

—¡Ya haz visto lo que le ha pasado a tus amigos! ¡Sigue avanzando si no quieres terminar de la misma manera!

Su fuerza ha aflojado un poco mas las cuerdas, lo suficiente para deslizar sus manos y liberarse. Con su mano porta su Tomahawk.

«Ha asesinado a Andre y Eynard. Tiene que pagarlo» 

Exclamando un largo grito avanza hacia ella y Aveline abre mucho sus ojos. El sonido de un disparo que falló... La Tomahawk corta el mismo brazo ya lesionado, su hombro, su abdomen. Aveline cae a la nieve con un profundo ardor en su cuerpo, la falda de su vestido se levanta dejando sus piernas al descubierto. Connor quiere arrebatarle su vida... pero Aveline se mueve para intentar incorporarse, muy tarde... el joven golpea con su Tomahawk sus piernas. Aveline suelta un alarido. Se arrastra, tiene que huir. El nativo es muy brutal, es muy salvaje y está cargado de ese odio. Quizá fue un error matar a sus camaradas, pero ya esta hecho. 
Es muy lenta, fácilmente puede matarla pero...algo viene a su mente. 


Viéndose en sus recuerdos, abriendo el pecho del padre de Charlotte, y extrayendo su corazón sangrante. Teniéndolo en su mano. Sus ojos captaron a alguien en la puerta, que observaba, era Charlotte. Esa cara de horror. El sentimiento de dolor, el arrepentimiento que cayó sobre el con el peso del mundo. 
Queda estático, viendo como la mujer por su vida se esfuerza en arrastrarse mientras va dejando un rastro rojo en la nieve. Rojo... como sus manos al verlas después de que entregó el corazón del padre de su amiga. Rojo...como el cabello de Charlotte. 
No es un asesino. El...no es así. Toma aire y guarda su Tomahawk yendo a recoger el cuerpo de André primero. 


Casi es media noche y a las cuidades Boston y Nueva York, las cubre una lluvia de copos de nieve. 
Gracias a la ayuda de un par de guardias que la encontraron llegando a la puerta del fuerte. Aveline puede llegar a su maestro. Antes de atender sus heridas quiere ver a Haytham. Ya no trae su sombrero verde con plumas negras. Deja ver su esponjado cabello negro. Y no le importa presentarse ante su maestro con su vestido sucio y algo roto. Desangrandose. Debería sentirse avergonzada, conoce bien a su maestro, pero de alguna forma, por más tonto que parezca, está buscando comprensión, consuelo, calor. Sí, tal vez lo busca en el lugar equivocado, pero no tiene mas refugio. 

—Maestro... 

Lo llama con su voz débil, descansando en la puerta apoyada en la pared. 

—Lo encontré. —prosigue— Encontré al nativo. 

En su escritorio lleno de papeles, libros y con unas velas encendidas. Haytham suspende la escritura en su diario para prestarle atención. 

—¿Y...? ¿Dónde está el fruto? 
—Tuve problemas. Sus amigos vinieron a ayudarlo. Me dejaron sin guardias, luego yo los mate a ellos. Pero...el nativo, no sé como se liberó pero lo hizo, y usted sabe que no puedo matarlo sin su concentimiento, casi me deja sin vida.
—¿Te dijo en dónde se encuentra el fruto de Eden? 


Deja su asiento y camina lentamente hacia ella. 

—No, es muy necio. 

Haytham exhibe una sarcástica sonrisa. 

—Qué maravilla. Yo me encargue de informarme en dónde solían verlo. Yo mismo fui quien te dejo a la puerta del sitio que sabia que frecuentaba. ¿Y tu lo encontraste? Vaya... —ensancha su sonrisa. 

Hace un alto frente a ella. Con sus manos atrás formalmente. Y con frivolidad detecta sus heridas. 

—Lo único que debías hacer era conseguir información del fruto y ni eso pudiste hacer. —le da una bofetada— ¡Eres decepcionante Aveline! —entre cierra sus ojos viéndola directamente— Si Sigues así, no me quedará mas remedio que hacer yo mismo el trabajo. Y puedo matarte si quiero. 

Sus ojos se humedecen, pero jamás derramaría lágrimas. Tocándose su mejilla lo mira y asiente. 

—Pido que me perdone. 
—¿Cuantas veces? —hace una pausa— Esta es la última oportunidad que te daré.


Ordenando su mente la chica recuerda. 

—Hay alguien que, parece estar interesado en mi. Y me ha prometido que me ayudará, el hará que el nativo le diga la ubicación del fruto. Lo conoce, parece que siempre están juntos.

Haytham ríe por dentro y se fija en ella. 

—Y tu le haz creído ¿no? 
—Le exigiré que me ayude. El puede servirme, estoy segura. —su rostro ha cambiado a uno determinado. 
—Eso espero. 

Regresa a su escritorio. Aveline se retira y en el pasillo pierde fuerza por el dolor y se cae a la alfombra. La sirvienta de Haytham la encuentra y se espanta corriendo a ayudarle. 

—¡Señorita Aveline! ¡¿Qué le ha pasado?! ¡Rápido traigan a un medico! —vocifera alterada. 


No pueden acusar a Connor de nada. Eso lo llevaría directo a la horca y él es el único que sabe en dónde está esa pieza tan valiosa que desean los Templarios. 


Es otro frío día, sin sol. Casi una semana después de lo ocurrido. Ya han enterrado dignamente a Andre y Eynard. Ezio se siente mal por no haber estado ahí, aunque su rostro no lo exprese. Ahora solo son él, Connor y Jace. Tres cazarecompensas para dos ciudades. 
Jace los acompaña a pasear por las calles de la cuidad a caballo. Aprovechan para echar un vistazo y así buscar a sus futuras recompensas. Connor sigue abatido por la perdida de ese par. Su herida esta en proceso de curación, según el medico no es grave y solo tardara un poco en cicatrizar. ¿Pero quienes son los Templarios? ¿Y que es lo que quieren? Todavía guarda muchas preguntas. Por eso se ha mantenido callado, mas de lo usual. Por otra parte Ezio recuerda poco, solo puede acordarse de la promesa que le hizo a la hermosa mujer y algo sobre una pelea. Pero es Jace quien se encarga de contarle casi todo. 

—Qué frío esta haciendo ¿no creen? —se estremece Ezio. Mira de perfil a Connor de jinete— Entonces eso llamado fruto del Eden ¿Qué es Connor?

No responde.

Al menos intentó preguntar. Ezio necesita saber de ese fruto, si quiere impresionar a Aveline. Pero no será nada fácil, y mucho menos ahora. 
Pasando por la plaza mayor, con esos ojos distingue en el mercado a una mujer, no, varias mujeres preciosas, pero esta atrae mas su atención al ser pelirroja, solo había visto a tres de ellas, pero una era mucho más joven y las otras más viejas. Ella sostiene una canasta y frota sus manos para darse calor mientras busca que comprar. Aunque tenga ese gorrito en su cabeza sabe que su cabello bien trenzado es rojo. 
Tira de las riendas y desmonta su caballo. Connor y Jace detienen sus caballos también. 

—¿A dónde vas Ezio? —pregunta Jace ajustando sus anteojos. 
—En un momento vuelvo caballeros. 

Se marcha y Connor se dispone a seguirlo. Jace se queda a esperar, pero baja del caballo para sentarse en una banca a fumar un cigarro. 
El joven y apuesto italiano se adentra a la muchedumbre del mercado, a lo lejos se puede ver las velas de los barcos, que desembarcan cerca de ahí. El olor a pescado fresco, cereales, carne, y diferentes aromas se mezclan. 

—Buenas días señoritas —saluda a un par de chicas.

Ellas ríen cubriendo sus labios, algo ruborizadas. Tal parece que lo conocen. Connor ha empezado a sospechar de él, y es por eso que lo esta siguiendo. Ezio trajo a Aveline hasta él, y de los tres es el más tranquilo desde aquel día, como si realmente no le importó la muerte de sus amigos. También vió que le susurraba algo al oído de esa mujer. 

Las voces de los pregoneros anunciando los diversos productos en venta, y el murmullo de las personas lo invaden. 
Ezio llega con una mujer que se detuvo a ver unos tejidos que vende una señora. 

—Esos tejidos están muy bien hechos. —acaricia su brazo— Veo que su vestido también, le queda bien. —mirándola seductoramente— 

Charlotte se encoje de hombros y da un paso atrás, enmudecida, nunca un hombre la había tocado así. Además tiene que evitar el contacto con alguien desconocido. No puede confiar en nadie, es una ladrona y una muy buscada, aunque este vistiendo como todas las mujeres de la ciudad, puede reconocerla o eso teme. 
Connor está estático y boquiabierta. Ella tiene ese collar en el cuello. Ese collar de tres colmillos de lobo que solo le ha regalado a una persona, curiosamente es mujer y también tiene el pelo rojo. Puede reconocerla, esos ojos verdes, ese fino rostro, esa blanca piel. Sin duda es... 

—¿Charlotte? —pronuncia con voz insegura pero fuerte. 










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viernes, 22 de agosto de 2014

La Bruja y el Ángel mestizo [Capitulo 12]








                        Capitulo-12











Con éxito. Connor, Ezio y el resto de cazarrecompensas aliados, entregan al malhechor a la guardia, recibiendo su merecida recompensa. André felicita y agradece a Connor, los demás solo quieren festejar, volviendo a la popular taberna a beber y beber cerveza, reír y conversar acompañados de mujeres.
El joven nativo se siente algo contento al ver a todos felices, y sabiendo que ha ayudado capturando a uno de los buscados. Pero aún tiene algo pendiente, ese pendiente que no lo deja relajarse del todo. La mujer de cabello rojo, la asesina, tiene que…

—Eh Connor, ¿porque no vienes a jugar un poco?

Le habla André, encapuchado, solo puede ver su sonrisa y esa barba corta, en la otra mesa más pequeña. El hombre que había estado jugando con él se ha ido insatisfecho tras la derrota. Rara vez, André pierde un juego.
Connor con algo de confianza se acerca y voltea la silla de madera para sentarse, quedando el respaldo enfrente donde puede apoyar sus brazos.

—Nunca he jugado. ¿Cómo es? —fijándose en el tablero de la mesa.
—Es fácil, vamos yo te enseñaré.

De todo el grupito de cazarrecompensas, él es el más amable, al que a Connor parece agradarle más. Por este momento quiere vaciar su mente de esos pensamientos, controlar su sed de venganza, y tratar de llevarse bien con todos.







Un mes, ha pasado un mes. De búsqueda, de desafíos para Connor. Gracias a él, los cazarrecompensas han atrapado a los rateros buscados por la guardia. Tachando los retratos del muro en el sótano de Aquiles. Han limpiado la ciudad, pero todavía siguen faltando esos dos. La ladrona asesina, y su amigo el asesino. Son los únicos retratos que faltan por tachar. Y el solo verlo a Connor le retuercen las entrañas, pero sabe que está cerca, puede sentirlo.

Por otro lado, Garrett también sigue en su búsqueda del líder de los templarios asentados en tierra americana. Tiene que enfocarse solo en asesinar al mandamás, ya que solo hay un Asesino en todo Boston y Nueva York, y es él.  Ha pensado en reclutar Asesinos, para formar una hermandad pero, no hay tiempo, tendría que entrenarlos, y no puede dedicarse a eso. Ya conoce el nombre del líder, por su cuenta lo ha descubierto, usando el método que usó el maestro Altaír; Interrogando a sospechosos.
Haytham Kenway.
De la única persona, en quien puede confiar y sabe que tiene su apoyo; es Charlotte. Aunque ella siga negándose a asesinar, aunque su ayuda no se haya visto, sabe que es un apoyo.

Durante la noche, Charlotte entra por la ventana del segundo piso de la casa del señor August como acostumbra, nunca se permitiría ser vista entrando por una puerta. Alguien puede verla. Adentro, baja su capucha marrón viéndose su cabello rojizo bien recogido y trenzado, se quita esa mascara que cubre le cubre hasta la nariz, dirigiéndose hacia la planta baja donde encuentra solo a Garrett, recargado en una pared cruzado de brazos, vistiendo su túnica blanca de Asesino, pero ha bajado su capucha y puede verse su cabello castaño corto, con el símbolo del gremio de cinturón también ha dejado su armamento en una mesa. Está contemplando la nocturna nevada a través de una ventana.

—¿Saliste a robar con este frío? —dice Garrett sin moverse.
—Tengo que hacerlo. —queriendo reír.
—He descubierto el nombre del líder de los templarios. Es Haytham Kenway.

Fijándose en ella medio sonriente, camina lentamente para darle la cara.

—Qué bien. ¿Dónde está el señor August? Necesito bombas de humo, algunas flechas y veneno. —con su mirada busca a su alrededor.
—Charlotte.
—¿Qué pasa?
—¿En verdad te interesa ayudarme? —viéndola con esos ojos azules y perezosos.
—¿Por qué lo dices? —con un gesto interrogante.
—Nunca me prestas atención cuando te hablo. Y, parece que solo te preocupas por ti, no me has ayudado en nada.
—Garrett ¿Qué pasa contigo? Antes… no te importaba todo ese conflicto entre Asesinos y Templarios. Aún me parece extraño que te intereses tanto en ello.
—Habíamos acordado algo. Yo te ayudaría a ocultar tu identidad, te enseñaría a defenderte, a pelear, y tú…
—Lo sé, pero tengo que robar también. Aunque no quiera hacerlo.

La chica camina hacia la mesa de madera, que en su centro tenía  una vela encendida y unos papeles. Toma lugar en la silla.  

—Sabes que estoy cansada de esto. Sigo intentado averiguar que sucedió antes de que Miryam me encontrara. —observa la pequeña flama de la vela.
—Charlotte esto es más importante. Los Templarios…
—Ya me has dicho lo que son y lo que pueden llegar a hacer.

A Charlotte, le viene el recuerdo de sus visiones. Visiones que ha estado guardando, quizá sea oportuno revelarlas, probablemente así lo ayude en algo. Tal vez se esté arriesgando, puesto que Garrett posiblemente ya no la vea de la misma manera ¿Qué pensará sobre ella? Cuando se entere que tiene visiones.

—Sabes, creo que sé dónde encontrar el fruto del Edén.

Despierta interés en el joven Asesino, que se aproxima lentamente tomando lugar frente a ella en esa mesa.

—¿En serio?
—Sí, pero…no sé si puedas creerme. —se pone seria.
—Tú solo dime.
—He tenido visiones, dónde veo una casa en una colina por el bosque, cerca de esa casa hay una sepultura, por ahí está enterrada una caja dónde se esconde el fruto. Así lo he visto.

Incrédulo la observa, desviando su vista como con fatiga. Piensa que quizá lo está inventando por que le ha dicho que no le ha brindado su ayuda. Por lo tanto no le cree, y volviendo a ver sus ojos…

—¿Visiones Charlotte? ¿Cuándo las tuviste?
—Hace ya tiempo pero, no había querido decirte porque… —baja su mirada.
—No sé, mejor seguiré buscando por mi cuenta. Ahora… iré a dormir.

Bostezando estira su espalda y brazos poniéndose en pie, encaminándose a las escaleras.

—¿Y qué hay de mi material? —lo sigue con su mirada.
—Ven a buscarlo mañana. —dice sin ganas.

«Sabía que no me creería… »Dice para si en su interior y suspira.




Los únicos que quedan por encontrar son al Asesino y la mujer pelirroja. No los habían visto. Aunque Ezio y sus aliados ya han perseguido a la ladrona tres veces sin tener éxito. Connor no ha tenido la oportunidad.
Como casi a diario por la noche, van al Pepper Black a beber y pasarla bien. Y el nativo empieza a adaptarse al ambiente, aunque no acepte ponerse ebrio, ni todas las costumbres que tienen, puede estar con ellos.

Un hombre barbudo y fornido va hacia la mesa de Ezio y los demás. Connor y André están algo apartados jugando una ronda en el tablero del Molino de Doce.
El sujeto con su palma golpea la mesa de Ezio capturando las miradas de todos.

—¡Eynard! ¡Págame lo que me debes maldito bastardo! —gruñe mirando con esos enrojecidos ojos al mencionado.


Ezio sonríe divertido, sabe lo que viene, una pelea. Todos están ebrios excepto Connor y André, quienes observan desde lejos haciendo una pausa en su juego.

—¿Qué pasa? —pregunta Connor frunciendo el ceño.

A Connor no le había tocado presenciar lo que suele pasar con Eynard, siempre está metido en problemas, al igual que Ezio.

—Ignóralos. —contesta André haciendo una movida en el tablero.


Cuando vuelve a ver, el sujeto le ha tirado un golpe en su cara  a Eynard, a quien parece que su rostro se incendia, lo afrontándolo truena sus nudillos y se prepara para pelear con él, todos los hombres en la taberna comienzan a rodearlos para disfrutar del pleito, con júbilo gritan y animan para que inicien.
A Ezio también le encanta pelear, pero ahora mismo está con unas mujeres muy hermosas, que aleja de la situación llevándolas afuera, parece que se las llevará a otro lado para divertirse con ellas. Jace queda tranquilo fumando en la mesa en dónde hay una botella de cerveza a medio terminar, botella que el hombre barbudo agarra para romperla a la mitad y usarla como arma contra Eynard.
Mientras Connor hace un esfuerzo por ignorar el borlote jugando con André. Afuera del Pepper Black, Ezio mareado y algo desequilibrado, iba abrazando de sus hombros a dos chicas, y las hacía reír. Cuando sus ojos captan a una mujer de vestido verde y un sombrero, luciendo muy elegante, quien hablaba con otro hombre de sombrero de tres puntas y un traje muy inglés. Apunto de subir a un carruaje. A pesar de su media embriagues Ezio puede identificarla, reconocerla, claro, ese color de piel… ese inconfundible porte, sin duda es esa mujer hermosa. Aveline de Grandpré ¿Qué hace con un viejo inglés? Espera, ese hombre la ha tocado de su barbilla y se acerca a decirle algo al oído. Su visión no es tan clara pero puede verlo.

—Lo siento chicas tengo que irme. —con voz barrida se aparta de ellas y se inclina como reverencia— Que pasen una linda noche, bellezas.

Las mujeres interrogantes se miran entre ellas y se van dejándolo solo. El joven italiano camina lentamente y balanceándose un poco hacia la mujer que el hombre acaba de abandonar en la calle. El carruaje se va, y ella mira el suelo.

—Aveline… —levanta su voz  llegando a ella.

Ella puede recordar ese rostro, es ese molesto chico que no pudo ayudarla. Sin prestarle atención sigue una dirección cruzando la calle. Caen copos de nieve suavemente, las calles están casi vacías.

Su maestro la ha humillado, ya que él se encargó de averiguar sobre el joven nativo, le han dicho que lo han visto en una taberna, así que le ha pedido que busque en las tabernas pero ella se rehúsa a hacerlo, esos sitios simplemente no son propios de una dama.

—¡Oye! ¡Espera! ¡Por favor!

Suena algo borracho. Aveline detiene sus pasos, este tipo puede servirle  de algo, seguro el conoce mejor las tabernas que ella, así que gira en sus talones para mirarlo de pies a cabeza con desaprobación. No le inspira nada de confianza pero no le queda otra opción.

—¿Qué es lo que quieres?
—Me…gustaría —eructa cerca de ella.

Con una mueca de asco, Aveline da un paso atrás, ese olor a alcohol era tan desagradable.

—Hablar un poco contigo. —termina.

Sus ojos a pesar de estar irritados, eran profundos, encantadores, el verlos directamente hace ruborizar a la chica, que gracias a su piel no se distingue. Vaya sí que tiene encanto, por algo es un mujeriego.
Tiene que aprovechar esta oportunidad, es posible que esta noche encuentre a ese nativo que la ha tenido buscando durante meses.

—Está bien, pero antes, necesito que me ayudes en algo. —levanta su vista.

Ahí enfrente de ella está una taberna, con el nombre expuesto “Pepper Black”. Es evidente que su maestro es muy listo y la ha dejado a la puerta de un sitio así para que pruebe su suerte. Siempre se está burlando de ella.
No tiene miedo de entrar a ese lugar, puesto que  es una Templaria, con el mejor maestro, sabe defenderse muy bien, incluso puede matar a más de seis hombres si así lo quiere, pero el solo pensar en entrar en ese sitio otra vez, le provoca una sensación desagradable en su estómago, como tener deseos de vomitar.

—Estoy buscando a un nativo. Dicen que suele concurrir una Taberna.

De entre sus pechos saca un papel doblado. Lo extiende y se lo muestra. El retrato de Ratohnhaketon. Ezio entrecierra sus ojos viéndolo con atención, sabe que es Connor, no hay duda.

—Lo conozco sí.

Con una sonrisa pícara la observa, se acerca más a su rostro y con sus dedos toca su barbilla.

—Pero si te lo digo. ¿Qué me darás a cambio? —susurra intentando seducirla a pesar de su embriaguez.


Se escucha el chasquido que hace su hoja oculta al salir. De esas hojas ocultas que los Templarios han robado a los Asesinos que derrotaron, y ahora poseen.
Le da un empujón apartándolo de ella, y en un movimiento lo sujeta de su abrigo tocando con el filo de su hoja su cuello

—No me mientas, si lo haces te mataré. —masculla.



Termina llevándola adentro de la Taberna en dónde se había recuperado la “tranquilidad” Y ahora los hombres beben y ríen en sus respectivas mesas, mientras conversan.  Un grupo de músicos se ha puesto a tocar sus instrumentos para alegrar el ambiente. Y Eynard con un ojo morado y una gotita roja saliendo de su nariz, está con Jace tomando cerveza. Todo indica que la pelea ha pasado, y ya no hay señales del hombre que lo enfrentó. 
La elegancia con la que viste Aveline atrae las miradas de algunos hombres, lo que le incómoda de sobremanera. Ezio a su lado la escolta hasta la mesa dónde jugaba Connor con André todavía. Ella detecta al joven nativo que aunque lleve otras prendas  diferentes a las que recuerda, sabe que es él.

—Connor te presento a…

Empieza a presentarla. Cuando Aveline lo aparta con su mano, y clava su mirada en el nativo.

—Buenas noches. Soy  Aveline de Grandpré. Y me gustaría hablar contigo.
—¿En qué puedo ayudarte? —se levanta de su asiento Connor. Dejándola a la altura de sus hombros.

Ya es más alto, y sus músculos han crecido, hasta su voz es más grave. La última vez que lo vio estaba a su misma altura, pero ahora…

—Sé que tienes el fruto del Edén, y quiero que me lo entregues. —dice en una voz más baja— Si no me lo entregas, te mataré.

Ni André ni Ezio saben lo que sucede, solo observan.

¿Fruto del Edén? El recuerdo de la aparición de aquel “espíritu” viene a la mente de Connor. Está hablando de ese tesoro que ha escondido bajo tierra. Viéndola a los ojos, puede leer que sus intenciones no son buenas, tal y como le dijo el espíritu, que tenía que protegerlo de los Templarios. O algo así. También recuerda esa noche en que fue atacada su aldea, esa mujer ladrona y asesina también quería arrebatarles ese tesoro. Pero ella no puede ser esa mujer, ya que sabe que es pelirroja y ella, es de tez y cabello oscuro.

—¿Por qué quieres el fruto? ¿Cuáles son tus intenciones? —inquiere arrugando el ceño.
—Connor —interviene Ezio— No le hables así a esta encantadora mujer, solo dale lo que te pide.
—No. —responde.
—Te lo advertí. —dice la mujer y saca su hoja oculta para matarlo.

Connor capta el sonido de su hoja oculta, al ser cazador su oído es muy sensible. Y antes de que pudiera enterrarle el acero detiene su mano y mira sus ojos. Deduce que puede conocer a la mujer pelirroja, ya que las dos quieren lo mismo: El fruto del Edén. Por lo visto son asesinas. ¿Pero porque ella no es buscada? ¿Quién es?

—¿Conoces a la mujer que atacó mi aldea? ¿Son aliadas? —indaga el nativo sin soltar su mano.


En vista de que el nativo no cedería, Aveline con su otro brazo libre lo golpea en la cara, y con un rodillazo en su entrepierna logra debilitarlo para así librarse de él. Aprovecha para rasgarle el pecho con su hoja. Connor deja escapar un quejido de dolor. Está armado, pero no quiere lastimarla, ni pelear con ella.
De nuevo se reúnen todos los hombres para ser espectadores del conflicto. Los músicos no paran de tocar.

Al involucrar una mujer, llama la atención del Señor Johnson y su hija Hannah. Que desde la barra pueden divisarlo.

—Es una mujer padre.
—¿Pero qué? Esto nunca había pasado. Ya hubo una pelea no toleraré otra más. —dice el señor de pelo y bigote blanco.
—¿Y si la chica resulta herida? Mejor llama a la guardia. —sugiere su hija de grandes pechos.


André intenta retener a Ezio para que no se meta, ya que sabe que es muy problemático pero el italiano se suelta y va hacia Aveline.

—No deberías hacer esto adentro de una Taberna es peligroso. Ven aquí. —intenta tomar su mano.

Pero ella lo empuja con su mano alejándolo de ella.

—Vete, esto no te incumbe.

Ezio queda boquiabierta, sí, en efecto nunca había conocido a una mujer tan intensa en su vida. Se limita a contemplarla.

—Solo quiero que me des el fruto del Edén —habla la mujer en voz alta concentrándose en Connor.
—No lo tengo. Y no me has dicho porque lo quieres. ¿Por qué lo quieren ustedes los Templarios?¡¿Fueron ustedes los que atacaron mi aldea?!
—Eso no te importa. Yo sé que lo tienes.


Saca su mosquete corto y lo apunta con él. Da pasos lentos acercándose cada vez más.

—Sabes dónde está ¿no? Si no me lo dices te volaré los sesos. —poniendo el cañón cerca de su frente.

Todos los hombres del lugar reían, y parecían divertirse con el conflicto. Animaban a Aveline para que peleara contra Connor. A ella no le importa el escandalo ni que sean el centro de atención. Entonces el nativo con agilidad retira el mosquete corto y aprieta su muñeca para que lo soltara y cayera al piso. Se ve obligado a usar su Tomahawk para amenazarla en su cuello.

—¡Y tú, sabes dónde está esa mujer que atacó mi aldea! ¡¿No es cierto?! ¡Dime dónde está! —aprieta sus dientes, alterado.

La tela de su pecho se ha manchado de rojo, pero puede soportar el dolor. Aveline no se mueve, ni expresa nada su rostro. Entierra la punta de su hoja en el costado de Connor, solo para quitárselo de encima. No es conveniente matarlo, es el único medio que tiene para llegar al fruto del Eden. El joven se queja del dolor y retrocede tocando su herida y con una mueca de sufrimiento la observa.

Ezio se aproxima a Aveline para susurrarle al oído.

—Calma preciosa, déjalo así. Yo te ayudaré. ¿Quieres que Connor te diga dónde está esa cosa llamada fruto del Eden? Bueno, yo haré que me diga algún día, pero por favor déjalo. Confía en mí.
—¿Por qué confiaría en ti? —dice viéndolo con el rabillo de su ojo.

La sugerencia del italiano no sonaba tan mal. Quizá pueda ayudarla, ya que tal parece que lo conoce. Precisamente en ese momento llega un grupo de guardias, que se abren paso entre la multitud. Y al ver a Aveline le sonríen con complicidad, van por Connor. Dos guardias lo agarran de sus brazos y lo alzan, aunque estuviera encorvado del dolor.

—¡Yo no la he lastimado!. —reclama molesto al ser arrestado— ¡No he hecho nada!.
—Claro que sí. Ahora guarda silencio, o te irá peor.






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